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jueves, 27 de agosto de 2026

Las pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla


El Centro Cultural Condeduque presenta la exposición, ARTE Y MISERICORDIA, EL BARROCO DE LA SANTA CARIDAD DE SEVILLA EN MADRID, que reúne las importantes pinturas que decoran la iglesia del hospital de la Hermandad de la Caridad de la ciudad hispalense, un conjunto completo iconográfico y artístico de primer nivel. Todas ellas las podemos contemplar cerca del visitante a diferencia de su emplazamiento original en altura. Una excelente oportunidad favorecida por la restauración del edificio donde se situaban desde hace varios siglos. Además se disponen según su posición en el templo. Un conjunto que se debe al mecenazgo de Miguel Mañara, noble sevillano, que tras la muerte de su mujer en 1661, le hace reconsiderar su vida. Para ello, ingresa en la Hermandad dedicada desde el siglo XV al entierro de los muertos pobres, que él ampliaría a la asistencia a las personas desvalidas. Su ideario lo dejó por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada, Discurso sobre la verdad, concretado en la fugacidad de la vida y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna.






Miguel de Mañara elegirá a los mejores artistas del momento, como los pintores Juan de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresarán en la Hermandad para ahorrar costes. La exposición, de esta manera, comienza con el espacio dedicado al primero, compuesto por las dos pinturas conocidas como los Jeroglíficos de las postrimerías, In ictu oculi y Finis gloriae Mundi, que nos comunican la cortedad de la vida sin importar las glorias mundanas; luego el momento del juicio que nos permitirá alcanzar la salvación, si la virtud se ha impuesto sobre los vicios. Igualmente, el artista, se ocupó de las pinturas murales de la bóveda y del presbiterio, de la policromía del retablo mayor, una escultura de la Virgen del Rosario realizada para la enfermería, y dos retratos póstumos del fundador con la intención de preservar su memoria, uno de los cuales se encuentra en la exposición.






El espacio central está dedicado a las obras realizadas por Murillo entre 1666 y1670 que aluden a las obras de misericordia, unas pinturas que reflejan el estilo de madurez del pintor, en pleno dominio de la técnica, donde interpreta el asunto religioso con modelos realistas de la calle. El conjunto principal de ocho pinturas se disgregó en 1810 a raíz de la invasión napoleónica, por lo que sólo podemos disfrutar de cuatro de ellas: Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos; San Juan de Dios transportando a un enfermo; La multiplicación de los panes y los peces; y Moisés y la roca de Horeb, todas ellas de gran tamaño. También se exhiben tres pinturas al margen de este programa iconográfico: un Niño Jesús Salvador y un San Juanito que se sitúan en sendos áticos de dos retablos laterales, y el lienzo que preside el retablo de la Anunciación, de este mismo asunto. 





El último espacio de la visita se dedica a las esculturas del retablo mayor, un prodigio de expresividad y teatralidad barroca, realizadas por Pedro Roldán, en colaboración con el tracista antes dicho y la policromía de Valdés Leal. En concreto, en la exposición, se han traído las esculturas del San Jorge, patrono titular de la iglesia y San Roque, protector de enfermedades, además, el Cristo de la Caridad, que refuerza el mensaje de la Hermandad, y una imagen de la Virgen con el Niño de comienzos del siglo XVI.





viernes, 21 de agosto de 2026

Una colección madrileña de antiguos maestros


El Museo de Historia de Madrid presenta la exposición, GOYA Y LAS ESCUELAS FLAMENCA E ITALIANA. UN SIGLO DE FILANTROPÍA DE CARLOTA DE SANTAMARCA Y ANTONIA GONZÁLEZ, que reúne un conjunto 57 piezas entre pinturas, esculturas y mobiliario, que forman parte en la actualidad de los bienes de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Unos bienes que provienen del legado testamentario de la que fue II condesa de Santamarca y duquesa viuda de Nájera, que siguió la tradición coleccionista de su padre, un prominente banquero, que a su muerte decidió dedicar su fortuna a la construcción de un orfanato de niñas, que sería decorado con obras de arte, algunas que estuvieron en su palacio de la calle Alcalá. A ellos se añaden las originarias del legado de Antonia González y Pérez, viuda del empresario Ramón Pallarés y Prats, que también dispuso a su muerte la construcción de otro orfanato. Hoy ambos forman parte de la misma institución y tienen como finalidad la educación en sus distintos niveles.



