jueves, 24 de diciembre de 2020

Mondrian en Madrid


 El Museo Reina Sofía de Madrid organiza la exposición, MONDRIAN Y DE STIJL, el principal evento del centro durante la temporada de otoño e invierno, marcada por la pandemia del coronavirus. Un acontecimiento significativo por la carencia de obras en nuestro país del Neoplasticismo holandés, todas ellas de gran valor. Para ello, el museo ha reunido 95 obras, siendo 35 de Piet Mondrian, y el resto del conjunto de artistas que se organizaron tras la revista De Stijl, que fue fundada por Theo Van Doesburg en 1917. Entre la Revolución Rusa y el ascenso del nazismo, nació, por tanto, un nuevo estilo expresión de la sensibilidad moderna, un estilo abstracto, de carácter geométrico.



Los miembros De Stijl mostraron caminos diferentes, todos ellos con la pretensión de romper las barreras que separaban a las distintas disciplinas. Así, nos encontramos en la exposición, maquetas y diseños arquitectónicos, sillas diseñadas en el ámbito de las artes aplicadas, como habitaciones de casas decoradas según el nuevo estilo. Aunque nos encontramos obras de artistas como Theo Van Doesburg, Petrus Berlage, Georges Vantongerloo y Rietveld, la mayor relevancia corresponde con la trayectoria de Piet Mondrian, el que tiene mayor edad, y fundamenta teóricamente la nueva plástica. Las primeras obras expuestas de comienzos del siglo XX, paisajes y objetos entroncan con la pintura holandesa de los grandes maestros. 



En la ruptura estilística y conceptual de Mondrian, se encuentra el objetivo de concebir una nueva forma de expresión de la belleza acorde con el presente, sin expresar al sujeto o la funcionalidad propia del cuadro. El pensaba que el arte se relaciona con la realidad, y esta puede cambiar con el paso del tiempo. De esta manera, tiene que cambiar el arte.  Por otra lado, el arte permanece siempre por su naturaleza, lo mismo que la esencia de la realidad. Además, pensaba que el hombre actual, se aleja lentamente de lo natural y tiende a lo abstracto. Como así fue su evolución estilística, sintetizada finalmente en 1918 en una pintura donde valora la superficie, la estructura, la composición de colores planos y líneas rectas, llegando a configurar un nuevo estilo abstracto geométrico, una pintura que podía liberarse del marco y determinar el entorno en el que se presentaba. Por tanto, las artes visuales del siglo XX quedaban redefinidas con la mejor forma de expresar la modernidad.

domingo, 1 de septiembre de 2019

La etapa de Olga Picasso

Retrato de Olga Picasso, 1918, Museo Picasso-París
El Caixaforum de Madrid exhibe en sus salas la muestra, OLGA PICASSO,  sobre la influencia que tuvo en la vida y en la obra del pintor malagueño. Se expuso por primera vez en el Museo Nacional Picasso-París, para conmemorar el centenario  del conocimiento de la pareja en 1917, cuando el insigne pintor visitó Roma invitado por Jean Cocteau. En esa visita coincidió con los Ballets Rusos dirigidos por Serguei Diáguilev, en cuya compañía Olga participaba. La pareja contrajo matrimonio el 12 de julio de 1918 en la iglesia ortodoxa rusa de la calle Daru. Ahora, su nieto, Bernard Ruíz Picasso, estudia el periodo en el que estuvieron juntos, a partir de un baúl de viaje lleno de fotografías y cartas, que ilustran lo que él denomina, periodo Olga.


Maternidad, 1921,  Museo Nacional Picasso-París

Entre 1917 hasta 1935, Picasso y Olga vivieron juntos. La relación se resintió a partir de 1927 cuando el pintor conoció a Marie-Thérése Walter, una joven de 17 años que pronto se convertirá en su amante. En llamado periodo Olga, coincide sobre todo con la etapa clásica del artista, correspondiente a su interés por la Antigüedad y el Renacimiento. Picasso retorna a la figuración a través de la influencia de Ingres. De esta manera lo comprobamos en los numerosos retratos de pintura y dibujo dedicados a Olga y a Paulo, su hijo, nacido en febrero de 1921. Las escenas familiares, centradas en la maternidad y en la infancia, están llenas de dulzura, una época de felicidad, expresadas con las formas claras y contundentes provenientes del clasicismo.

