miércoles, 28 de octubre de 2026

La casa de Joaquín Sorolla


 

El Museo Sorolla presenta la exposición, TRAS LA CASA DEL ARTISTA. ARQUITECTURAS DEL MUSEO SOROLLA (1905-2026), que nos descubre la historia de la casa del famoso artista desde su construcción hasta la actualidad, tras la finalización y apertura de su ampliación hacia la calle Zurbano, mientras se restaura el edificio antiguo. Un proceso que corresponde a dos fases, la de la ampliación, ya concluida, y la de la rehabilitación de la antigua construcción y jardines. La muestra, así, se desarrolla en los nuevos espacios construidos por el estudio del arquitecto Nieto Sobejano con amplia experiencia en la adaptación de antiguos museos. Supone una intervención sustancial que moderniza, optimiza los espacios y provee de nuevos servicios para la conservación y exhibición de las obras de arte, así como el flujo de visitantes. Una intervención arquitectónica que se inspira en el jardín, el patio andaluz y los estudios del pintor, los entornos memorables de la Casa Sorolla, que apuestan por la luz natural y la similitud conceptual entre ambos.



Al principio, a modo de introducción, la exposición nos informa de la evolución de la Casa Museo en una línea del tiempo, desde la compra de los terrenos, la construcción, la muerte del artista, el legado de la mujer al Estado, la apertura al público en 1932, y las sucesivas reformas del edificio. En el mismo espacio observamos una puerta ahora cerrada por un cristal que será la comunicación entre el antiguo estudio del pintor y los nuevos espacios. El recorrido de la exposición se inicia con el proyecto y construcción de la ampliación del estudio Nieto Sobejano, incorporando maquetas y planos; un proyecto que arrancó con el concurso para su realización en 2016. Después, nos podemos informar de la historia de la antigua casa, que se inicia cuando Sorolla, tras ser reconocido internacionalmente, compró el solar en 1905 para construir una casa-taller como hicieron otros artistas de aquella época, según el modelo de hotel-estudio. Su construcción se la encargó al afamado arquitecto Enrique María Ripollés, según consejo del escultor Mariano Benlliure. Un refinado retrato del arquitecto, pintado por el mismo Sorolla, se puede ver en el recorrido.



Los planos de la casa fueron ideación entre el arquitecto y el artista valenciano. Las obras comenzaron y en 1910 y terminaron a finales de 1911. Durante este tiempo, Sorolla no se encontraba en el país, y siguió la construcción mediante correspondencia, generando una rica documentación. También, posteriormente, se encargaría del diseño de los jardines, inspirado en los de la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla, espacios fundamentales para servir de entorno como de trabajo. A ello se uniría, la decoración interior de los muros, techos y suelos de la vivienda. El recorrido termina con el proyecto de rehabilitación de la casa-museo, hoy vacía, a través, de las fotografías y vídeos inspiradores de José Manuel Ballester, Jonás Bel y Fernando Maquieira, con el objetivo de renovar la instalaciones y dotarlas de sistemas de control medioambiental, para una mejor conservación de los bienes culturales; no sin antes mostrar documentos de su importante archivo, que atestiguan las intervenciones llevadas a cabo a lo largo de su historia en el edificio de la familia Sorolla García y la institución museística, en las que sobresalen las del arquitecto, Francisco Pons-Sorolla, el único nieto que conoció el artista, y del que se conservan fotografías de niño juntos.



martes, 27 de octubre de 2026

El Guernica en campaña electoral



El Guernica pintado por Pablo Picasso en 1937 tras un encargo del gobierno de la Segunda República para formar parte del pabellón español en la Exposición Internacional de Paris de ese año, cobra hoy plena actualidad. Sabemos que fue pintado en recuerdo de las víctimas del salvaje bombardeo de la ciudad vasca por la aviación nazi e italiana en apoyo al ejército franquista en una nueva táctica militar sanguinaria que sería puesta en práctica luego en el conflicto mundial. El cuadro de artista malagueño presenta la poderosa simbología de mostrar los horrores de la guerra y sus devastadoras consecuencias en forma de víctimas inocentes. Fue pintado en tiempos oscuros, cuando los regímenes totalitarios no respetaban las leyes internacionales, ni los derechos humanos, sino la ley del más fuerte. 



