jueves, 16 de abril de 2026

Las heroínas bíblicas de Guercino



El Museo Thyssen acoge la pequeña muestra, GUERCINO Y SUS HEROÍNAS BÍBLICAS en su sala 12, que reúne 6 grandes obras religiosas de este pintor barroco protagonizadas por mujeres. Son cuadros todos ellos valiosos de grandes figuras entorno al que es propiedad de la institución madrileña titulada, Jesús y la samaritana en el pozo. Una obra de madurez caracterizada por un estilo clasicista, de composición equilibrada, colores brillantes y gestos estereotipados. Por aquel entonces, entorno a 1640, el artista se había trasladado a Bolonia, tras su paso por Roma, y había recibido la influencia de Guido Reni. A esta obra principal, le acompañan otras tres obras de madurez, de distintas épocas, y dos más tempranas, que nos permiten descubrir su primer estilo como Susana y los viejos (1617), de corte más naturalista, de mayor claroscuro y colores pastosos y gestos espontáneos. También de su primer estilo, entorno a 1621, corresponde Jesús y la mujer adúltera, el momento en el que el primero pronuncia la frase: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.






En general, tres iconografías provienen del Antiguo Testamento, y otras tres del Nuevo Testamento. Guercino confiere distintos roles a estas heroínas religiosas: dos obras representan a mujeres anónimas y  arrepentidas tras el pecado, como la samaritana y la adúltera; otras dos como víctimas de situaciones injustas, que son la Susana acosada mientras se baña por los viejos jueces, y la Agar que junto a Ismael es repudiada por Abraham, un auténtico drama donde el niño sufre con lágrimas en los ojos la severidad del patriarca. Una vez más, en esta pintura de madurez, fechada en 1657, destacan sus colores brillantes, sobre todo del azul de lapislázuli. Finalmente, nuestro pintor reinterpreta las que son consideradas por la iconografía cristiana tradicional auténticas femme fatale en favor de valores distintos, una como una  heroína luchadora, la Dalila que es capaz de cortarle el pelo a Sansón sin esperar a los filisteos, de 1654, y otra, la que fuera joven seductora ahora como una víctima sometida a los deseos de su madre, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637).







miércoles, 15 de abril de 2026

Dibujo y escultura en las Colecciones ICO


 

El Museo ICO presenta la exposición, TRANSITAR EL SIGLO XX. DIBUJO Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES ICO, que reúne un conjunto destacado de obras de esas características desde comienzos del siglo pasado hasta la década de los ochenta, pertenecientes a 34 artistas entre escultores, pintores y arquitectos. En el treinta aniversario del museo, parte de la idea de un cambio radical en la concepción de la escultura, la del campo expandido, en la que deja de situarse en un pedestal para formar parte de la experimentación que llevan a cabo las vanguardias. De esta manera, la disciplina perdió una definición precisa para establecerse entre el paisaje y la arquitectura. La exposición, así,  realiza un recorrido por el arte español estableciendo un diálogo con los cambios sociales, políticos y estéticos de su tiempo. Las obras se presentan ante el visitante agrupadas por autores, dispuestos en una evolución temporal: uno o dos dibujos con una escultura, lo que favorece su disfrute y comprensión.



Un conjunto de fotografías de los artistas inician el recorrido para el visitante, cuyo primer apartado corresponde a Las Vanguardias, es decir, a las trasformaciones radicales que experimentó la escultura principalmente a manos del cubismo y el surrealismo, tanto en los materiales, como en la representación o no de la figura humana. Fue progresivo, y aquellas pretensiones de representar la belleza y la perfección anatómica, o la representación fidedigna de la naturaleza, quedaron a un lado en favor de nuevas inquietudes. Con un fondo de grandes cortinajes de terciopelo rojo, se muestran obras de Gaudí, Manolo Hugué, Pablo Gargallo, Julio González, Pablo Picasso y Juan Gris, para terminar con Joaquín Torres García, Salvador Dalí y Ángel Ferrant. El siguiente espacio, Voces en el exilio, se centra en la obra de Esteban Vicente, Eugenio Granell, y sobre todo, de Alberto Sánchez, cada uno desde sus parámetros estéticos, el expresionismo abstracto o el surrealismo, para canalizar la memoria y la pérdida tras la Guerra Civil.