El núcleo de la muestra lo forma la colección Santamarca, integrada en la actualidad por 230 pinturas que abarcan desde comienzos del siglo XVII hasta principios del siglo XX y representan las escuelas española, italiana, flamenca y francesa. Las pinturas más destacadas son la serie de los Juegos de niños de Francisco de Goya, compuesta por seis lienzos realizados hacia 1785-1786, que provenían de los bienes del duque de Nájera, y hoy se exhiben en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. A ellas se suman piezas de maestros españoles del siglo XVII, activos en la capital, como Bartolomé y Vicente Carducho, Juan de Arellano, Francisco Camilo, y José Antolínez. De la misma época, son las pertenecientes a la escuela flamenca, entre las que sobresalen el Triunfo de Neptuno y Anfitrite de Frans Francken, y obras de Frans Snyders y Paul del Vos, entre otras. La pintura italiana está igualmente representada, tanto la religiosa como la decorativa, una sobre todo por el prolífico Luca Giordano con un monumental lienzo de la Huida a Egipto, y la otra, por un bodegón de Margherita Caffi.



La colección se completa con un valioso conjunto de retratos y pintura del siglo XIX y XX español. Entre los primeros destaca el realizado por José Moreno Carbonero de Carlota de Santamarca, fechado en 1908, y el del duque de Nájera pintado por Ricardo de Madrazo en 1911. Varias obras llevan la firma de Antonio de Brugada, como, la marina que representa el vapor de Isabel II anclado cerca de la costa, y de Jenaro Pérez Villaamil, centrado en los paisajes orientalistas como Las gargantas de las Alpujarras, que proporcionan un carácter romántico a la colección. El conjunto se completa con los bustos en mármol de Antonia González y Ramón Pallarés, firmadas por Miguel de la Cruz Martín, y dos mesas y un sofá que decoraron el suntuoso palacio de la condesa en la calle de Alcalá, uno de los más espléndidos del Madrid de la Restauración.



jueves, 16 de abril de 2026

Las heroínas bíblicas de Guercino



El Museo Thyssen acoge la pequeña muestra, GUERCINO Y SUS HEROÍNAS BÍBLICAS en su sala 12, que reúne 6 grandes obras religiosas de este pintor barroco protagonizadas por mujeres. Son cuadros todos ellos valiosos de grandes figuras entorno al que es propiedad de la institución madrileña titulada, Jesús y la samaritana en el pozo. Una obra de madurez caracterizada por un estilo clasicista, de composición equilibrada, colores brillantes y gestos estereotipados. Por aquel entonces, entorno a 1640, el artista se había trasladado a Bolonia, tras su paso por Roma, y había recibido la influencia de Guido Reni. A esta obra principal, le acompañan otras tres obras de madurez, de distintas épocas, y dos más tempranas, que nos permiten descubrir su primer estilo como Susana y los viejos (1617), de corte más naturalista, de mayor claroscuro y colores pastosos y gestos espontáneos. También de su primer estilo, entorno a 1621, corresponde Jesús y la mujer adúltera, el momento en el que el primero pronuncia la frase: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.






En general, tres iconografías provienen del Antiguo Testamento, y otras tres del Nuevo Testamento. Guercino confiere distintos roles a estas heroínas religiosas: dos obras representan a mujeres anónimas y  arrepentidas tras el pecado, como la samaritana y la adúltera; otras dos como víctimas de situaciones injustas, que son la Susana acosada mientras se baña por los viejos jueces, y la Agar que junto a Ismael es repudiada por Abraham, un auténtico drama donde el niño sufre con lágrimas en los ojos la severidad del patriarca. Una vez más, en esta pintura de madurez, fechada en 1657, destacan sus colores brillantes, sobre todo del azul de lapislázuli. Finalmente, nuestro pintor reinterpreta las que son consideradas por la iconografía cristiana tradicional auténticas femme fatale en favor de valores distintos, una como una  heroína luchadora, la Dalila que es capaz de cortarle el pelo a Sansón sin esperar a los filisteos, de 1654, y otra, la que fuera joven seductora ahora como una víctima sometida a los deseos de su madre, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637).







jueves, 5 de febrero de 2026

Juan Muñoz en el Museo del Prado



El Museo del Prado presenta la exposición, JUAN MUÑOZ. HISTORIAS DEL ARTE, que reúne un grupo de instalaciones, esculturas, dibujos, grabados, gabinetes con pequeñas figuras y libros personales, sobre este artista madrileño que tuvo al museo como un lugar de visita regular e inspiración constante. Comisariada por Vicente Todolí, se despliega en dos salas de la ampliación de los Jerónimos, y en otras dos de la colección permanente y en las escaleras de la entrada de Murillo, así como del exterior. Una celebración para este escultor contemporáneo inspirado por la pintura y admirador de los grandes maestros, de la historia del arte de la que dijo robaba todo lo que podía. Especialmente, se fijó en el Manierismo y el Barroco, de su pintura, escultura y arquitectura. De uno, tomó la distorsión de las figuras, de otro, su teatralidad. Crea, así, un espacio ficticio donde involucra y envuelve al espectador. Un visitante que a través de las salas y subespacios de la muestra encuentra figuras enigmáticas a escala humana en escenarios íntimos o deambulando en grupos. Tienen, a veces, la boca entreabierta o sonriendo; son unos auténticos avatares que evocan la escultura griega que dialogan, como se ha dicho, con textos absurdos y existencialistas de Borges y Becket.