Tras la Segunda Guerra Mundial, se creó un nuevo orden en el mundo bajo la protección las Naciones Unidas basada en los derechos humanos y la coexistencia pacífica. Sin embargo, hoy parece que vuelven aquellos tiempos por la guerra interminable y arbitraria de Ucrania en la que está comprometida toda Europa Occidental; el conflicto de EEUU e Irán; y el genocidio de Gaza. Por ello, El Guernica, adquiere de nuevo, si alguna vez lo perdió, nueva vigencia. Su poderosa simbología contra el horror de la guerra, ha inspirado las acciones políticas y las decisiones de no favorecer conflictos arbitrarios y sumamente dañinos para la Humanidad. Así, nos lo recuerda el presidente del gobierno, Pedro Sánchez con motivo de la campaña electoral en un vídeo grabado en el Museo Reina Sofía donde se conserva la obra emblemática de Pablo Picasso como expresión y luz de nuestros valores.

lunes, 26 de octubre de 2026

Dibujos y acuarelas de Ricardo Madrazo


 

El Museo del Prado presenta la exposición, RICARDO DE MADRAZO (1852-1917): DIBUJOS Y ACUARELAS, que reúne todas las obras de estas técnicas realizada por el artista, que formó parte de una de las familias dedicadas a la pintura más destacadas del siglo XIX. Fue nieto de José de Madrazo; hijo de Federico; hermano de Raimundo, y cuñado de Mariano Fortuny con quien se formó. La fama de estos ilustres pintores le relegó en la historiografía, pero su obra y legado adquirido por el museo nos proporcionan una imagen diferente, ya que no solo empleó el dibujo y la acuarela, obra que se expone en su totalidad, sino que realizó óleos, retratos, ilustraciones y practicó la fotografía. Además, entre sus 29 cuadernos de dibujos hoy conservados en la institución madrileña, podemos entender mejor sus intereses, evolución artística y sus viajes que fueron numerosos, especialmente a Roma, Toledo, Venecia y Granada. La sala 60 da cuenta de todo ello, un espacio dedicado a mostrar y estudiar los fondos del siglo XIX, que este año adopta la denominación, Almacén abierto.



Los viajes constituyeron para el artista una constante fuente de inspiración. Toledo y Venecia fueron destinos recurrentes, donde captó los monumentos, los interiores, y las escenas cotidianas. También visitó, Córdoba, Granada y el norte de África, que le hicieron interesarse por la arquitectura islámica, el paisaje y los efectos lumínicos, recogidos con gran detalle. La proximidad a Mariano Fortuny, le permitió conocer su proceso creativo, trabajar con los mismos modelos y registrar aspectos de su vida cotidiana. Una de sus mejores virtudes fue su dedicación a copiar a los grandes maestros como Velázquez, en su obra, El bufón llamado don Juan de Austria, donde refleja la maestría técnica alcanzada en su madurez. La exposición también exhibe cuatro copias parciales de los techos del Salón del Trono del Palacio Real pintado por Tiepolo. Para finalizar, destacar la dimensión íntima y la memoria familiar a la que contribuyó Ricardo Madrazo, primero con sus dibujos de retratos familiares, escenas domésticas y recuerdos de los lugares donde pasó su vida; luego con el papel fundamental que  desempeñó para la conservación del legado familiar, de su archivo, que ha permitido su preservación hasta la actualidad.



jueves, 22 de octubre de 2026

La recepción del arte contemporáneo en España


 La Fundación Juan March presenta la exposición, LA TRANSICIÓN ESTÉTICA. ESPAÑA, 1960-2020, que reúne un conjunto abigarrado de obras de arte originales y publicaciones referidas a la exhibición y a distintos aspectos del arte contemporáneo en un contexto histórico entre el final de la dictadura franquista y el desarrollo de la democracia. La muestra parte de la premisa que debe tenerse en cuenta al público, no sólo a los artistas o a las obras de arte, y en el contexto español, se aprecia cómo la recepción del arte moderno y contemporáneo internacional se produjo con una demora de al menos tres décadas respecto al resto del mundo occidental. Este proceso comenzó en los años sesenta del siglo XX, cuando diversas iniciativas empezaron a darse en un contexto institucional semidesértico, que solo se igualaría a partir de los años ochenta. Las iniciativas llevadas por los museos, las exposiciones, las compras de las colecciones privadas, las editoriales y las publicaciones periódicas, constituyeron el medio primordial para el conocimiento del arte.