El siguiente momento de la evolución estilística corresponde a los años cincuenta y sesenta, cuando quedan atrás los movimientos de vanguardia. Junto al expresionismo abstracto de EEUU, surge el Informalismo, caracterizados por distintas facetas, en el que se incluye las obras de Martín Chirino, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Le continua el apartado dedicado a la Arquitectura, formado por arquitectos que realizan esculturas como un medio de expresar la continuidad entre la materia y el espacio, representado por obras de Álvaro Siza y Juan Navarro Baldeweg. Por estos años, se vuelve a La Figuración, la siguiente sección, caracterizada por una escultura realista, centrada en la representación veraz del objeto, cuyos autores principales son Carmen Laffón y Julio López. La exposición acaba con el amplio espacio dedicado a Los años 80, una época de revitalización artística identificada con el posmodernismo. Los nuevos artistas, en plena democracia, son más individualistas, lo que causa diversidad estilística, desde la abstracción a la figuración. Así lo observamos en las obras de Miquel Barceló, Susana Solano, Jaume Plensa, Juan Muñoz y Eduardo Arroyo. Todo un conjunto selecto de propuestas que atraen al espectador.




lunes, 23 de marzo de 2026

La escultura de la Colección ABANCA


 

La Casa de América presenta la exposición, ESPACIO Y TIEMPO. LA ESCULTURA EN LA COLECCIÓN ABANCA, que reúne 50 obras de 41 creadores entre finales del siglo XIX hasta nuestros días. Supone mostrar una evolución de la escultura a lo largo del tiempo y de sus diferentes estilos, a través de un recorrido bien dispuesto para el espectador, y representativo de la calidad del conjunto, declarado Bien de Interés Cultural. Salvo un pequeño conjunto en el piso bajo que da paso a la escalera, las obras del primer piso y del segundo, siguen un orden cronológico. Los inicios se encuadran en el modernismo y las formas regionales, representadas por autores como Isidoro Brocos y Rafael de la Torre Mirón. Pronto, se pasa a los movimientos de vanguardia, y así, nos encontramos con la obra de Julio González, encuadrada en dos pinturas significativas, una de Picasso y otra de Fernand Léger. Más adelante, destaca la presencia de dos ejemplos de Baltasar Lobo, artista que jugó un papel crucial en el arte español de posguerra.



Pintura abstracta y escultura acompañan al visitante en los siguientes espacios de la primera planta. Culmina el recorrido con dos obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Destacan además, pinturas de Manuel Millares y Joaquín Torres García. La última planta se inicia con el magnífico conjunto de Francisco Leiro de las Recolectoras, compuesto por cuatro grades figuras de madera policromada sobre el desastre del Prestige en la costa gallega. Finalmente, destacan tres grandes: primero, Susana Solano con su obra, Toma de tierra nº 2 (1993), realizada en hierro esmaltado que representa una forma abstracta que desafía la gravedad; segundo, dos figuras claves, Juan Muñoz y Juliao Sarmento que reflexionan sobre la ausencia y la relación con el espectador. Así, la obra, Laughing chinese man with mirror (1997), está protagonizada por una de sus típicas figuras humanas frente a un espejo; y Kiss may eyes  (with chairs), 2004, presenta una figura femenina sin cabeza rodeada de un conjunto de catorce sillas vacías y superpuestas en entre sí, que nos transmiten inquietud, incomunicación y tensión. De esta manera, observar rodeado de estas obras tan ricas de matices por sí mismas, nos invita a considerar el medio escultórico como un lenguaje artístico vivo que nos influye en nuestra percepción del espacio y su evolución en el tiempo.





lunes, 9 de marzo de 2026

ARCO 2026


 

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo se ha desarrollado un año más en IFEMA Madrid. Entre el 4 y el 8 de marzo más de 200 galerías pertenecientes a 30 países han expuesto para su venta en los pabellones 7 y 9, numerosas obras pictóricas, dibujos, grabados, fotografías, esculturas y videoinstalaciones. Constituye una cita imprescindible para cualquier aficionado al arte de nuestros días. A la espera de cifras que nos informen de sus resultados económicos, la feria ha sido, sin duda, un éxito de asistencia del público, que abarrotaba los pasillos y los interiores de los estands. En medio del ambiente bélico mundial, la contemplación de las propuestas artísticas más variadas, nos puede aliviar frente a las noticias de la destrucción y las pérdidas de vidas humanas. Nos propone, igualmente, matices para entendernos a nosotros mismos en medio de una realidad cambiante e incierta. La comprensión de la realidad, así, se enriquece, y hace frente a la desinformación y al crecimiento del autoritarismo.



