viernes, 4 de septiembre de 2026

El arte textil de Aurelia Muñoz


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, AURELIA MUÑOZ, ENTES, un amplio recurrido de su extensa trayectoria durante cinco décadas, desde mediados de los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI. Una artista, que a pesar de las dificultades de su tiempo, supo transcender el arte manual del tejido, para experimentar más allá con diferentes materiales e interactuar con la arquitectura y la ingeniería. Fusiona como nadie las técnicas antiguas y los medios contemporáneos, las aportaciones de las culturas ancestrales, precolombinas, y la influencia de las vanguardias del pasado siglo. Absorbe influencias desde el gótico al surrealismo y modernismo, con una fuerte presencia de la inventiva de Leonardo da Vinci. Por todo ello, siendo los últimos días en los que permanece abierta esta retrospectiva, merece la penas recorrer las salas con su impactante obra. Impactante por sus originales formas como sus atrevidas propuestas, que interpelan al pasado, presente y al mismo futuro, que relacionan la condición humana con la natural, el medio terrestre con el aéreo y el acuático, y aluden a un mundo artificial y poshumano.



El primer apartado y gran espacio de la muestra se dedica a los grandes tapices, a los bordados y las telas estampadas, en las que nos encontramos las influencias iconográficas y de técnicas, tanto antiguas como de la vanguardia.  El segundo espacio, y tal vez, por el que se identifica a la autora, corresponde a las esculturas anudadas o macramé, algunas de imponentes dimensiones. Son monocromas ligadas al tono del material, muchas de ellas suspendidas en el aire o enraizadas en el suelo, desafiantes con sus cuerpos casi vivos, de ahí el apelativo de entes o seres en el título de la exposición. El siguiente grupo de obras pertenecen a su interés por investigar las estructuras arquitectónicas y las fuerzas en el espacio construido, fascinada por el aire, las velas y los vientos. De esta manera, dará a luz unas esculturas voladoras similares a parapentes, hechas con grandes lonas articuladas por varillas, que llamará aerostatos y pájaros-cometas, entendidos, no como máquinas, sino como seres con algo vivo y animal.



El dibujo acompañó a la artista a lo largo de su trayectoria como actividad paralela, pero con una consideración autónoma. Utilizaba par ello tinta china, bolígrafo o acuarela sobre cartulina blanca o cuaderno. Reflejan su universo mental y cultural. Son obras firmadas que rara vez expuso, y trasladan la representación de seres humanoides, animales y robots en composiciones complejas. A lo largo de los años ochenta se interesa por el papel hecho a mano y el libro como su forma concreta, que se transforma en aéreo. Un interés por el papel que se relaciona con el medio marino y su interés por las formas acuáticas que ocupará su trayectoria hasta el final de su vida. Aurelia Muñoz fue una artista rigurosa, bien documentada, como demuestra el espacio dedicado a su archivo, repleto de maquetas, libros y fotografías, que nos hablan de la diversidad de fuentes para desarrollar su practica artística.




jueves, 3 de septiembre de 2026

El arte singular de Felix González-Torres


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, FELIX GONZÁLEZ-TORRES, DULCE VENGANZA, cuyo título alude a la frase que escribió en 1991 cuando regresó a Madrid tras veinte años después de realizar la primera visita siendo un niño en 1971, al presentar su obra Untitled (Revenge), una escultura de caramelos azules envueltos en celofán. La paradoja que alude el mismo sirve de herramienta para entender la esencia contradictoria de su obra. Una obra en la que influye su trayectoria de exiliado, de emigrante, pues nació en Cuba, para trasladarse definitivamente a EEUU, y desarrollar su obra durante los años ochenta y noventa. Un artista que se confiesa abiertamente gay, y defensor por tanto de una posición en la cultura y sociedad desde una perspectiva diferente. Además, infectado por el virus del sida que le provocaría su muerte prematura. Su arte adquiere, por tanto, una singularidad que muestra la exposición actual.