Paulo vestido de arlequín, 1924, Museo Nacional Picasso-París

El visitante, igualmente, comprende mejor este periodo con los numerosos documentos fotográficos donde aparece la familia Picasso, desconocidos hasta ahora para el gran público. En ellos podemos encontrar imágenes de las visitas que realizó el artista a España, a Barcelona o San Sebastián; muchas son de la casa de Boisgeloup, en las que aparece la madre del pintor. Un conjunto, bien conservado, que se extiende a la propia familia de Olga Khokhlova, nacida en Nizhyn, ciudad actual de Ucrania. Sus retratos con tono melancólico aluden a lo avatares dramáticos que vivía esa familia en Rusia en plena revolución soviética con la que mantenía correspondencia epistolar, muy distintos al prestigio social y artístico junto a Picasso por aquellos años.

Etienne de Beaumont Ball (Picasso), París, 1924, Man Ray

Las fotografías y las cartas se complementan con cintas de cine grabadas por la propia pareja de ellos mismos, especialmente de Paulo jugando. La exposición madrileña refleja el cambio de estilo de Picasso a finales de los años 20. Coincide con el deterioro de la relación con Olga y la influencia creciente del movimiento surrealista. La belleza de Olga, entonces cambia hacia la expresión violenta de desgarro como representa el cuadro, Gran desnudo en un sillón rojo de 1929. En este punto, el pintor malagueño, vuelve a recurrir a la mitología para identificarse a sí mismo como el minotauro.  Un personaje, símbolo de la vida y la muerte, de las relaciones complejas que lleva el artista con las mujeres a finales de los años 30.

Gran desnudo en un sillón rojo, 5 de mayo de 1929.

El nacimiento de una hija, Maya, de la relación con Marie-Thérése en 1935, provocaría la separación definitiva del matrimonio. Sin embargo, Olga seguiría apareciendo, de manera discreta, en la obra de Picasso, un reflejo del vínculo que ella mantuvo hasta su muerte en 1955, escribiéndole cartas diariamente.

domingo, 25 de noviembre de 2018

La pintura de Bartolomé Bermejo

San Miguel triunfante con el demonio con Antoni Joan, 1468

El Museo del Prado organiza una extraordinaria exposición sobre Bartolomé de Cárdenas, alias el Bermejo (h.1445-h.1501), uno de los mejores pintores españoles de finales del siglo XV dentro del estilo, todavía vigente, del gótico. Una exposición singular por cuanto reúne sus mejores obras conservadas y clarifica aspectos sobre su vida hasta ahora no suficientemente conocidos. Sabemos que nació en Córdoba, pero su formación es una incógnita, aunque se cree que fue en la ciudad de Valencia, una urbe muy cosmopolita por aquellos años. Allí entraría en contacto con pinturas, dibujos y grabados tanto de origen italiano como flamenco, influencia que sería fundamental en su estilo de pintura.

Santo Domingo de Silos entronizado como obispo, 1475-77

La impronta de Jan Van Eyck y la de Roger Van Der Weiden se observa en la manera de pintar del artista hispano, autores muy famosos en su tiempo. En este sentido, Bartolomé Bermejo destaca por el realismo en el detalle de los objetos y los rostros de los personajes; la perfección técnica en la utilización del óleo; la amplia gama de colores que llegó a emplear; y su capacidad para desarrollar nuevas interpretaciones de todo tipo de temas e iconografías de carácter devocional. De esta manera, llegó a explorar nuevos terrenos en el campo del retrato y el paisaje, concibiendo obras más complejas e innovadoras al final de su carrera profesional. Fue imitado por sus colegas de la época, y admirado por nobles, altos eclesiásticos y mercaderes que fueron los comitentes de su obra.

Flagelación de Santa Engracia, 1474-77

La exposición madrileña reúne unas 48 obras. En el inicio del recorrido destaca el San Miguel triunfante sobre el dominio con Antoni Joan, fechada en 1468, su primera obra documentada realizada en Valencia para la parroquia de Tous, donde muestra ya el virtuosismo de su estilo en la captación de los materiales y el manejo del color. La firma al pie de la imagen nos habla de una personalidad acusada, muy segura de sus habilidades y prestigio. Por otra parte, según su trayectoria itinerante, pues después de Valencia se establece en Daroca y Zaragoza, se le ha atribuido, casi con seguridad su condición de judeoconverso, pues su esposa, Gracia de Palaciano, tenía esta condición, identidad conocida pues fue condenada por la Inquisición por prácticas judaizantes.