Una cierta novedad de la presente edición ha sido que no tiene un país invitado, una temática concreta a la que se dedicase, en cambio, en la parte final de cada uno de los pabellones presentaba una sección titulada ARCO 2045, El futuro por ahora, que reunía un conjunto de obras de artistas, que con sus propuestas, miran al porvenir sin ninguna certeza. El resto del espacio lo completan aquellas galerías pertenecientes al Programa General; Opening, Nuevas Galerías; y Perfiles. Arte Latinoamericano. Sería arriesgado apostar por la calidad de un pabellón sobre otro, pero nos atreveríamos a preferir el séptimo al noveno aunque solo fuera por la mayor amplitud de espacios del primero sobre el segundo, que hace menos intrincado y laberíntico el recorrido, caracterizado, a veces, por espacios principales y secundarios, algunas dedicados a un artista en concreto. Las obras de arte de la feria nos abren muy diferentes perspectivas temáticas, más en un mundo tan problemático como el actual. La más relevante, que coincide con el 8 de marzo, es la reivindicación de la igualdad de la mujer.

 


Una de las propuestas más llamativas ha correspondido a la artista afgana Kubra Khademi con su serie pictórica, Pan, trabajo, libertad, donde mostraba retratos y desnudos de lideresas mundiales, individuales o formando orgías. Reivindica los derechos fundamentales negados a las mujeres de su país y afirma los cuerpos libres, combatientes y resilientes de ellas frente al patriarcado. En este sentido, también destacar, conjuntos de fotografías cuyas autoras reivindicaron sus derechos o son ejemplos de una mirada distinta, como los de Pilar Aymerich, Colita, Ouka Lele o Gabriela Iturbide, representada en varios espacios de la feria. Esta presencia repetida nos permite confrontar con obras de fotógrafos masculinos como Martin Parr o Alberto García Alix, presente en una galería firmando una de sus publicaciones con sus cámaras delante. También destacadas son las obras de Marina Abramovich, que brillan con luz propia. Un capítulo de piezas singulares corresponderían a un retrato del poeta Federico García Lorca (1935), pintado por José Caballero, y dos dibujos del cadáver de la niña prodigio Hildegart Rodríguez realizados por José Manaut Viglietti en 1933. Por otro lado, destacaría la obra de Eugenio Merino, Petróleo, un bidón de este combustible estampado con los Derechos Humanos. 



Un gran conjunto de obras de arte estaban realizadas con tejidos o en los que estos son una de los elementos fundamentales. Tejidos gruesos o finos de diferentes texturas y coloridos. En otras se valoraba el reciclado de materiales, como partes de coches que han sido reutilizadas para representaciones pictóricas o las formas más variadas de escultura abstracta. El comprador como el visitante ha podido encontrarse con una gran variedad de propuestas estilísticas, formales: las que se originaron en las vanguardias históricas, como aquellas iniciadas y desarrolladas en el siglo XX. De hecho, se ha ofrecido un grupo de obras de Joan Miró, de Dalí, y del mismísimo Picasso, otras veces apenas representado; también de Oscar Domínguez, de Joaquín Torres García, de Joan Gris, o de Antoni Tapies, Antonio Saura, Manuel Millares, y los más recientes, entre otros, de Pérez Villalta, Soledad Sevilla, Carmen Laffón, Jaume Plensa y Miquel Barceló, que fue protagonista del estand del diario EL PAÍS, con pinturas sobre periódico. Relacionado con la actualidad expositiva en la capital, varias galerías ofrecían obras de Juan Uslé. Finalmente, destacar, a parte de éstas, aquellas englobadas en la representación de mitologías y personajes indígenas, que emplean materiales asociados al entorno y las labores propias.



viernes, 27 de febrero de 2026

La pintura de Anders Zorn


 

La fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, ANDERS ZORN. RECORRER EL MUNDO, RECORDAR LA TIERRA, una retrospectiva que reúne más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, provenientes de importantes instituciones internacionales. Constituye un conjunto de lo más significativo del autor sueco, originario de una zona rural en un entorno modesto. A su padre, un maestro cervecero, no le llegó a conocer, por lo que fue criado por sus abuelos, mientras su madre trabajaba fuera del hogar. Desde joven mostró un extraordinario talento para el arte. Al principio se interesó por la escultura, luego deslumbró por su virtuosismo con la acuarela, que le llevaría a la fama. Su primera formación en la Academia de Bellas Artes fue ampliada por los conocimientos adquiridos en sus numerosos viajes de juventud, entre los que se encontraban España, Constantinopla y el norte de África, atraído por el exotismo y las modelos femeninas. En 1882 se instala en Londres y poco a poco adquiere fama como retratista. Un prestigio que culmina en Paris entre 1888 y 1896 cuando gana la medalla de oro de la Exposición Internacional y es nombrado caballero de la Legión de Honor.



Zorn es una mezcla entre cosmopolitismo y apego local, pues a partir de 1896 decide establecerse definitivamente en Mora, su localidad natal, donde concentrará sus esfuerzos para representar, conservar y reivindicar las costumbres y culturas rurales suecas. Pero antes, desde joven encontró el apoyo de relevantes mecenas y distinguidos personajes de la alta sociedad, escritores, intelectuales y renombrados pintores de la época como John Singer Sargent y Joaquín Sorolla, unidos por sus similitudes estilísticas, el estilo naturalista tan en boga en aquel periodo. Zorn se inspiró en la pintura de Velázquez, para luego ser influenciado por la holandesa de Fran Hals y sobre todo, Rembrandt, presentes en sus retratos y autorretratos a diferentes edades, como en la original actividad como grabador. Unos retratos de carácter espontaneo, en un contexto que alude a la personalidad del retratado, marcados por contrastes de luces y de sombras que interactúan con el color. La exposición muestra ejemplos relevantes de ellos: de un presidente de EEUU, de los reyes de Suecia, de banqueros, mecenas, señoras de la alta sociedad como de bailarinas, del mismo Sorolla o del pintor Max Liebermann, sus amigos.



Zorn muestra desde sus inicios una sofisticada técnica con la acuarela, que se observa en los retratos, como en los paisajes naturales, donde capta los detalles más asombrosos de los reflejos del agua o las matizaciones de la luz sobre los objetos. Posteriormente, al oleo, su pincelada será suelta y abocetada, que fue criticada como improvisada y descuidada, y que hoy se interpreta como reflejo de la modernidad. Una modernidad que se observa también en las composiciones y representaciones de la vida urbana. Los cuadros de la Suecia rural, de donde procedía, son representados de la misma manera, con una técnica suelta, abocetada, interesado por la luz y el color. Son llamativos los desnudos femeninos junto a los lagos, de mujeres solitarias o en grupos, a veces con sus hijos. También de mujeres dedicadas a las labores tradicionales: amasar el pan, elaborar cerveza, bailar a medianoche, o acicalarse para ir a la iglesia. La exposición tan extensa y detallada, con numerosos ejemplos, a veces con los más relevantes de su carrera, nos permiten tener un conocimiento amplio de Anders Zorn, como un artista polifacético y versátil, de gran nivel en distintas técnicas, especialmente en la acuarela, óleo y grabado, que se sintió fascinado por España, que visitó nueve veces a lo largo de su vida.




jueves, 12 de febrero de 2026

La pintura de Juan Uslé


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, JUAN USLÉ. ESE BARCO EN LA MONTAÑA, una exhibición antológica de su obra a través de cuarenta años de carrera, la segunda en esta institución después de veinte años. El recorrido, de carácter cronológico, se inicia con la pintura, 1960, en alusión al buque Elorrio, un carguero cargado de grano procedente de Baltimore que naufragó enfrente de las costas donde se haya su casa familiar en Cantabria. Un recuerdo de la infancia llevado a la pintura en 1986, con un estilo expresionista de tonos oscuros. Al año siguiente, el artista y su pareja, se instalan en Nueva York, en una residencia próxima al puente de Williamsburg. Nos sirve para indicar la fuente de inspiración del artista, sus propias ensoñaciones, matizadas por sus recuerdos; el entorno cotidiano, visto desde una mirada personal, original. De esta forma, Uslé combina la consciencia y el subconsciente, para expresarse con un lenguaje artístico abstracto.