Para González-Torres, no cabe la indiferencia en nuestro mundo, cuyo presente continuo está limitado por la ideología imperante. La estética y, en consecuencia, la belleza adquiere tintes políticos. Su obra, por otra parte, no es realista, mimética con la naturaleza, sino abstracta, minimalista, conceptual, influenciada por el arte povera. Una obra que interpela al espectador y le hace partícipe de la misma, es rotundamente performativa, lo que hace complejo su exhibición, pues nos encontramos con ejemplos que se fabrican expresamente para la ocasión, y otras son únicas con los materiales propios de las Bellas Artes. De todas formas, siguen las indicaciones generales dadas por el autor en su momento. Así nos encontramos esculturas formadas por montones de caramelos o de hojas y cartulinas de diversos colores, unas vacías y otras con nombres o imágenes, que el visitante puede llevarse según pasa frente a la misma.



Lo efímero de su obra, pero reproductible, también lo observamos en las cortinas de luces, en las vallas publicitarias, cuya paradoja reside en que no se pueden reproducir, en algún caso, nada más que una vez. Los retratos, a su vez, se pueden cambiar según la época de exhibición. González-Torres es un artista que reflexiona sobre el presente y el arte. Sus pensamientos acompañan la visita y nos ayudan a entender muchos de sus planteamientos, como ese mismo retrato explicado por palabras, más que por imágenes; la importancia de comprender la realidad sin certezas sobre nociones de identidad, ciudadanía y autoridad, así como de emociones sobre el amor y el duelo. En ellas, las esferas de lo público y lo privado están unidas en un mundo frágil y muy pequeño en el que se hace necesario traspasar las fronteras ideológicas para observar la realidad. Una existencia donde resulta importante el concepto del movimiento y el tránsito que afecta al artista, su obra y su permanencia en el mundo. También, la historia no es lineal, sino recurrente, como se muestra en la obra compuesta por un montón de cartulinas rojas con los nombres parejos de Himmler y Helm en la misma cara, pertenecientes a tiempos diferentes.




jueves, 27 de agosto de 2026

Las pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla


El Centro Cultural Condeduque presenta la exposición, ARTE Y MISERICORDIA, EL BARROCO DE LA SANTA CARIDAD DE SEVILLA EN MADRID, que reúne las importantes pinturas que decoran la iglesia del hospital de la Hermandad de la Caridad de la ciudad hispalense, un conjunto completo iconográfico y artístico de primer nivel. Todas ellas las podemos contemplar cerca del visitante a diferencia de su emplazamiento original en altura. Una excelente oportunidad favorecida por la restauración del edificio donde se situaban desde hace varios siglos. Además se disponen según su posición en el templo. Un conjunto que se debe al mecenazgo de Miguel Mañara, noble sevillano, que tras la muerte de su mujer en 1661, le hace reconsiderar su vida. Para ello, ingresa en la Hermandad dedicada desde el siglo XV al entierro de los muertos pobres, que él ampliaría a la asistencia a las personas desvalidas. Su ideario lo dejó por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada, Discurso sobre la verdad, concretado en la fugacidad de la vida y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna.






Miguel de Mañara elegirá a los mejores artistas del momento, como los pintores Juan de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresarán en la Hermandad para ahorrar costes. La exposición, de esta manera, comienza con el espacio dedicado al primero, compuesto por las dos pinturas conocidas como los Jeroglíficos de las postrimerías, In ictu oculi y Finis gloriae Mundi, que nos comunican la cortedad de la vida sin importar las glorias mundanas; luego el momento del juicio que nos permitirá alcanzar la salvación, si la virtud se ha impuesto sobre los vicios. Igualmente, el artista, se ocupó de las pinturas murales de la bóveda y del presbiterio, de la policromía del retablo mayor, una escultura de la Virgen del Rosario realizada para la enfermería, y dos retratos póstumos del fundador con la intención de preservar su memoria, uno de los cuales se encuentra en la exposición.