Tríptico de la Virgen de Monserrat, 1483-89

Bartolomé Bermejo tuvo que asociarse a pintores locales como los aragoneses Martín Bernat y Miguel Ximenez, o los Osona de Valencia, para sortear las restricciones del sistema gremial. Un asociacionismo que permitió por otra parte difundir su estilo, aquellos modelos creados por nuestro autor, confirmando que fue un artista de referencia, respetado y admirado por pintores y clientes por su superioridad técnica y excepcional creatividad, hasta tal punto que el cabildo de la Seo de Zaragoza ordenó controlar el acceso a donde trabajaba para preservar su intimidad. Una gran obra se encuentra el visitante a la mitad de la exposición, Santo Domingo de Silos entronizado como obispo, sin duda la más conocida de su mano, y la única que llegó a realizar, con amenazas de excomunión del retablo de Daroca.

Piedad Desplá, 1490

La exposición se cierra con su obra maestra, la Piedad Desplá, encargada por el arcediano barcelonés de este apellido, un personaje de cultura humanista. Fue concluida el 23 de abril de 1490 como símbolo de la Redención cristiana, tras la cual no se conservan obras atribuidas a su nombre, aunque está documentado hasta 1501.

lunes, 16 de abril de 2018

La arquitectura de Ventura Rodríguez

Retrato de Ventura Rodríguez, Goya, 1784

La Academia de Bellas Artes de San Fernando organiza la exposición, VENTURA RODRÍGUEZ. ARQUITECTO DE LA ILUSTRACIÓN, una muestra, en honor del artista natural de Ciempozuelos, prolongada en el tiempo hasta este mes de mayo, que reune un conjunto de planos, dibujos, libros, pinturas, asociadas a un extenso catálogo, que estudian la figura y la obra de este eminente arquitecto, uno de los más importantes e influyentes de la España del siglo XVIII. Las más de ciento cincuenta piezas originales se distribuyen en cinco módulos expositivos, que hacen cómoda la visita al espectador. Se incluyen, de igual manera, dos vídeos, uno destacado especialmente, que reconstruye el proyecto presentado para entrar en la Academia di San Luca de Roma.

Proyecto para entrar en la Academia di San Luca de Roma

Ventura Rodríguez estuvo vinculado a la Academia española desde sus orígenes en 1744. Se formó en el proyecto y la construcción del Palacio Real de Madrid, siendo ayudante de Juvarra y Sacchetti. En su obra unió la tradición italiana con la francesa, que conocía a través de los numerosos libros y estampas de arquitectura que formaban su rica biblioteca, a la que añadió la española. El resultado es una obra original, una interpretación moderna de la arquitectura barroca, en una época de profunda renovación del gusto hacia el clasicismo. Fue amigo de artistas e intelectuales como Goya, Mengs, Campomanes y Jovellanos. Tuvo importantes cargos en la misma Academia, en el Ayuntamiento de Madrid y en el Consejo de Castilla, aunque la relación con la corte y la monarquía, se puede considerar compleja y especial.


Fachada de la Catedral de Pamplona, 1783
Durante el reinado de Fernando VI alcanzó el éxito. De su mano es la construcción de la capilla del Palacio Real de Madrid, elegida frente a la del propio Sacchetti. Por aquellos años también realizó, la iglesia de San Marcos de Madrid, así como terminaría la basílica del Pilar de Zaragoza, en la que construyó la capilla de la Virgen. Sus proyectos más complejos y afortunados coincidieron con el reinado de Carlos III, aunque este monarca antepuso los diseños de Sabatini para la Puerta de Alcalá o la iglesia de San Francisco el Grande. Todo ello explica los numerosos proyectos realizados por la geografía española, entre los que destaca, la fachada de la catedral de Pamplona. La trayectoria final está marcada por la relación con el infante Don Luis de Borbón y su círculo personal, para quien realizó el palacio de Boadilla del Monte.

Proyecto para la fuente de Cibeles, Madrid

Decenas de proyectos resumen su carrera profesional, encargándose de una gran variedad de tipologías arquitectónicas. Por una lado de carácter religioso, templos, conventos, altares y transparentes, por otro, de carácter civil, palacios, plazas, puentes y fuentes, entre las que sobresalen las del Salón del Prado,  Cibéles, Apolo y Neptuno, una extensa obra completa gracias a su destreza y sensibilidad como dibujante. La exposición, por tanto, es una oportunidad para conocer la fecunda, original y brillante obra de uno de los arquitectos más relevantes de nuestra Historia del Arte.