La exposición, por tanto, nos cuenta el proceso de recepción, mostrando las iniciativas concretas a través del tiempo en distintos apartados. Lo hace de forma densa, acumulada, al principio en mayor grado, como una metáfora de cómo fue ese proceso de recepción, en el que se mezclan pinturas originales con abundantes fotografías, carteles y publicaciones. Para un país atrasado, las nuevas imágenes debieron chocar. Todavía hoy conservan su fuerza visual en el espectador. El visitante, así, se embarca en un intenso disfrute que no se puede abarcar bien, pero que no deja indiferente al contemplar obras originales de artistas españoles e internacionales que se expusieron, se realizaron o fueron adquiridas en los distintos periodos de nuestra historia. Son obras bien escogidas, donde te encuentras a Picasso o Dalí; a Giacometti junto a Calder; una obra de Francis Bacon al lado de Matisse; pintura con ejemplos numerosos de fotografía, conjunto en sí mismo destacado.




Una pequeña sala se dedica al cómic, de diferentes épocas, así como los dibujos que les dieron forma sus creadores. No falta la escultura con los ejemplos dichos, y otros llegados en épocas posteriores. Los años ochenta fueron muy relevantes en España. La efervescencia cultural de Madrid y Barcelona atrajo y consolidó entre el público el arte contemporáneo. Los mismos artistas hispanos eran además protagonistas de la época. Los eventos del año 92 impulsaron la recepción y la promoción del arte. Todo hizo que las iniciativas de los distintos organismos públicos y privados normalizaran la nueva estética con el tiempo. De esta manera, el número de piezas se ralentiza y aclara el espacio al final del recorrido. Antes del final, subrayar el propio papel que jugó, la propia Fundación Juan March en el proceso de recepción, un rol que sigue desempeñando.






miércoles, 21 de octubre de 2026

El arte de los enfermos mentales


 

La Fundación Mapfre presenta la exposición, LA OTRA ORILLA DE LA VANGUARDIA. CREACIÓN ARTÍSTICA Y SALUD MENTAL (1900-1950), que reúne más de setenta obras de pintura, dibujo, escultura, fotografía, textil y documentación en forma de libros y publicaciones entorno a las creaciones de pacientes psiquiátricos y su relación con los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX. Una muestra que pone en relación las obras de sus artistas con otras de pacientes que no desmerecen por su calidad y libertad expresiva. Todo ello se debe al doctor e historiador del arte, Hans Prinzhorn, que reunió en la clínica psiquiátrica de la universidad de Heidelberg, una extraordinaria colección de este tipo de obras reunidas en esta institución y de otras de Alemania y otros países europeos. Diversas piezas consideradas en principio como pruebas y documentos médicos, empezaron a comprenderse como manifestaciones de una creatividad al margen de los modelos establecidos. Esta nueva mirada se dio a conocer en la publicación del doctor, Expresiones de la locura (1922), que recogía parte de su colección, que tuvo gran repercusión entre intelectuales y artistas de la época. 



La exposición se divide en cinco secciones que corresponden a distintos movimientos de vanguardia o momentos políticos y sociales, según una evolución cronológica. La primera sección se titula, Un espíritu compartido: Expresionismo alemán, que cuenta la influencia de este grupo vanguardista creado en 1905 (El Puente), y luego en 1912 (El Jinete Azul), en las consideraciones del doctor Pinzhorn. Un grupo que pretendía un nuevo paradigma de la creación artística, al ser producto de impulsos primarios, corporales y psíquicos, al margen de la tradición cultural. Además, la pareja del doctor, bailarina y coreógrafa, junto a la amistad con el pintor Emil Nolde, le vincularon al expresionismo. Pinzhorn, de esta manera, pudo identificar mejor en las obras de los pacientes psiquiátricos, una creatividad ajena a la formación académica y al control racional. El segundo apartado, Dadá y el arte fuera de la norma, nos sitúa en el arte contemporáneo después de la Primera Guerra Mundial, en el grupo fundado en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich, que reivindicaba un arte elemental, fuera de la convenciones culturales burguesas.