Juan Muños incorpora suelos ópticos evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas de Carl André. Utiliza la arquitectura como parte integral de su obra para crear entornos dramáticos que envuelven al espectador. Así lo observamos en obras como The Prompter o The Nature of Visual Illusion. Las referencias a Velázquez y Goya son constantes en su obra. Del primero toma repetidamente la figura del enano, personaje de diversión en la corte de los Austrias, que los vemos interactuando con estructuras, una mesa de billar o unas barras paralelas, como si se dispusiese a moverse, como lo hace en Las Meninas. También el empleo de espejos, uno de los elementos de la ilusión barroca más significativos. Del segundo evoca las escenas de absurdo de los Caprichos o los Disparates. Además el motivo de los balcones repletos de personajes que miran o el no menos llamativo de esculturas ensacadas, relacionadas con las tituladas, Conversation Pieces, también influenciadas por Giacometti, pero que casan muy bien cuando son expuestas frente al frenesí de figuras de los cuadros de Rubens.






Las esculturas individuales inquietan al espectador en su más variadas poses. Algunas tienen la nariz plana, otras las encontramos colgadas por los pies o la cabeza, que llaman especialmente la atención al encontrarse colgadas en los descansillos de una escalera. La escala humana refuerza la ilusión ficticia sobre el visitante que se siente involucrado dramáticamente. Una vitrina de la exposición nos informa a través de libros de su biblioteca del estudio concienzudo de la historia, el arte y la estética, que le permitirían a mostrar su propia creatividad. Finalmente, una sala reúne sus dibujos y pequeñas vitrinas de esculturas que nos evocan las gabinetes de maravillas del Renacimiento.



miércoles, 1 de octubre de 2025

La pintura de Raimundo de Madrazo


 

La Fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, RAIMUNDO DE MADRAZO, que reúne un conjunto amplio de su obra artística con más de cien obras a modo de antológica, provenientes de las más reputadas instituciones nacionales e internacionales, distribuidas en ocho secciones de manera cronológica y temática, de tal manera, que al comienzo del recorrido nos encontramos con sus obras de las más temprana juventud, pues en su etapa de formación dio muestras de su talento precoz. En sus primeros cuadros religiosos o de historia, observamos la influencia de su padre, Federico, y su abuelo, José, pintores famosos de su época, que llegaron a ser directores del Museo del Prado, y otras entidades artísticas españolas. Además, sus tíos, como parte de la familia de su madre, completaban un entorno propicio para la práctica de la pintura y el dibujo. Sin embargo, nuestro artista decidió desarrollar una carrera dirigida al mercado, a los gustos de la clientela privada, que a los concursos oficiales.



Raimundo se estableció desde comienzos de la década de los sesenta en París, primero para formarse, luego para seguir su propia iniciativa al margen de los apoyos y dictados de su familia. Tuvo éxito entre la clientela de la alta burguesía, que florecía por esos años en la capital francesa. Una clientela que apreciaba sus cuadros de género, y sus retratos, que valoraba un estilo elegante, preciosista, que atendía al detalle con destreza técnica, sustentado en un extraordinario dibujo y en un rico colorido. Por un lado realista, por otro idealizado en la representación de la vida ociosa y privada de esta clase social, de la descripción de sus interiores domésticos. Un estilo intermedio, que la comisaria de la exposición denomina, Juste milieu, entre el academicismo y la pintura moderna, primero el Impresionismo, luego la de vanguardia.



Durante sus años de éxito en París, se centró en pequeños cuadros costumbristas, llamados, tablealutins, que nos descubren la vida de la burguesía, de sus fiestas de máscaras o sus salidas al teatro, del ocio de bellas mujeres en sus ricos interiores domésticos. Un capítulo de la exposición se centra en la modelo que encarnó las distintas facetas de la mujer francesa, Aline Masson, que protagoniza esos personajes femeninos anónimos que protagonizan las más variadas escenas. En la Exposición Universal de 1878, se consagró su fama al recibir la medalla de primera clase y la condecoración de la Cruz de la Legión de Honor, tras participar con catorce cuadros. Al termino de la centuria, quedaba muy atrás el atractivo de su pintura, un estilo enriquecido por la influencia de su cuñado, Fortuny, muerto mucho antes en 1874. Miró, entonces, al continente americano, donde su pintura seguía demandada por los clientes, especialmente los retratos. A ellos se iba a dedicar, residiendo durante el invierno desde 1897 en Nueva York. 