sábado, 13 de enero de 2018

La pintura de Giorgio de Chirico

Las musas inquietantes, 1947

La sala Caixa Forum de Madrid organiza la exposición, EL MUNDO DE GIORGIO DE CHIRICO. Sueño o realidad, que reúne un conjunto de pinturas y esculturas del artista italiano, que se distribuyen en un cuidado y escenógrafico espacio expositivo que recuerda a uno de los motivos esenciales de sus lienzos, la plaza porticada. El recorrido que realiza el visitante resulta cómodo y sugerente para contemplar las distintas obras, la misma sensación que seguramente quiso transmitir el artista. Un trayecto a través de sus diferentes iconografías que se repitieron a lo largo de una larga vida de noventa años. De esta manera, nos encontramos con seis apartados temáticos, en los cuales se conjugan varios elementos, filosofía, arte y Antigüedad clásica.

Plaza de Italia con fuente, 1968

Giorgio de Chirico fue el creador a comienzos del siglo XX de la llamada pintura metafísica, que puede entenderse como una visión original de la realidad en la que se mezclan el sueño y la memoria, con referencias a un tiempo eterno. Esta visión será muy influyente en diversos movimientos artísticos como el realismo mágico, el pop art o el arte conceptual, pero sobre todo en el surrealismo, que le tendrá como uno de sus mentores. La sección principal de la exposición madrileña y el tema central de la pintura metafísica son las Plazas de Italia y maniquíes, desarrollada en Paris entre 1911 y 1915. Son imágenes compuestas por plazas porticadas, esculturas clásicas, torres, chimeneas, apariencias humanas como estatuas que transmiten un sentimiento fuerte y misterioso de raíz nietzschiana.

Retrato de Isa, 1934

El tema de los Interiores metafísicos nació durante la Primera Guerra Mundial cuando el artista sirvió como soldado. Representa un conjunto de objetos en el centro de una habitación en perspectiva con ventanas a paisajes arqueológicos y naturales, fábricas y plazas. Una iconografía más enigmática son los Baños misteriosos, creada en 1934 para las diez litografías que acompañarían otros tantos textos del escritor, Jean Cocteau, para el libro Mythologie. Representa la imagen del agua como un suelo de parquet en escenas ambientadas en un paisaje abierto. Hombres desnudos se sumergen en estas aguas, mientras otros vestidos permanecen de pie o sentados alrededor.

Visión metafísica de Nueva York, 1975

Los elementos de la cultura clásica son recurrentes en su obra y en varias iconografías, pero destacan sobre todo en la sección llamada, Mundo clásico y gladiadores, en el que éstos aparecieron especialmente, por primera vez en 1927. Para De Chirico, el género clásico por excelencia fue, el retrato, así los vemos también en su larga trayectoria. Hay que entenderlos no como simples representaciones de un personaje determinado, sino a los que hay que añadir una captación de la psicología. El apartado, Historia y naturaleza, reúne, finalmente, a las obras en las que el artista trata de recuperar los valores plásticos del pasado artístico, centrándose en el barroco, en la pintura de Rubens.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Henri de Tolouse-Lautrec y Pablo Picasso

En un reservado, 1899, Tolouse-Lautrec, frente a La espera(Margot), 1901, Picasso

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza organiza la esposición PICASSO/LAUTREC, que reúne un conjunto de dibujos, pinturas y grabados para analizar la influencia del pintor francés sobre el artista español. Un conjunto importante de obras de la última década del siglo XIX del primero, y de entre 1900 y 1905 del segundo. No se conocieron personalmente a pesar que vivieron los mismos ambientes en el barrio parisino de Montmartre porque coincidió con los últimos años de la carrera de Lautrec antes de su muerte en 1901, mientras el joven Picasso, comenzando la suya, era un recién llegado procedente de Barcelona. 

La pelirroja con blusa blanca,1889, Tolouse-Lautrec, frente a Mujer con flequillo, 1902, Picasso

La muestra plantea un recorrido dividido en cinco secciones donde se encuentran las influencias del afamado pintor francés sobre el malagueño: Bohemios, Bajos fondos, Vagabundos, Ellas, y Eros recóndito. A Picasso le impactó de Lautrec la capacidad sintetizadora de su dibujo y su tendencia a la caricatura, además, su pintura se caracterizaba por unos contornos muy marcados, unas formas planas, las perpectivas distorsionadas y los encuadres fotográficos. Por otra parte, en cuanto a los temas, prefiere una mirada profunda del ser humano, desde un estatus marginal para representar la vida moderna. Todo ello dejó una huella significativa en el artista español que perviviría hasta el final de su vida tras siete décadas de trabajo.

