ARTE-N-RED
Blog de Historia del Arte y Comunicación Audiovisual
jueves, 22 de octubre de 2026
La recepción del arte contemporáneo en España
miércoles, 21 de octubre de 2026
El arte de los enfermos mentales
La Fundación Mapfre presenta la exposición, LA OTRA ORILLA DE LA VANGUARDIA. CREACIÓN ARTÍSTICA Y SALUD MENTAL (1900-1950), que reúne más de setenta obras de pintura, dibujo, escultura, fotografía, textil y documentación en forma de libros y publicaciones entorno a las creaciones de pacientes psiquiátricos y su relación con los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX. Una muestra que pone en relación las obras de sus artistas con otras de pacientes que no desmerecen por su calidad y libertad expresiva. Todo ello se debe al doctor e historiador del arte, Hans Prinzhorn, que reunió en la clínica psiquiátrica de la universidad de Heidelberg, una extraordinaria colección de este tipo de obras reunidas en esta institución y de otras de Alemania y otros países europeos. Diversas piezas consideradas en principio como pruebas y documentos médicos, empezaron a comprenderse como manifestaciones de una creatividad al margen de los modelos establecidos. Esta nueva mirada se dio a conocer en la publicación del doctor, Expresiones de la locura (1922), que recogía parte de su colección, que tuvo gran repercusión entre intelectuales y artistas de la época.
La exposición se divide en cinco secciones que corresponden a distintos movimientos de vanguardia o momentos políticos y sociales, según una evolución cronológica. La primera sección se titula, Un espíritu compartido: Expresionismo alemán, que cuenta la influencia de este grupo vanguardista creado en 1905 (El Puente), y luego en 1912 (El Jinete Azul), en las consideraciones del doctor Pinzhorn. Un grupo que pretendía un nuevo paradigma de la creación artística, al ser producto de impulsos primarios, corporales y psíquicos, al margen de la tradición cultural. Además, la pareja del doctor, bailarina y coreógrafa, junto a la amistad con el pintor Emil Nolde, le vincularon al expresionismo. Pinzhorn, de esta manera, pudo identificar mejor en las obras de los pacientes psiquiátricos, una creatividad ajena a la formación académica y al control racional. El segundo apartado, Dadá y el arte fuera de la norma, nos sitúa en el arte contemporáneo después de la Primera Guerra Mundial, en el grupo fundado en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich, que reivindicaba un arte elemental, fuera de la convenciones culturales burguesas.
Las ideas de Pinzhorn llegaron a Berlín en 1918, donde Richard Huelsenbeck fundó junto Raoul Hausmann y Hannah Höch el Club Dada. Unos planteamientos que influyeron en la obra de George Grosz y Kurt Schwitters, como podemos observar en la exposición. El siguiente espacio del recorrido, El periodo de entreguerras y el arte degenerado, nos ilustran de una interpretación negativa de las vanguardias originadas en las teorías de Max Nordau que las suponía síntoma de una patología social. Una lectura que alcanzó su máxima radicalización con el nacionalsocialismo, que organizaron la exposición Arte degenerado en Múnich (1937) que, a modo de dispositivo de propaganda, recorrería Alemania. Al incluir obras de pacientes psiquiátricos, establecía equivalencias con la obras de vanguardia, para desacreditarlas, y justificar, la censura y la persecución de los artistas, pues demostraba que el arte moderno era producto de una mente enferma, por tanto, una amenaza social.
Si hay un movimiento que recibió el libro con mayor entusiasmo fue el Surrealismo, en el apartado subtitulado, La frontera entre la realidad y el inconsciente. Para sus principales integrantes, desde Max Ernst a Paul Eluard, hasta su líder, André Breton, las imágenes de los pacientes psiquiátricos eran una referencia visual, y fundamentaban la teoría del automatismo psíquico sin control racional. El propio Breton junto a Éluard, adquirió varias obras de la colección Pinzhorn en la exposición, El arte de los enfermos mentales, celebrada en París (1929). El último apartado, Del legado de Prinzhorn al Art Brut, nos muestra cómo a partir de 1945, las obras de este tipo de pacientes, cobró nuevo impulso, gracias a la labor del artista Jean Dubuffet, que desarrolló el concepto art brut para denominarlas. Un término que se refería a aquellas producidas al margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. También, se dedicaría, desde 1948, a localizar, estudiar, conservar y difundir estas obras, que se concretó en la formación de varias colecciones, y la gran exposición en el Museo de Artes Decorativas de París en 1967, el primero en un museo público. Así, se consolidaría el interés por estos artistas marginales y el surgimiento de nuevas perspectivas sobre estas manifestaciones visuales.