La clientela norteamericana estaba formada por las grandes fortunas provenientes de la industria, magnates, como Archer Milton Hutington, fundador de la Hispanic Society of America o Cornelius Vanderbilt II, que le atraía su estilo elegante y preciosista, sus rigurosos retratos que mostraban una riqueza tradicional a la que aspiraban. Desde 1914, regresa a Francia y se establece en Versalles. En sus años finales hasta su muerte en 1920, su pintura se ve influenciada por la moda dieciochesca, que reivindicaba los tiempos de Luis XIV y Luis XVI. Evoca un esplendor pasado con un lenguaje menos preciosita que en décadas anteriores. Sin duda, la prueba precisa de su decadencia y valoración, para luego ser olvidado por la historiografía del arte, circunstancia que hoy empieza a ser cambiada.



jueves, 4 de septiembre de 2025

El arte de Néstor Martín-Fernández de la Torre



 El Museo Reina Sofía presenta la exposición, NÉSTOR REENCONTRADO, que supone una retrospectiva del artista canario, Néstor Martín-Fernández de la Torre, hoy poco conocido salvo en su archipiélago natal, y singular en sus propuestas a comienzos del siglo XX. A través del recorrido de la misma se descubren sus diferentes y ricas facetas, desde la pintura de lienzos, la de carácter mural, y el diseño de escenografías y vestuario teatral, el diseño de portadas de libros y estampados de telas, y la decoración de muebles. Fue un auténtico personaje volcado al arte desde edad temprana. Nacido en una familia acomodada y culta, tuvo una exquisita educación por parte de los pintores Eliseu Meifrén i Roig y de Rafael Hidalgo de Caviedes, además de su participación desde joven en las tertulias madrileñas, donde entró en contacto con otros pintores y artistas. Una formación que se hizo cosmopolita al residir primero en Londres en 1904, y conocer la corriente prerrafaelita, luego en París, donde se sumergió en el simbolismo.





Resulta sobresaliente para el visitante que la exposición del Reina Sofía, muestre las obras desde su primera juventud hasta configurar su estilo propio, reconocible. Un recorrido articulado en diez secciones, tanto cronológicas como temáticas, de un pintor que era valorado por las revistas culturales de su tiempo y mostrado por las galerías. Un hecho que podemos comprobar en los documentos expuestos en las salas. De esta manera, fue un periodo fundamental, su estancia en Barcelona entre 1907 y 1913, atraído por la arquitectura modernista. Su éxito entre los coleccionistas locales y del mundo cultural, no obviaron las críticas al mostrar sus cuadros desnudos con ambigüedad sexual, sin respetar los cánones binarios de masculinidad y feminidad, como en Epitalamio ( o las bodas del príncipe Néstor) (1909), o las obras dentro de la exposición celebrada en Fayans Catala en 1911, que le sitúan en el decadentismo y preciosismo, con figuras andróginas y homoeróticas. Unas figuras que recuerdan la impronta de la pintura renacentista y manierista, de Leonardo y Miguel Ángel.






El comienzo de la Primera Guerra Mundial hizo que se estableciese en Madrid donde conoció a Federico García Lorca, frecuentando la Residencia de Estudiantes, donde conoció al futuro compositor, Gustavo Durán Martínez, su pareja durante una década, a quien retrató. Uno de los grandes proyectos de su etapa de madurez fue la construcción del Palacio del Atlántico, que pretendía decorar con grandes pinturas referidas a los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego. Sólo llevó a cabo un grupo de ellas, como el Poema de los elementos, y otras trece, insertas en el Poema del Atlántico y el de la tierra. Se muestran exuberantes de erotismo, que incorpora principios esotéricos y de la masonería, en un marco simbolista y protosurrealista. La  amplia exposición completa su recorrido a espacios dedicados a los retratos de mujeres, y representaciones de una feminidad no sometida, marcada por el art decó y el folklore español.