El espacio central está dedicado a las obras realizadas por Murillo entre 1666 y1670 que aluden a las obras de misericordia, unas pinturas que reflejan el estilo de madurez del pintor, en pleno dominio de la técnica, donde interpreta el asunto religioso con modelos realistas de la calle. El conjunto principal de ocho pinturas se disgregó en 1810 a raíz de la invasión napoleónica, por lo que sólo podemos disfrutar de cuatro de ellas: Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos; San Juan de Dios transportando a un enfermo; La multiplicación de los panes y los peces; y Moisés y la roca de Horeb, todas ellas de gran tamaño. También se exhiben tres pinturas al margen de este programa iconográfico: un Niño Jesús Salvador y un San Juanito que se sitúan en sendos áticos de dos retablos laterales, y el lienzo que preside el retablo de la Anunciación, de este mismo asunto. 





El último espacio de la visita se dedica a las esculturas del retablo mayor, un prodigio de expresividad y teatralidad barroca, realizadas por Pedro Roldán, en colaboración con el tracista antes dicho y la policromía de Valdés Leal. En concreto, en la exposición, se han traído las esculturas del San Jorge, patrono titular de la iglesia y San Roque, protector de enfermedades, además, el Cristo de la Caridad, que refuerza el mensaje de la Hermandad, y una imagen de la Virgen con el Niño de comienzos del siglo XVI.





viernes, 21 de agosto de 2026

Una colección madrileña de antiguos maestros


El Museo de Historia de Madrid presenta la exposición, GOYA Y LAS ESCUELAS FLAMENCA E ITALIANA. UN SIGLO DE FILANTROPÍA DE CARLOTA DE SANTAMARCA Y ANTONIA GONZÁLEZ, que reúne un conjunto 57 piezas entre pinturas, esculturas y mobiliario, que forman parte en la actualidad de los bienes de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Unos bienes que provienen del legado testamentario de la que fue II condesa de Santamarca y duquesa viuda de Nájera, que siguió la tradición coleccionista de su padre, un prominente banquero, que a su muerte decidió dedicar su fortuna a la construcción de un orfanato de niñas, que sería decorado con obras de arte, algunas que estuvieron en su palacio de la calle Alcalá. A ellos se añaden las originarias del legado de Antonia González y Pérez, viuda del empresario Ramón Pallarés y Prats, que también dispuso a su muerte la construcción de otro orfanato. Hoy ambos forman parte de la misma institución y tienen como finalidad la educación en sus distintos niveles.



El núcleo de la muestra lo forma la colección Santamarca, integrada en la actualidad por 230 pinturas que abarcan desde comienzos del siglo XVII hasta principios del siglo XX y representan las escuelas española, italiana, flamenca y francesa. Las pinturas más destacadas son la serie de los Juegos de niños de Francisco de Goya, compuesta por seis lienzos realizados hacia 1785-1786, que provenían de los bienes del duque de Nájera, y hoy se exhiben en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. A ellas se suman piezas de maestros españoles del siglo XVII, activos en la capital, como Bartolomé y Vicente Carducho, Juan de Arellano, Francisco Camilo, y José Antolínez. De la misma época, son las pertenecientes a la escuela flamenca, entre las que sobresalen el Triunfo de Neptuno y Anfitrite de Frans Francken, y obras de Frans Snyders y Paul del Vos, entre otras. La pintura italiana está igualmente representada, tanto la religiosa como la decorativa, una sobre todo por el prolífico Luca Giordano con un monumental lienzo de la Huida a Egipto, y la otra, por un bodegón de Margherita Caffi.