viernes, 4 de septiembre de 2026
El arte textil de Aurelia Muñoz
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, AURELIA MUÑOZ, ENTES, un amplio recurrido de su extensa trayectoria durante cinco décadas, desde mediados de los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI. Una artista, que a pesar de las dificultades de su tiempo, supo transcender el arte manual del tejido, para experimentar más allá con diferentes materiales e interactuar con la arquitectura y la ingeniería. Fusiona como nadie las técnicas antiguas y los medios contemporáneos, las aportaciones de las culturas ancestrales, precolombinas, y la influencia de las vanguardias del pasado siglo. Absorbe influencias desde el gótico al surrealismo y modernismo, con una fuerte presencia de la inventiva de Leonardo da Vinci. Por todo ello, siendo los últimos días en los que permanece abierta esta retrospectiva, merece la penas recorrer las salas con su impactante obra. Impactante por sus originales formas como sus atrevidas propuestas, que interpelan al pasado, presente y al mismo futuro, que relacionan la condición humana con la natural, el medio terrestre con el aéreo y el acuático, y aluden a un mundo artificial y poshumano.
El primer apartado y gran espacio de la muestra se dedica a los grandes tapices, a los bordados y las telas estampadas, en las que nos encontramos las influencias iconográficas y de técnicas, tanto antiguas como de la vanguardia. El segundo espacio, y tal vez, por el que se identifica a la autora, corresponde a las esculturas anudadas o macramé, algunas de imponentes dimensiones. Son monocromas ligadas al tono del material, muchas de ellas suspendidas en el aire o enraizadas en el suelo, desafiantes con sus cuerpos casi vivos, de ahí el apelativo de entes o seres en el título de la exposición. El siguiente grupo de obras pertenecen a su interés por investigar las estructuras arquitectónicas y las fuerzas en el espacio construido, fascinada por el aire, las velas y los vientos. De esta manera, dará a luz unas esculturas voladoras similares a parapentes, hechas con grandes lonas articuladas por varillas, que llamará aerostatos y pájaros-cometas, entendidos, no como máquinas, sino como seres con algo vivo y animal.
El dibujo acompañó a la artista a lo largo de su trayectoria como actividad paralela, pero con una consideración autónoma. Utilizaba par ello tinta china, bolígrafo o acuarela sobre cartulina blanca o cuaderno. Reflejan su universo mental y cultural. Son obras firmadas que rara vez expuso, y trasladan la representación de seres humanoides, animales y robots en composiciones complejas. A lo largo de los años ochenta se interesa por el papel hecho a mano y el libro como su forma concreta, que se transforma en aéreo. Un interés por el papel que se relaciona con el medio marino y su interés por las formas acuáticas que ocupará su trayectoria hasta el final de su vida. Aurelia Muñoz fue una artista rigurosa, bien documentada, como demuestra el espacio dedicado a su archivo, repleto de maquetas, libros y fotografías, que nos hablan de la diversidad de fuentes para desarrollar su practica artística.
jueves, 3 de septiembre de 2026
El arte singular de Felix González-Torres
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, FELIX GONZÁLEZ-TORRES, DULCE VENGANZA, cuyo título alude a la frase que escribió en 1991 cuando regresó a Madrid tras veinte años después de realizar la primera visita siendo un niño en 1971, al presentar su obra Untitled (Revenge), una escultura de caramelos azules envueltos en celofán. La paradoja que alude el mismo sirve de herramienta para entender la esencia contradictoria de su obra. Una obra en la que influye su trayectoria de exiliado, de emigrante, pues nació en Cuba, para trasladarse definitivamente a EEUU, y desarrollar su obra durante los años ochenta y noventa. Un artista que se confiesa abiertamente gay, y defensor por tanto de una posición en la cultura y sociedad desde una perspectiva diferente. Además, infectado por el virus del sida que le provocaría su muerte prematura. Su arte adquiere, por tanto, una singularidad que muestra la exposición actual.