El estilo de Uslé, a lo largo del tiempo, tras el expresionismo de los primeros años considerados, se va haciendo más reconocible, uniforme, madura, desde la vivencias personales, de los procesos psicológicos que generan. La abstracción se convierte en la mejor manera de expresar las pulsiones internas del artista. Ante el visitante, se van sucediendo sus distintas series o familias de obras: entorno al concepto Nemasté; el peso de la ciudad de Nueva York; las composiciones verticales, los pequeños y grandes formatos con cuadrículas, marcadas con un ritmo de repetición; la participación en la documenta IX; la serie Célibataires; y el gran conjunto, Soñé que revelabas (SQR), que ha terminado por imponerse en su estilo, marcado por un resumen de gestos que han caracterizado la pintura del autor en las cuatro décadas, entre los que sobresale un ritmo peculiar de la pincelada, entrecortada, que se ha dicho proveniente de su latido, de su pulso. 



La exposición demuestra la importancia de la fotografía en la práctica pictórica como fuente de inspiración. Lo vemos en la obra, Línea Dolca (2008-2018), un conjunto de imágenes tomadas en una década, asociadas al empleo de la fotografía digital, que muestran la manera en la que funciona la mirada de Uslé. Una mirada que localiza fragmentos en el mundo cotidiano, raíles de tren, arquitecturas, cielos, que luego traslada al lienzo.



jueves, 5 de febrero de 2026

Juan Muñoz en el Museo del Prado



El Museo del Prado presenta la exposición, JUAN MUÑOZ. HISTORIAS DEL ARTE, que reúne un grupo de instalaciones, esculturas, dibujos, grabados, gabinetes con pequeñas figuras y libros personales, sobre este artista madrileño que tuvo al museo como un lugar de visita regular e inspiración constante. Comisariada por Vicente Todolí, se despliega en dos salas de la ampliación de los Jerónimos, y en otras dos de la colección permanente y en las escaleras de la entrada de Murillo, así como del exterior. Una celebración para este escultor contemporáneo inspirado por la pintura y admirador de los grandes maestros, de la historia del arte de la que dijo robaba todo lo que podía. Especialmente, se fijó en el Manierismo y el Barroco, de su pintura, escultura y arquitectura. De uno, tomó la distorsión de las figuras, de otro, su teatralidad. Crea, así, un espacio ficticio donde involucra y envuelve al espectador. Un visitante que a través de las salas y subespacios de la muestra encuentra figuras enigmáticas a escala humana en escenarios íntimos o deambulando en grupos. Tienen, a veces, la boca entreabierta o sonriendo; son unos auténticos avatares que evocan la escultura griega que dialogan, como se ha dicho, con textos absurdos y existencialistas de Borges y Becket.






Juan Muños incorpora suelos ópticos evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas de Carl André. Utiliza la arquitectura como parte integral de su obra para crear entornos dramáticos que envuelven al espectador. Así lo observamos en obras como The Prompter o The Nature of Visual Illusion. Las referencias a Velázquez y Goya son constantes en su obra. Del primero toma repetidamente la figura del enano, personaje de diversión en la corte de los Austrias, que los vemos interactuando con estructuras, una mesa de billar o unas barras paralelas, como si se dispusiese a moverse, como lo hace en Las Meninas. También el empleo de espejos, uno de los elementos de la ilusión barroca más significativos. Del segundo evoca las escenas de absurdo de los Caprichos o los Disparates. Además el motivo de los balcones repletos de personajes que miran o el no menos llamativo de esculturas ensacadas, relacionadas con las tituladas, Conversation Pieces, también influenciadas por Giacometti, pero que casan muy bien cuando son expuestas frente al frenesí de figuras de los cuadros de Rubens.






Las esculturas individuales inquietan al espectador en su más variadas poses. Algunas tienen la nariz plana, otras las encontramos colgadas por los pies o la cabeza, que llaman especialmente la atención al encontrarse colgadas en los descansillos de una escalera. La escala humana refuerza la ilusión ficticia sobre el visitante que se siente involucrado dramáticamente. Una vitrina de la exposición nos informa a través de libros de su biblioteca del estudio concienzudo de la historia, el arte y la estética, que le permitirían a mostrar su propia creatividad. Finalmente, una sala reúne sus dibujos y pequeñas vitrinas de esculturas que nos evocan las gabinetes de maravillas del Renacimiento.