La colección se completa con un valioso conjunto de retratos y pintura del siglo XIX y XX español. Entre los primeros destaca el realizado por José Moreno Carbonero de Carlota de Santamarca, fechado en 1908, y el del duque de Nájera pintado por Ricardo de Madrazo en 1911. Varias obras llevan la firma de Antonio de Brugada, como, la marina que representa el vapor de Isabel II anclado cerca de la costa, y de Jenaro Pérez Villaamil, centrado en los paisajes orientalistas como Las gargantas de las Alpujarras, que proporcionan un carácter romántico a la colección. El conjunto se completa con los bustos en mármol de Antonia González y Ramón Pallarés, firmadas por Miguel de la Cruz Martín, y dos mesas y un sofá que decoraron el suntuoso palacio de la condesa en la calle de Alcalá, uno de los más espléndidos del Madrid de la Restauración.



jueves, 28 de mayo de 2026

Obras de la colección Vicky y Marcos Micha Levy


 

La Fundación Casa de México en España presenta la exposición, REBELDÍAS VANGUARDISTAS DEL SIGLO XX. OBRAS DE LA COLECCIÓN VICKY Y MARCOS MICHA LEVY, que reúne una selección de cien obras de algunos de los más grandes artistas de México, imprescindibles para comprender la construcción de la modernidad artística del país. Una primera sala se dedica a los grandes muralistas que contribuyeron a crear la identidad nacional partiendo de los orígenes prehispanos con tintes revolucionarios. Ante los ojos de los visitantes, podemos descubrir un conjunto destacado de obras de manos de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Al mismo nivel, destaca la importancia de José Clemente Orozco, maestro de la alegoría y del simbolismo, así como autor de importantes murales. Junto a él, en el mismo espacio, aparecen otros autores de la modernidad mexicana como Germán Cueto, Saturnino Herrán, Carlos Mérida, Roberto Montenegro o Manuel Rodríguez Lozano. Por otra parte, Nahui Olin, una creadora visual y escritora, desarrolla una perspectiva femenina.



Un espacio propio lo constituyen las aportaciones de Miguel Covarrubias, figura sobresaliente del siglo XX, que destacó como artista, escritor, antropólogo y coleccionista. Fue ilustrador de Vanity Fair y desarrolló su obra entre México y Nueva York. Se interesó por la conservación de las culturas originarias y por visibilizar las aportaciones de las minorías. Desde su maestría en el dibujo, nos retrató los ambientes de la música de jazz en Harlem, durante los felices años 20; también se ocupó de la cultura Olmeca; de los indígenas de Bali; de las efigies de figuras destacadas de los regímenes totalitarios del momento. El siguiente apartado corresponde a la obra de dos artista oaxaqueños, que compartieron una vida profesional en París, que les resultó decisiva para su práctica artística: Rufino Tamayo y Francisco Toledo. El primero, fue mentor del segundo, de distinta generación. 



Ambos realizaron investigaciones sobre las culturas prehispánicas, y si Tamayo es considerado maestro del color, Toledo trazó representaciones asociadas a mitos y ecosistemas, un cuerpo de obras eróticas y sexuales entre humanos y animales. Finalmente, el recorrido termina con un espacio dedicado al artista, Mathias Goeritz, que llegó a México en el año 1949, y representó un pensamiento arquitectónico y visual esencial en la evolución hacia la contemporaneidad.



jueves, 16 de abril de 2026

Las heroínas bíblicas de Guercino



El Museo Thyssen acoge la pequeña muestra, GUERCINO Y SUS HEROÍNAS BÍBLICAS en su sala 12, que reúne 6 grandes obras religiosas de este pintor barroco protagonizadas por mujeres. Son cuadros todos ellos valiosos de grandes figuras entorno al que es propiedad de la institución madrileña titulada, Jesús y la samaritana en el pozo. Una obra de madurez caracterizada por un estilo clasicista, de composición equilibrada, colores brillantes y gestos estereotipados. Por aquel entonces, entorno a 1640, el artista se había trasladado a Bolonia, tras su paso por Roma, y había recibido la influencia de Guido Reni. A esta obra principal, le acompañan otras tres obras de madurez, de distintas épocas, y dos más tempranas, que nos permiten descubrir su primer estilo como Susana y los viejos (1617), de corte más naturalista, de mayor claroscuro y colores pastosos y gestos espontáneos. También de su primer estilo, entorno a 1621, corresponde Jesús y la mujer adúltera, el momento en el que el primero pronuncia la frase: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.