Otras secciones se centran en el tema del sátiro, figura masculina con cuernos de carnero, que transmiten gran fuerza sexual; en mostrar su talento escenográfico, como el desarrollado para El amor brujo de Manuel de Falla de 1915, donde se aleja del costumbrismo en favor de la vanguardia; en la obra muralista, desde los plafones del Salón del Tibidabo (1909), hasta la decoración del Salón de Baile del Casino de Santa Cruz de Tenerife (1932-1936); en los diseños de los más variados objetos, como telas, portadas de libros, muebles, y arquitecturas; y la promoción de las Islas Canarias, su lugar de nacimiento y presente continuo en su pintura, en favor de su conocimiento y ser atractiva para el turismo. El mar y sus criaturas, la naturaleza propia, los deportes, las fiestas, la indumentaria, la artesanía, la danza, englobadas en la cultura popular con el término, tipismo, fueron puestas en valor por Néstor.





miércoles, 28 de mayo de 2025

Arte español del siglo XX


La Fundación Cristina Masaveu Peterson presenta la exposición, COLECCIÓN MASAVEU. ARTE ESPAÑOL DEL SIGLO XX. DE PICASSO A BARCELÓ, que reúne cien de las obras más destacadas de sus fondos de este siglo. Obras de carácter pictórico y escultórico, aunque también sobre papel y fotografía. Un recorrido que proporciona una visión propia de la evolución del arte en nuestro país, determinada por los gustos e intenciones de las compras, que de todas maneras, cubre las distintas tendencias del mismo. La exposición, así,  se estructura a través de apartados con las distintas afinidades de un conjunto amplio de artistas. Arranca con la sección, Juan Gris, Picasso, Blanchard, González y las vanguardias, es decir centrada en el cubismo, según diferentes ejemplos, siendo la más representada con tres obras la artista santanderina.



En Nostalgias y temores otros caminos de lo moderno, destacan obras singulares, desde un Sorolla hasta una de José Gutiérrez Solana del interior de un prostíbulo, pasado por magníficos ejemplos de Isidro Nonell. También, de Salvador Dalí, con dos obras de paisaje. Ética y estética de la Escuela de París a Joan Miró, el siguiente apartado, reúne pinturas y esculturas hasta mediados de siglo. Podemos contemplar ejemplos de artistas como Oscar Domínguez, Luis Fernández, Francisco Bores, y del pintor catalán. La entrada a una nueva época está presidida por un enorme lienzo, otra vez, de Salvador Dalí, que responde a su estilo más reconocido. En la segunda mitad del siglo XX, los caminos artísticos se bifurcan. Entre ellos se encuentran los llamados Realismos, que en el recorrido lo componen obras de Antonio López, con un paisaje del sur de Madrid, y el interior de un servicio, o Carmen Laffón. 



Posteriormente, un amplio conjunto se refiere a la pintura abstracta en la sección Informalismos; Españoles en Nueva York; Paisaje y abstracción, y Abstracción geométrica, donde sobresalen nombres como Manuel Millares, Manuel Rivera, Luis Feíto, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Fernando Zóbel y Gustavo Torner. Secciones con otra impronta lo forman, ¿Pop? Imagen y Compromiso y Figuraciones madrileñas. En Barceló, nos enfrentamos a tres obras de su mano que cubren las paredes de un pequeño espacio, fruto del interés por unos años del coleccionista Pedro Masaveu por su obra. El recorrido termina con Fin de siglo, que exhibe esculturas de Joan Brossa, Cristina Iglesias y Jaume Plensa, entre otros.



viernes, 25 de abril de 2025

Guardi y Venecia


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, GUARDI Y VENECIA EN LA COLECCIÓN DEL MUSEO GULBENKIAN, que reúne todas las pinturas que dicho museo atesora, unas 18, más un dibujo, formando una pequeña muestra de este artista, como colaboración entre distintas instituciones. Están fechadas entre 1765 y 1791, y se agrupan según representen los lugares más icónicos de la ciudad; las fiestas y los eventos multitudinarios; y los alrededores y algunos caprichos. Guardi, tras el fallecimiento de Canalleto en 1768, se convirtió en el vedutista más importante de Venecia. Si al principio, siguió el estilo preciso de su predecesor, luego desarrolló uno propio más dinámico y emotivo.



Entre las vistas más repetidas, destacan las que representan al puente de Rialto desde distintos puntos de vista. Un puente que el artista se permite pintar según el antiguo proyecto de Palladio. Este lugar era el centro económico de la ciudad, y hay atracaban las barcazas que abastecían a los mercados situados alrededor del Gran Canal. También, otros puntos destacados eran la plaza de San Marcos y el Palacio Ducal, sin olvidar el conjunto de San Giorgio Maggiore. Una de las fiestas más importantes era la de la Ascensión, que conmemoraba la hegemonía de la República sobre el mar, y se escenificaba con la salida del Dux a bordo del barco, Bucintoro. Igualmente, eran destacadas las vistas de regatas, que propiciaron extraordinarios escenarios compuestos de embarcaciones, arquitecturas engalanadas y grupos de figuras, donde el cielo y el agua comparten protagonismo.