Para González-Torres, no cabe la indiferencia en nuestro mundo, cuyo presente continuo está limitado por la ideología imperante. La estética y, en consecuencia, la belleza adquiere tintes políticos. Su obra, por otra parte, no es realista, mimética con la naturaleza, sino abstracta, minimalista, conceptual, influenciada por el arte povera. Una obra que interpela al espectador y le hace partícipe de la misma, es rotundamente performativa, lo que hace complejo su exhibición, pues nos encontramos con ejemplos que se fabrican expresamente para la ocasión, y otras son únicas con los materiales propios de las Bellas Artes. De todas formas, siguen las indicaciones generales dadas por el autor en su momento. Así nos encontramos esculturas formadas por montones de caramelos o de hojas y cartulinas de diversos colores, unas vacías y otras con nombres o imágenes, que el visitante puede llevarse según pasa frente a la misma.
Lo efímero de su obra, pero reproductible, también lo observamos en las cortinas de luces, en las vallas publicitarias, cuya paradoja reside en que no se pueden reproducir, en algún caso, nada más que una vez. Los retratos, a su vez, se pueden cambiar según la época de exhibición. González-Torres es un artista que reflexiona sobre el presente y el arte. Sus pensamientos acompañan la visita y nos ayudan a entender muchos de sus planteamientos, como ese mismo retrato explicado por palabras, más que por imágenes; la importancia de comprender la realidad sin certezas sobre nociones de identidad, ciudadanía y autoridad, así como de emociones sobre el amor y el duelo. En ellas, las esferas de lo público y lo privado están unidas en un mundo frágil y muy pequeño en el que se hace necesario traspasar las fronteras ideológicas para observar la realidad. Una existencia donde resulta importante el concepto del movimiento y el tránsito que afecta al artista, su obra y su permanencia en el mundo. También, la historia no es lineal, sino recurrente, como se muestra en la obra compuesta por un montón de cartulinas rojas con los nombres parejos de Himmler y Helm en la misma cara, pertenecientes a tiempos diferentes.
jueves, 27 de agosto de 2026
Las pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla
viernes, 21 de agosto de 2026
Una colección madrileña de antiguos maestros
El Museo de Historia de Madrid presenta la exposición, GOYA Y LAS ESCUELAS FLAMENCA E ITALIANA. UN SIGLO DE FILANTROPÍA DE CARLOTA DE SANTAMARCA Y ANTONIA GONZÁLEZ, que reúne un conjunto 57 piezas entre pinturas, esculturas y mobiliario, que forman parte en la actualidad de los bienes de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Unos bienes que provienen del legado testamentario de la que fue II condesa de Santamarca y duquesa viuda de Nájera, que siguió la tradición coleccionista de su padre, un prominente banquero, que a su muerte decidió dedicar su fortuna a la construcción de un orfanato de niñas, que sería decorado con obras de arte, algunas que estuvieron en su palacio de la calle Alcalá. A ellos se añaden las originarias del legado de Antonia González y Pérez, viuda del empresario Ramón Pallarés y Prats, que también dispuso a su muerte la construcción de otro orfanato. Hoy ambos forman parte de la misma institución y tienen como finalidad la educación en sus distintos niveles.
