El Museo Thyssen acoge la pequeña muestra, GUERCINO Y SUS HEROÍNAS BÍBLICAS en su sala 12, que reúne 6 grandes obras religiosas de este pintor barroco protagonizadas por mujeres. Son cuadros todos ellos valiosos de grandes figuras entorno al que es propiedad de la institución madrileña titulada, Jesús y la samaritana en el pozo. Una obra de madurez caracterizada por un estilo clasicista, de composición equilibrada, colores brillantes y gestos estereotipados. Por aquel entonces, entorno a 1640, el artista se había trasladado a Bolonia, tras su paso por Roma, y había recibido la influencia de Guido Reni. A esta obra principal, le acompañan otras tres obras de madurez, de distintas épocas, y dos más tempranas, que nos permiten descubrir su primer estilo como Susana y los viejos (1617), de corte más naturalista, de mayor claroscuro y colores pastosos y gestos espontáneos. También de su primer estilo, entorno a 1621, corresponde Jesús y la mujer adúltera, el momento en el que el primero pronuncia la frase: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
En general, tres iconografías provienen del Antiguo Testamento, y otras tres del Nuevo Testamento. Guercino confiere distintos roles a estas heroínas religiosas: dos obras representan a mujeres anónimas y arrepentidas tras el pecado, como la samaritana y la adúltera; otras dos como víctimas de situaciones injustas, que son la Susana acosada mientras se baña por los viejos jueces, y la Agar que junto a Ismael es repudiada por Abraham, un auténtico drama donde el niño sufre con lágrimas en los ojos la severidad del patriarca. Una vez más, en esta pintura de madurez, fechada en 1657, destacan sus colores brillantes, sobre todo del azul de lapislázuli. Finalmente, nuestro pintor reinterpreta las que son consideradas por la iconografía cristiana tradicional auténticas femme fatale en favor de valores distintos, una como una heroína luchadora, la Dalila que es capaz de cortarle el pelo a Sansón sin esperar a los filisteos, de 1654, y otra, la que fuera joven seductora ahora como una víctima sometida a los deseos de su madre, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637).
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