Frente a los grandes acontecimientos, Guardi, representa los alrededores modestos de Venecia, como Dolo, donde cobra protagonismo la vida cotidiana de personajes anónimos que se encargan de sus labores diarias. Finalmente, esta pequeña exposición, muestra el tema de los caprichos, que tienen como motivo central, el paisaje junto a templos, ruinas, pórticos y arcadas. Son pequeñas obras en las cuales se deja llevar por la inventiva por medio de una pincelada suelta y dinámica. Transmite el paso del tiempo a través del deterioro de los elementos envueltos en una atmósfera lírica, embargándonos de un sentimiento de nostalgia.



jueves, 20 de marzo de 2025

Cien años de Sorolla


 

La Galería de las Colecciones Reales presenta la exposición, SOROLLA, CIEN AÑOS DE MODERNIDAD, con motivo de su centenario, y que ha sido recientemente prorrogada hasta abril de este año. Una oportunidad para contemplar un conjunto de 77 obras originales del autor a lo largo de su carrera, comisariada por la bisnieta del autor, siendo un conjunto significativo las que provienen de su casa y museo madrileño, aprovechando las obras de su rehabilitación; otras, en cambio, proceden de las más renombradas instituciones que las atesoran. Incluye, además, un espacio con los hitos más importantes de su biografía. Se inicia con su retrato en mármol de Mariano Benlliure, que nos informa del éxito que tuvo en su tiempo a comienzos del siglo pasado, y su pleno atractivo en la actualidad. Sorolla fue huérfano, educado por sus tíos, para mostrar pronto su talento. Pensionado en Roma, tuvo a los grades maestros como referencia para su concepción de la pintura, muchos de ellos estudiados en el Museo del Prado.



La exposición se organiza en cinco grandes apartados, tanto temáticos como cronológicos: Rumbo al éxito; El mar, siempre nuevo; Sentir el retrato; Visión de España; Del paisaje al jardín. El escritor Blasco Ibáñez le llamó el pequeño Velázquez, pues sabía unir la verdad de los antiguos maestros, con la seguridad, frescura y brillantez de su pincelada. El éxito lo inició en Madrid, tras una obra centrada en la realidad cotidiana y en las injusticias sociales, que se han convertido en emblemáticas de su trayectoria. Los premios conseguidos en exposiciones y salones le llevaron a la cima de su carrera en 1900. Observamos, así, en el primer apartado pinturas como La vuelta de la pesca o El boulevard de París, que no se había visto nunca en público. Sorolla supo captar como nadie la luz de Valencia, la ciudad de su nacimiento, para incorporarla a su paleta para siempre. El artista trabajó largas jornadas sobre la arena de la playa demostrando su amor hacia el mar Mediterráneo, al litoral español. Crea, es esta forma, un estilo y una temática propia que le identifica.



Sus pinceles capturaron la vida de los pescadores; de las gentes, especialmente niños y adolescentes bañándose, desde diversos ángulos, jugando o secándose, dando importancia a la pose que recuerda el clasicismo; a los distintos tipos de luces, la de la mañana, la intensa del mediodía, la más dorada del atardecer. Además, de la calidad y los efectos del agua, especialmente el de Jávea. En cambio, el litoral del norte de España, es más propio para el turismo elegante, el único existente en la época,  que practicó el mismo artista y su familia. Si hay un apartado que recuerde a los grandes maestros antiguos, es el del retrato, donde captura un momento efímero, donde las miradas de cruzan con el espectador, a partir de su trazo firme. Son numerosos aquellos que capturan a la familia, su mujer individualizada y sus tres hijos, de la misma manera, y en grupo. También de personajes relevantes de la sociedad de su tiempo, como los premiados con el Nóbel y clientes de la alta sociedad.



En este punto del recorrido se puede visitar la sala de su biografía, compuesta de paneles iluminados y proyecciones de sus fotografías. Al fondo una de gran tamaño muestra el momento en el que el mismo rey Alfonso XIII, está posando al aire libre para el pintor. Recordar la fama que tuvo en la primera década del siglo XX. Una fama que se va a extender a EEUU por el encargo para decorar la Hispanic Society, que le llevará varios años recorriendo y pintando por las distintas regiones de la Península.  Constituye el apartado, Visión de España, cuando retrata también a sus gentes con los trajes típicos de la época. Unas semblanzas pictóricas imbuidas de espíritu regeneracionista, que reforzará con los numerosos paisajes naturales y urbanos, tan diversos de luces y de formas de nuestro territorio. Luego, al final de su vida, el tema principal será el jardín de su casa madrileña. Sorolla afirmará que no tiene una receta que defina su pintura, salvo que es expresión del alma.