Jeanne (Mujer tumbada), 1901, Picasso

El barrio de Montmartre fue incorporado por la ciudad de París en  aquellas fechas, conviertiéndose en un lugar de residencia de la clase trabajadora, de prostitutas, actores, escritores, y artistas. Igualmente allí se localizaban numerosos cafés,  salas de fiesta, como el Moulin de La Galette o el Moulin Rouge, y burdeles. Lautrec vivió en alguno de estos negocios y trabajó para promocionar sus espectáculos, de la misma manera que realizaba su actividad artística. Picasso, de igual forma, se instaló en estos primeros años del siglo XX en este barrio centro de una intensa vida nocturna. La iconografía desarrollada por ambos tiene puntos en común. Las actrices y cantantes del cabaret, algunas muy famosas, como Jane Avril, las veremos representadas, sólo unos pocos años después por el joven Picasso.

Arlequín sentado, 1905, Picasso

En estos bajos fondos se encontraban los promotores del arte moderno, aquellos hombres que difundieron un nuevo lenguaje pictórico como el que hicieron Lautrec y Picasso, que se inspiraron en las mujeres que frecuentaban o trabajaban en los lugares de diversión. La mujer proletaria mal pagada en los barrios periféricos era presa fácil de la prostitución. Lautrec, aunque de familia adinerada, fue personaje marginal por su deformación física, que le llevó a mirar a las mujeres que la ejercían con ternura y empatía. Tuvo siempre una visión cotidiana, y las presentaba sin establecer juicios morales como personas normales. Por otra parte, la representación del mundo del circo los emparentó otra vez. Los protagonistas de estos espectáculos pertenecían, igualmente, a un mundo marginal, que daba preminencia al cuerpo y a lo gestual. La utilización del disfraz y su actitud fuera del concepto de orden aceptado por la sociedad les aproximaba a la actividad artística.

Picasso en La Californie

Finalmente, ambos pintores, llegaron a representar el erotismo del desnudo femenino, propio de los ambientes de burdeles. Picasso mantendría el tema universal del sexo a lo largo de su carrera, y especialmente, a final de su vida, lo recupera, en este caso con unas formas de los desnudos excesivas y las acciones mostrando una sexualidad feroz. Siempre valoró, por tanto, la influencia de Toulouse-Lautrec, hasta el punto que en una fotografías tomadas por Edward Quinn en La Californie, una residencia de Picasso en Cannes, entre 1955 y 1961, siempre aparece invariablemente la fotografía que Paul Sescau tomó del pintor francés en 1894 junto al tapiz(1958) de una de sus obras más emblemáticas, Las Señoritas de Aviñón, realizada en 1907.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El cuadro más caro de la historia

Salvator Mundi, 1490-1519

Este mes de noviembre, la pintura atribuída a Leonardo Da Vinci, Salvator Mundi, ha sido subastada en la sala Christie´s de Nueva York y alcanzado la cifra récord de 382 millones de euros. Se convierte, así, en la pintura más cara jamás vendida. Esta circunstacia ha sido posible por emplear una estrategia de marketing exitosa. Recorrió distintas ciudades importantes del mundo y fue expuesta en la exposición monográfica que la National Gallery de Londres dedicó al genio florentino en 2011. Además, se subastó dentro de un lote de obras de arte contemporáneo con unos precios muy elevados, que le favoreció claramente. Partió con un extraordinario precio de salida, 60 millones de euros, una valoración alta para ser un maestro antiguo, aunque hay que destacar que era el último Leonardo en manos privadas, y según alguna opinión era la más rara y la importante pintura que ha aparecido en el mercado del arte en el último siglo.

La última cena, 1495-97

La pieza es una pintura al oleo sobre tabla de nogal. Su estado de conservación es regular y ha sido repintada sucesivas veces en estos quinientos años. Se atribuía al círculo de Leonardo, a algunos de los discípulos, aunque había dudas. Sin duda, el escorzo de la mano bendiciendo es propio del autor. Igualmente, la aplicación de la técnica del sfumato. De esta manera deja su huella personal a un tema más propio de la Edad Media, de la que conserva su visión frontal y solemne, que del Renacimiento. Por otra parte, se desconoce el anónimo comprador, de quien dicen no logrará recuperar la inversión. Un éxito, por tanto, para su antiguo propietario, el magnate ruso, Dmtry Rybovlev, que ha sabido beneficiarse del mercado del arte tan especulativo con las piezas de calidad excepcional.