En general, tres iconografías provienen del Antiguo Testamento, y otras tres del Nuevo Testamento. Guercino confiere distintos roles a estas heroínas religiosas: dos obras representan a mujeres anónimas y  arrepentidas tras el pecado, como la samaritana y la adúltera; otras dos como víctimas de situaciones injustas, que son la Susana acosada mientras se baña por los viejos jueces, y la Agar que junto a Ismael es repudiada por Abraham, un auténtico drama donde el niño sufre con lágrimas en los ojos la severidad del patriarca. Una vez más, en esta pintura de madurez, fechada en 1657, destacan sus colores brillantes, sobre todo del azul de lapislázuli. Finalmente, nuestro pintor reinterpreta las que son consideradas por la iconografía cristiana tradicional auténticas femme fatale en favor de valores distintos, una como una  heroína luchadora, la Dalila que es capaz de cortarle el pelo a Sansón sin esperar a los filisteos, de 1654, y otra, la que fuera joven seductora ahora como una víctima sometida a los deseos de su madre, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637).







miércoles, 15 de abril de 2026

Dibujo y escultura en las Colecciones ICO


 

El Museo ICO presenta la exposición, TRANSITAR EL SIGLO XX. DIBUJO Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES ICO, que reúne un conjunto destacado de obras de esas características desde comienzos del siglo pasado hasta la década de los ochenta, pertenecientes a 34 artistas entre escultores, pintores y arquitectos. En el treinta aniversario del museo, parte de la idea de un cambio radical en la concepción de la escultura, la del campo expandido, en la que deja de situarse en un pedestal para formar parte de la experimentación que llevan a cabo las vanguardias. De esta manera, la disciplina perdió una definición precisa para establecerse entre el paisaje y la arquitectura. La exposición, así,  realiza un recorrido por el arte español estableciendo un diálogo con los cambios sociales, políticos y estéticos de su tiempo. Las obras se presentan ante el visitante agrupadas por autores, dispuestos en una evolución temporal: uno o dos dibujos con una escultura, lo que favorece su disfrute y comprensión.



Un conjunto de fotografías de los artistas inician el recorrido para el visitante, cuyo primer apartado corresponde a Las Vanguardias, es decir, a las trasformaciones radicales que experimentó la escultura principalmente a manos del cubismo y el surrealismo, tanto en los materiales, como en la representación o no de la figura humana. Fue progresivo, y aquellas pretensiones de representar la belleza y la perfección anatómica, o la representación fidedigna de la naturaleza, quedaron a un lado en favor de nuevas inquietudes. Con un fondo de grandes cortinajes de terciopelo rojo, se muestran obras de Gaudí, Manolo Hugué, Pablo Gargallo, Julio González, Pablo Picasso y Juan Gris, para terminar con Joaquín Torres García, Salvador Dalí y Ángel Ferrant. El siguiente espacio, Voces en el exilio, se centra en la obra de Esteban Vicente, Eugenio Granell, y sobre todo, de Alberto Sánchez, cada uno desde sus parámetros estéticos, el expresionismo abstracto o el surrealismo, para canalizar la memoria y la pérdida tras la Guerra Civil.




El siguiente momento de la evolución estilística corresponde a los años cincuenta y sesenta, cuando quedan atrás los movimientos de vanguardia. Junto al expresionismo abstracto de EEUU, surge el Informalismo, caracterizados por distintas facetas, en el que se incluye las obras de Martín Chirino, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Le continua el apartado dedicado a la Arquitectura, formado por arquitectos que realizan esculturas como un medio de expresar la continuidad entre la materia y el espacio, representado por obras de Álvaro Siza y Juan Navarro Baldeweg. Por estos años, se vuelve a La Figuración, la siguiente sección, caracterizada por una escultura realista, centrada en la representación veraz del objeto, cuyos autores principales son Carmen Laffón y Julio López. La exposición acaba con el amplio espacio dedicado a Los años 80, una época de revitalización artística identificada con el posmodernismo. Los nuevos artistas, en plena democracia, son más individualistas, lo que causa diversidad estilística, desde la abstracción a la figuración. Así lo observamos en las obras de Miquel Barceló, Susana Solano, Jaume Plensa, Juan Muñoz y Eduardo Arroyo. Todo un conjunto selecto de propuestas que atraen al espectador.