jueves, 31 de octubre de 2024

La colección Pérez Simón



La sala CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid presenta la exposición, SETENTA GRANDES MAESTROS DE LA COLECCIÓN PÉREZ SIMÓN, una selección escogida de uno de los conjuntos artísticos privados más relevantes reunidos, que suman un total de tres mil cuatrocientas obras entre pinturas, esculturas, dibujos y obra gráfica, producto de una intensa pasión por el arte y con el objetivo de su estudio, conservación y difusión. Un conjunto que muestra un espíritu enciclopédico por la variedad de autores y lugares de procedencia en tres de los continentes, Europa, América y Asia. Fruto del conocimiento y del gusto personal formado desde la adolescencia por medio de la visita de museos en su afán de búsqueda de la belleza. Una trayectoria que invita al visitante a realizar otra por esta selección que se presenta ahora en la capital, que se inicia en el Renacimiento. Destacan en esta sección titulada, Maestros antiguos y primeros modernos, un Retrato del Príncipe Carlos Luis de Van Dyck, de cuerpo entero y de gran tamaño; una Virgen con el niño, de Rubens; un extraordinario Murillo representado a San Juan Bautista; la Caridad, de Lucas Cranach el Viejo, y atendiendo al país de procedencia del coleccionista, una Virgen de Guadalupe, de Manuel de Arellano.






El siglo XIX constituye la segunda sección, seguramente el periodo que sobresale de esta exposición y de su entera colección, por el número y la calidad de sus obras. Entre ellas destaca, la pintura victoriana, el conjunto más importante de este periodo fuera del Reino Unido. Muestra sus distintas tendencias, el Academicismo, el Esteticismo, el Prerrafaelismo y el Romanticismo. Presenta una obra capital del periodo, Las rosas de Heliogábalo, de Lawrence Alma-Tadema. Tiene un apartado especial, El retrato femenino, donde se introducen obras de autores españoles, como Ignacio Zuloaga, Raimundo de Madrazo y Julio Romero de Torres. El conjunto de pinturas francesas del periodo sobresale, igualmente con relevantes ejemplos del Impresionismo, Postimpresionismo y Simbolismo, mostrando obras de Monet, Pisarro, Renoir, Gauguin, Cézanne, Van Gogh, y Gustave Moreau. Finalmente, de este siglo, observamos pinturas españolas de Sorolla y Anglada Camarasa.






La tercera sección, denominada, De las Vanguardias al arte actual, mantiene el atractivo para el espectador. Exhibe obras de Kokoschka y Munch, dentro del Expresionismo; de Picasso, Braque y Léger, que se engloban en el Cubismo; muestra una obra Dufy situada en el Fauvismo; y de Salvador Dalí, Paul Delvaux y René Magritte, representando al Surrealismo. Por otra parte, llama la atención el Desnudo reclinado con libro, de Tamara de Lempicka, en estilo art déco, y dos obras mexicanas, una de Diego Rivera, y otra de Frida Kalho, titulada, Niña Tehuacana, Lucha María, fechada en 1942. Las obras de la segunda mitad del siglo subrayan su gusto amplio y de diversa procedencia, con autores como Mark Rothko, Alex Katz, Pistoletto, Miquel Barceló y Manuel Valdés. La sala que pone fin al recorrido incluye obras procedentes de Japón y de China, potencia artística emergente. Finalmente, un paisaje urbano del realismo madrileño, la clásica representación del comienzo de la Gran Vía, de Antonio López García.





lunes, 7 de octubre de 2024

Las 31 mujeres artistas de Peggy Guggenheim


 

La Fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, 31 MUJERES. UNA EXPOSICIÓN DE PEGGY GUGGENHEIM, que reúne una selección y reinterpretación de las obras de las artistas que estuvieron en la mítica exposición organizada por la galería neoyorquina, Art of This Century, propiedad de la famosa mecenas. Una exposición, Exhibition by 31 Women,  inaugurada en 1943, que fue de las primeras que mostraba obras de artistas mujeres, en este caso provenientes de EEUU y de Europa. En la organización y selección participaron a parte de la propia mecenas, Marcel Duchamp, André Breton, y Max Ernst. Pretendía mostrar un arte hecho por mujeres y superar los prejuicios y estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal. De la misma forma, demostrar una perspectiva propia de los lenguajes pictóricos contemporáneos, por esos años adscritos al surrealismo y el expresionismo abstracto. 




