La Fundación Casa de México en España presenta la exposición, REBELDÍAS VANGUARDISTAS DEL SIGLO XX. OBRAS DE LA COLECCIÓN VICKY Y MARCOS MICHA LEVY, que reúne una selección de cien obras de algunos de los más grandes artistas de México, imprescindibles para comprender la construcción de la modernidad artística del país. Una primera sala se dedica a los grandes muralistas que contribuyeron a crear la identidad nacional partiendo de los orígenes prehispanos con tintes revolucionarios. Ante los ojos de los visitantes, podemos descubrir un conjunto destacado de obras de manos de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Al mismo nivel, destaca la importancia de José Clemente Orozco, maestro de la alegoría y del simbolismo, así como autor de importantes murales. Junto a él, en el mismo espacio, aparecen otros autores de la modernidad mexicana como Germán Cueto, Saturnino Herrán, Carlos Mérida, Roberto Montenegro o Manuel Rodríguez Lozano. Por otra parte, Nahui Olin, una creadora visual y escritora, desarrolla una perspectiva femenina.
Un espacio propio lo constituyen las aportaciones de Miguel Covarrubias, figura sobresaliente del siglo XX, que destacó como artista, escritor, antropólogo y coleccionista. Fue ilustrador de Vanity Fair y desarrolló su obra entre México y Nueva York. Se interesó por la conservación de las culturas originarias y por visibilizar las aportaciones de las minorías. Desde su maestría en el dibujo, nos retrató los ambientes de la música de jazz en Harlem, durante los felices años 20; también se ocupó de la cultura Olmeca; de los indígenas de Bali; de las efigies de figuras destacadas de los regímenes totalitarios del momento. El siguiente apartado corresponde a la obra de dos artista oaxaqueños, que compartieron una vida profesional en París, que les resultó decisiva para su práctica artística: Rufino Tamayo y Francisco Toledo. El primero, fue mentor del segundo, de distinta generación.
Ambos realizaron investigaciones sobre las culturas prehispánicas, y si Tamayo es considerado maestro del color, Toledo trazó representaciones asociadas a mitos y ecosistemas, un cuerpo de obras eróticas y sexuales entre humanos y animales. Finalmente, el recorrido termina con un espacio dedicado al artista, Mathias Goeritz, que llegó a México en el año 1949, y representó un pensamiento arquitectónico y visual esencial en la evolución hacia la contemporaneidad.




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