lunes, 23 de marzo de 2026

La escultura de la Colección ABANCA


 

La Casa de América presenta la exposición, ESPACIO Y TIEMPO. LA ESCULTURA EN LA COLECCIÓN ABANCA, que reúne 50 obras de 41 creadores entre finales del siglo XIX hasta nuestros días. Supone mostrar una evolución de la escultura a lo largo del tiempo y de sus diferentes estilos, a través de un recorrido bien dispuesto para el espectador, y representativo de la calidad del conjunto, declarado Bien de Interés Cultural. Salvo un pequeño conjunto en el piso bajo que da paso a la escalera, las obras del primer piso y del segundo, siguen un orden cronológico. Los inicios se encuadran en el modernismo y las formas regionales, representadas por autores como Isidoro Brocos y Rafael de la Torre Mirón. Pronto, se pasa a los movimientos de vanguardia, y así, nos encontramos con la obra de Julio González, encuadrada en dos pinturas significativas, una de Picasso y otra de Fernand Léger. Más adelante, destaca la presencia de dos ejemplos de Baltasar Lobo, artista que jugó un papel crucial en el arte español de posguerra.



Pintura abstracta y escultura acompañan al visitante en los siguientes espacios de la primera planta. Culmina el recorrido con dos obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Destacan además, pinturas de Manuel Millares y Joaquín Torres García. La última planta se inicia con el magnífico conjunto de Francisco Leiro de las Recolectoras, compuesto por cuatro grades figuras de madera policromada sobre el desastre del Prestige en la costa gallega. Finalmente, destacan tres grandes: primero, Susana Solano con su obra, Toma de tierra nº 2 (1993), realizada en hierro esmaltado que representa una forma abstracta que desafía la gravedad; segundo, dos figuras claves, Juan Muñoz y Juliao Sarmento que reflexionan sobre la ausencia y la relación con el espectador. Así, la obra, Laughing chinese man with mirror (1997), está protagonizada por una de sus típicas figuras humanas frente a un espejo; y Kiss may eyes  (with chairs), 2004, presenta una figura femenina sin cabeza rodeada de un conjunto de catorce sillas vacías y superpuestas en entre sí, que nos transmiten inquietud, incomunicación y tensión. De esta manera, observar rodeado de estas obras tan ricas de matices por sí mismas, nos invita a considerar el medio escultórico como un lenguaje artístico vivo que nos influye en nuestra percepción del espacio y su evolución en el tiempo.





lunes, 9 de marzo de 2026

ARCO 2026


 

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo se ha desarrollado un año más en IFEMA Madrid. Entre el 4 y el 8 de marzo más de 200 galerías pertenecientes a 30 países han expuesto para su venta en los pabellones 7 y 9, numerosas obras pictóricas, dibujos, grabados, fotografías, esculturas y videoinstalaciones. Constituye una cita imprescindible para cualquier aficionado al arte de nuestros días. A la espera de cifras que nos informen de sus resultados económicos, la feria ha sido, sin duda, un éxito de asistencia del público, que abarrotaba los pasillos y los interiores de los estands. En medio del ambiente bélico mundial, la contemplación de las propuestas artísticas más variadas, nos puede aliviar frente a las noticias de la destrucción y las pérdidas de vidas humanas. Nos propone, igualmente, matices para entendernos a nosotros mismos en medio de una realidad cambiante e incierta. La comprensión de la realidad, así, se enriquece, y hace frente a la desinformación y al crecimiento del autoritarismo.