El núcleo de la muestra lo forma la colección Santamarca, integrada en la actualidad por 230 pinturas que abarcan desde comienzos del siglo XVII hasta principios del siglo XX y representan las escuelas española, italiana, flamenca y francesa. Las pinturas más destacadas son la serie de los Juegos de niños de Francisco de Goya, compuesta por seis lienzos realizados hacia 1785-1786, que provenían de los bienes del duque de Nájera, y hoy se exhiben en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. A ellas se suman piezas de maestros españoles del siglo XVII, activos en la capital, como Bartolomé y Vicente Carducho, Juan de Arellano, Francisco Camilo, y José Antolínez. De la misma época, son las pertenecientes a la escuela flamenca, entre las que sobresalen el Triunfo de Neptuno y Anfitrite de Frans Francken, y obras de Frans Snyders y Paul del Vos, entre otras. La pintura italiana está igualmente representada, tanto la religiosa como la decorativa, una sobre todo por el prolífico Luca Giordano con un monumental lienzo de la Huida a Egipto, y la otra, por un bodegón de Margherita Caffi.
La colección se completa con un valioso conjunto de retratos y pintura del siglo XIX y XX español. Entre los primeros destaca el realizado por José Moreno Carbonero de Carlota de Santamarca, fechado en 1908, y el del duque de Nájera pintado por Ricardo de Madrazo en 1911. Varias obras llevan la firma de Antonio de Brugada, como, la marina que representa el vapor de Isabel II anclado cerca de la costa, y de Jenaro Pérez Villaamil, centrado en los paisajes orientalistas como Las gargantas de las Alpujarras, que proporcionan un carácter romántico a la colección. El conjunto se completa con los bustos en mármol de Antonia González y Ramón Pallarés, firmadas por Miguel de la Cruz Martín, y dos mesas y un sofá que decoraron el suntuoso palacio de la condesa en la calle de Alcalá, uno de los más espléndidos del Madrid de la Restauración.
jueves, 28 de mayo de 2026
Obras de la colección Vicky y Marcos Micha Levy
La Fundación Casa de México en España presenta la exposición, REBELDÍAS VANGUARDISTAS DEL SIGLO XX. OBRAS DE LA COLECCIÓN VICKY Y MARCOS MICHA LEVY, que reúne una selección de cien obras de algunos de los más grandes artistas de México, imprescindibles para comprender la construcción de la modernidad artística del país. Una primera sala se dedica a los grandes muralistas que contribuyeron a crear la identidad nacional partiendo de los orígenes prehispanos con tintes revolucionarios. Ante los ojos de los visitantes, podemos descubrir un conjunto destacado de obras de manos de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Al mismo nivel, destaca la importancia de José Clemente Orozco, maestro de la alegoría y del simbolismo, así como autor de importantes murales. Junto a él, en el mismo espacio, aparecen otros autores de la modernidad mexicana como Germán Cueto, Saturnino Herrán, Carlos Mérida, Roberto Montenegro o Manuel Rodríguez Lozano. Por otra parte, Nahui Olin, una creadora visual y escritora, desarrolla una perspectiva femenina.
Un espacio propio lo constituyen las aportaciones de Miguel Covarrubias, figura sobresaliente del siglo XX, que destacó como artista, escritor, antropólogo y coleccionista. Fue ilustrador de Vanity Fair y desarrolló su obra entre México y Nueva York. Se interesó por la conservación de las culturas originarias y por visibilizar las aportaciones de las minorías. Desde su maestría en el dibujo, nos retrató los ambientes de la música de jazz en Harlem, durante los felices años 20; también se ocupó de la cultura Olmeca; de los indígenas de Bali; de las efigies de figuras destacadas de los regímenes totalitarios del momento. El siguiente apartado corresponde a la obra de dos artista oaxaqueños, que compartieron una vida profesional en París, que les resultó decisiva para su práctica artística: Rufino Tamayo y Francisco Toledo. El primero, fue mentor del segundo, de distinta generación.
Ambos realizaron investigaciones sobre las culturas prehispánicas, y si Tamayo es considerado maestro del color, Toledo trazó representaciones asociadas a mitos y ecosistemas, un cuerpo de obras eróticas y sexuales entre humanos y animales. Finalmente, el recorrido termina con un espacio dedicado al artista, Mathias Goeritz, que llegó a México en el año 1949, y representó un pensamiento arquitectónico y visual esencial en la evolución hacia la contemporaneidad.






















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