La exposición originaria supuso un hito importante en la historia del arte contemporáneo, sentando las bases para un mayor reconocimiento de las aportaciones de las artistas mujeres. Así, posteriormente en 1945, la galería organizaría, The Women, y luego, inspiraría una serie de muestras individuales. El recorrido de la exposición actual en Madrid se inicia con un preámbulo que nos cuentan estos aspectos a través de fotografías y documentos de la época, las opiniones personales de Peggy Guggenheim sobre el arte hecho por mujeres. Una enorme imagen de ella en su galería cubre una de las paredes como símbolo del valor de su iniciativa. La segunda parte de la exposición se organiza en cuatro secciones que proponen una aproximación a los ejes temáticos y estrategias que exploraron las artistas representadas con el objetivo de afirmar su independencia y superar los tópicos dependientes de los criterios masculinos.



La primera sección se denomina, El yo como arte, que alude a la autorrepresentación como una de las estrategias utilizadas para escapar de los roles de género y expectativas sociales de la ideología burguesa. Para ello emplearon disfraces, maquillajes, personalidades inventadas a través de perfomances, y creando relatos inventados sobre sí mismas mezclados con la realidad. La segunda sección denominada, Lo extrañamente familiar, alude a lo siniestro, un concepto de Freud, por el cual las creadoras reinterpretaron los géneros del paisaje y bodegón. La casa no es un contexto amable y acogedor vinculado a la feminidad, sino un territorio amenazante y misterioso. Además, los objetos y los paisajes cotidianos aparecen revestidos de un sentido perturbador. La tercera sección, Bestiarios, muestra la importancia de la representación de animales de las artistas vinculadas al surrealismo. Se recrea un mundo mítico, habitado por seres en proceso de transformación, donde se difuminan los límites entre lo humano y animal. Libre, por tanto, al superar las identidades heredadas.



La cuarta sección lleva como título, The Middle Way: Lenguajes de la Abstracción, que expone la aportación de las participantes a estos lenguajes en su mayoría alejados del expresionismo imperante. De esta manera, prestaron atención a la hibridación de prácticas y a las artes decorativas, enlazando con los rasgos propios de la abstracción producido por mujeres desde principios del siglo XX. Finalmente, el recorrido termina en una sala que hace de epílogo, donde cuelgan los retratos fotográficos de las artistas que participaron en la exposición de 1943, unidos con líneas formando un atlas, que indican su aportación al arte de su época y las redes de colaboración y amistad que se establecieron entre ellas, al margen de las que tuvieron con sus colegas masculinos.



miércoles, 5 de junio de 2024

El ¨Ecce Homo¨ de Caravaggio recuperado

El Museo del Prado mostrará durante nueve meses uno de los descubrimientos más importantes de la historia del arte de los últimos años, un Ecce Homo de Caravaggio, que iba a ser subastado en la sala Ansorena de Madrid como una obra del círculo de Ribera, por el precio ridículo de salida de mil quinientos euros, cuando ha sido vendido recientemente por treinta millones de euros, a pesar que ha sido declarada inexportable y Bien de Interés Cultural. Provenía de la familia Pérez de Castro, de uno de sus miembros coleccionista e ilustrado, redactor de la Constitución de 1812. La obra la cambió por otra a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y proviene de las colecciones de Felipe IV. Su origen se encuentra en Nápoles, adquirida por el virrey de ese reino.

Los barnices y el polvo acumulado parece que no dejaban mostrar su auténtica valía. El museo del Prado la expone tras la minuciosa y precisa restauración internacional, primero, en una sala específica, oscura, que resalta las luces y sombras propias de la pintura, y luego, se dice, junto a sus colecciones. De su contemplación se puede destacar que causa impacto en el espectador. Sin duda, es una obra superior, llena de matices, poderosa, de la mano singular de un gran maestro como Caravaggio, en pleno apogeo de su estilo, más libre y seguro. Un tema muy repetido al que el artista proporciona un dramatismo y un sentimiento pronunciado.  

El grupo de figuras parece que se asoma a una ventana. En primer plano, Pilatos pronuncia la frase célebre del Evangelio. Tiene una postura girada, pues mira al público, mientras los brazos se vuelven a Cristo en segundo plano con la cabeza caída y los ojos cerrados por el dolor de la corona de espinas desde donde cae la sangre con naturalidad. Detrás, un soldado con la boca abierta y mirando a la masa que pide justicia. La restauración ha logrado resaltar los más mínimos matices de luz y color. Sus dos manos abren un manto rojo como la sangre que expone el cuerpo desnudo. El tamaño de la obra es la ideal, ni pequeña, ni demasiado grande, llena de armonía y extraordinaria belleza. Se afirma que siempre va a estar de cara al público. Sería lo más acertado por la calidad superior que muestra y el sentimiento que transmite.