Una cierta novedad de la presente edición ha sido que no tiene un país invitado, una temática concreta a la que se dedicase, en cambio, en la parte final de cada uno de los pabellones presentaba una sección titulada ARCO 2045, El futuro por ahora, que reunía un conjunto de obras de artistas, que con sus propuestas, miran al porvenir sin ninguna certeza. El resto del espacio lo completan aquellas galerías pertenecientes al Programa General; Opening, Nuevas Galerías; y Perfiles. Arte Latinoamericano. Sería arriesgado apostar por la calidad de un pabellón sobre otro, pero nos atreveríamos a preferir el séptimo al noveno aunque solo fuera por la mayor amplitud de espacios del primero sobre el segundo, que hace menos intrincado y laberíntico el recorrido, caracterizado, a veces, por espacios principales y secundarios, algunas dedicados a un artista en concreto. Las obras de arte de la feria nos abren muy diferentes perspectivas temáticas, más en un mundo tan problemático como el actual. La más relevante, que coincide con el 8 de marzo, es la reivindicación de la igualdad de la mujer.

 


Una de las propuestas más llamativas ha correspondido a la artista afgana Kubra Khademi con su serie pictórica, Pan, trabajo, libertad, donde mostraba retratos y desnudos de lideresas mundiales, individuales o formando orgías. Reivindica los derechos fundamentales negados a las mujeres de su país y afirma los cuerpos libres, combatientes y resilientes de ellas frente al patriarcado. En este sentido, también destacar, conjuntos de fotografías cuyas autoras reivindicaron sus derechos o son ejemplos de una mirada distinta, como los de Pilar Aymerich, Colita, Ouka Lele o Gabriela Iturbide, representada en varios espacios de la feria. Esta presencia repetida nos permite confrontar con obras de fotógrafos masculinos como Martin Parr o Alberto García Alix, presente en una galería firmando una de sus publicaciones con sus cámaras delante. También destacadas son las obras de Marina Abramovich, que brillan con luz propia. Un capítulo de piezas singulares corresponderían a un retrato del poeta Federico García Lorca (1935), pintado por José Caballero, y dos dibujos del cadáver de la niña prodigio Hildegart Rodríguez realizados por José Manaut Viglietti en 1933. Por otro lado, destacaría la obra de Eugenio Merino, Petróleo, un bidón de este combustible estampado con los Derechos Humanos. 



Un gran conjunto de obras de arte estaban realizadas con tejidos o en los que estos son una de los elementos fundamentales. Tejidos gruesos o finos de diferentes texturas y coloridos. En otras se valoraba el reciclado de materiales, como partes de coches que han sido reutilizadas para representaciones pictóricas o las formas más variadas de escultura abstracta. El comprador como el visitante ha podido encontrarse con una gran variedad de propuestas estilísticas, formales: las que se originaron en las vanguardias históricas, como aquellas iniciadas y desarrolladas en el siglo XX. De hecho, se ha ofrecido un grupo de obras de Joan Miró, de Dalí, y del mismísimo Picasso, otras veces apenas representado; también de Oscar Domínguez, de Joaquín Torres García, de Joan Gris, o de Antoni Tapies, Antonio Saura, Manuel Millares, y los más recientes, entre otros, de Pérez Villalta, Soledad Sevilla, Carmen Laffón, Jaume Plensa y Miquel Barceló, que fue protagonista del estand del diario EL PAÍS, con pinturas sobre periódico. Relacionado con la actualidad expositiva en la capital, varias galerías ofrecían obras de Juan Uslé. Finalmente, destacar, a parte de éstas, aquellas englobadas en la representación de mitologías y personajes indígenas, que emplean materiales asociados al entorno y las labores propias.



viernes, 27 de febrero de 2026

La pintura de Anders Zorn


 

La fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, ANDERS ZORN. RECORRER EL MUNDO, RECORDAR LA TIERRA, una retrospectiva que reúne más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, provenientes de importantes instituciones internacionales. Constituye un conjunto de lo más significativo del autor sueco, originario de una zona rural en un entorno modesto. A su padre, un maestro cervecero, no le llegó a conocer, por lo que fue criado por sus abuelos, mientras su madre trabajaba fuera del hogar. Desde joven mostró un extraordinario talento para el arte. Al principio se interesó por la escultura, luego deslumbró por su virtuosismo con la acuarela, que le llevaría a la fama. Su primera formación en la Academia de Bellas Artes fue ampliada por los conocimientos adquiridos en sus numerosos viajes de juventud, entre los que se encontraban España, Constantinopla y el norte de África, atraído por el exotismo y las modelos femeninas. En 1882 se instala en Londres y poco a poco adquiere fama como retratista. Un prestigio que culmina en Paris entre 1888 y 1896 cuando gana la medalla de oro de la Exposición Internacional y es nombrado caballero de la Legión de Honor.