Las ideas de Pinzhorn llegaron a Berlín en 1918, donde Richard Huelsenbeck fundó junto Raoul Hausmann y Hannah Höch el Club Dada. Unos planteamientos que influyeron en la obra de George Grosz y Kurt Schwitters, como podemos observar en la exposición. El siguiente espacio del recorrido, El periodo de entreguerras y el arte degenerado, nos ilustran de una interpretación negativa de las vanguardias originadas en las teorías de Max Nordau que las suponía síntoma de una patología social. Una lectura que alcanzó su máxima radicalización con el nacionalsocialismo, que organizaron la exposición Arte degenerado en Múnich (1937) que, a modo de dispositivo de propaganda, recorrería Alemania. Al incluir obras de pacientes psiquiátricos, establecía equivalencias con la obras de vanguardia, para desacreditarlas, y justificar, la censura y la persecución de los artistas, pues demostraba que el arte moderno era producto de una mente enferma, por tanto, una amenaza social.



Si hay un movimiento que recibió el libro con mayor entusiasmo fue el Surrealismo, en el apartado subtitulado, La frontera entre la realidad y el inconsciente. Para sus principales integrantes, desde Max Ernst a Paul Eluard, hasta su líder, André Breton, las imágenes de los pacientes psiquiátricos eran una referencia visual, y fundamentaban la teoría del automatismo psíquico sin control racional. El propio Breton junto a Éluard, adquirió varias obras de la colección Pinzhorn en la exposición, El arte de los enfermos mentales, celebrada en París (1929). El último apartado, Del legado de Prinzhorn al Art Brut, nos muestra cómo a partir de 1945, las obras de este tipo de pacientes, cobró nuevo impulso, gracias a la labor del artista Jean Dubuffet, que desarrolló el concepto art brut para denominarlas. Un término que se refería a aquellas producidas al margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. También, se dedicaría, desde 1948, a localizar, estudiar, conservar y difundir estas obras, que se concretó en la formación de varias colecciones, y la gran exposición en el Museo de Artes Decorativas de París en 1967, el primero en un museo público. Así, se consolidaría el interés por estos artistas marginales y el surgimiento de nuevas perspectivas sobre estas manifestaciones visuales.




viernes, 4 de septiembre de 2026

El arte textil de Aurelia Muñoz


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, AURELIA MUÑOZ, ENTES, un amplio recurrido de su extensa trayectoria durante cinco décadas, desde mediados de los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI. Una artista, que a pesar de las dificultades de su tiempo, supo transcender el arte manual del tejido, para experimentar más allá con diferentes materiales e interactuar con la arquitectura y la ingeniería. Fusiona como nadie las técnicas antiguas y los medios contemporáneos, las aportaciones de las culturas ancestrales, precolombinas, y la influencia de las vanguardias del pasado siglo. Absorbe influencias desde el gótico al surrealismo y modernismo, con una fuerte presencia de la inventiva de Leonardo da Vinci. Por todo ello, siendo los últimos días en los que permanece abierta esta retrospectiva, merece la penas recorrer las salas con su impactante obra. Impactante por sus originales formas como sus atrevidas propuestas, que interpelan al pasado, presente y al mismo futuro, que relacionan la condición humana con la natural, el medio terrestre con el aéreo y el acuático, y aluden a un mundo artificial y poshumano.



El primer apartado y gran espacio de la muestra se dedica a los grandes tapices, a los bordados y las telas estampadas, en las que nos encontramos las influencias iconográficas y de técnicas, tanto antiguas como de la vanguardia.  El segundo espacio, y tal vez, por el que se identifica a la autora, corresponde a las esculturas anudadas o macramé, algunas de imponentes dimensiones. Son monocromas ligadas al tono del material, muchas de ellas suspendidas en el aire o enraizadas en el suelo, desafiantes con sus cuerpos casi vivos, de ahí el apelativo de entes o seres en el título de la exposición. El siguiente grupo de obras pertenecen a su interés por investigar las estructuras arquitectónicas y las fuerzas en el espacio construido, fascinada por el aire, las velas y los vientos. De esta manera, dará a luz unas esculturas voladoras similares a parapentes, hechas con grandes lonas articuladas por varillas, que llamará aerostatos y pájaros-cometas, entendidos, no como máquinas, sino como seres con algo vivo y animal.



El dibujo acompañó a la artista a lo largo de su trayectoria como actividad paralela, pero con una consideración autónoma. Utilizaba par ello tinta china, bolígrafo o acuarela sobre cartulina blanca o cuaderno. Reflejan su universo mental y cultural. Son obras firmadas que rara vez expuso, y trasladan la representación de seres humanoides, animales y robots en composiciones complejas. A lo largo de los años ochenta se interesa por el papel hecho a mano y el libro como su forma concreta, que se transforma en aéreo. Un interés por el papel que se relaciona con el medio marino y su interés por las formas acuáticas que ocupará su trayectoria hasta el final de su vida. Aurelia Muñoz fue una artista rigurosa, bien documentada, como demuestra el espacio dedicado a su archivo, repleto de maquetas, libros y fotografías, que nos hablan de la diversidad de fuentes para desarrollar su practica artística.




jueves, 3 de septiembre de 2026

El arte singular de Felix González-Torres


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, FELIX GONZÁLEZ-TORRES, DULCE VENGANZA, cuyo título alude a la frase que escribió en 1991 cuando regresó a Madrid tras veinte años después de realizar la primera visita siendo un niño en 1971, al presentar su obra Untitled (Revenge), una escultura de caramelos azules envueltos en celofán. La paradoja que alude el mismo sirve de herramienta para entender la esencia contradictoria de su obra. Una obra en la que influye su trayectoria de exiliado, de emigrante, pues nació en Cuba, para trasladarse definitivamente a EEUU, y desarrollar su obra durante los años ochenta y noventa. Un artista que se confiesa abiertamente gay, y defensor por tanto de una posición en la cultura y sociedad desde una perspectiva diferente. Además, infectado por el virus del sida que le provocaría su muerte prematura. Su arte adquiere, por tanto, una singularidad que muestra la exposición actual.



Para González-Torres, no cabe la indiferencia en nuestro mundo, cuyo presente continuo está limitado por la ideología imperante. La estética y, en consecuencia, la belleza adquiere tintes políticos. Su obra, por otra parte, no es realista, mimética con la naturaleza, sino abstracta, minimalista, conceptual, influenciada por el arte povera. Una obra que interpela al espectador y le hace partícipe de la misma, es rotundamente performativa, lo que hace complejo su exhibición, pues nos encontramos con ejemplos que se fabrican expresamente para la ocasión, y otras son únicas con los materiales propios de las Bellas Artes. De todas formas, siguen las indicaciones generales dadas por el autor en su momento. Así nos encontramos esculturas formadas por montones de caramelos o de hojas y cartulinas de diversos colores, unas vacías y otras con nombres o imágenes, que el visitante puede llevarse según pasa frente a la misma.



Lo efímero de su obra, pero reproductible, también lo observamos en las cortinas de luces, en las vallas publicitarias, cuya paradoja reside en que no se pueden reproducir, en algún caso, nada más que una vez. Los retratos, a su vez, se pueden cambiar según la época de exhibición. González-Torres es un artista que reflexiona sobre el presente y el arte. Sus pensamientos acompañan la visita y nos ayudan a entender muchos de sus planteamientos, como ese mismo retrato explicado por palabras, más que por imágenes; la importancia de comprender la realidad sin certezas sobre nociones de identidad, ciudadanía y autoridad, así como de emociones sobre el amor y el duelo. En ellas, las esferas de lo público y lo privado están unidas en un mundo frágil y muy pequeño en el que se hace necesario traspasar las fronteras ideológicas para observar la realidad. Una existencia donde resulta importante el concepto del movimiento y el tránsito que afecta al artista, su obra y su permanencia en el mundo. También, la historia no es lineal, sino recurrente, como se muestra en la obra compuesta por un montón de cartulinas rojas con los nombres parejos de Himmler y Helm en la misma cara, pertenecientes a tiempos diferentes.