Zorn es una mezcla entre cosmopolitismo y apego local, pues a partir de 1896 decide establecerse definitivamente en Mora, su localidad natal, donde concentrará sus esfuerzos para representar, conservar y reivindicar las costumbres y culturas rurales suecas. Pero antes, desde joven encontró el apoyo de relevantes mecenas y distinguidos personajes de la alta sociedad, escritores, intelectuales y renombrados pintores de la época como John Singer Sargent y Joaquín Sorolla, unidos por sus similitudes estilísticas, el estilo naturalista tan en boga en aquel periodo. Zorn se inspiró en la pintura de Velázquez, para luego ser influenciado por la holandesa de Fran Hals y sobre todo, Rembrandt, presentes en sus retratos y autorretratos a diferentes edades, como en la original actividad como grabador. Unos retratos de carácter espontaneo, en un contexto que alude a la personalidad del retratado, marcados por contrastes de luces y de sombras que interactúan con el color. La exposición muestra ejemplos relevantes de ellos: de un presidente de EEUU, de los reyes de Suecia, de banqueros, mecenas, señoras de la alta sociedad como de bailarinas, del mismo Sorolla o del pintor Max Liebermann, sus amigos.



Zorn muestra desde sus inicios una sofisticada técnica con la acuarela, que se observa en los retratos, como en los paisajes naturales, donde capta los detalles más asombrosos de los reflejos del agua o las matizaciones de la luz sobre los objetos. Posteriormente, al oleo, su pincelada será suelta y abocetada, que fue criticada como improvisada y descuidada, y que hoy se interpreta como reflejo de la modernidad. Una modernidad que se observa también en las composiciones y representaciones de la vida urbana. Los cuadros de la Suecia rural, de donde procedía, son representados de la misma manera, con una técnica suelta, abocetada, interesado por la luz y el color. Son llamativos los desnudos femeninos junto a los lagos, de mujeres solitarias o en grupos, a veces con sus hijos. También de mujeres dedicadas a las labores tradicionales: amasar el pan, elaborar cerveza, bailar a medianoche, o acicalarse para ir a la iglesia. La exposición tan extensa y detallada, con numerosos ejemplos, a veces con los más relevantes de su carrera, nos permiten tener un conocimiento amplio de Anders Zorn, como un artista polifacético y versátil, de gran nivel en distintas técnicas, especialmente en la acuarela, óleo y grabado, que se sintió fascinado por España, que visitó nueve veces a lo largo de su vida.




jueves, 12 de febrero de 2026

La pintura de Juan Uslé


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, JUAN USLÉ. ESE BARCO EN LA MONTAÑA, una exhibición antológica de su obra a través de cuarenta años de carrera, la segunda en esta institución después de veinte años. El recorrido, de carácter cronológico, se inicia con la pintura, 1960, en alusión al buque Elorrio, un carguero cargado de grano procedente de Baltimore que naufragó enfrente de las costas donde se haya su casa familiar en Cantabria. Un recuerdo de la infancia llevado a la pintura en 1986, con un estilo expresionista de tonos oscuros. Al año siguiente, el artista y su pareja, se instalan en Nueva York, en una residencia próxima al puente de Williamsburg. Nos sirve para indicar la fuente de inspiración del artista, sus propias ensoñaciones, matizadas por sus recuerdos; el entorno cotidiano, visto desde una mirada personal, original. De esta forma, Uslé combina la consciencia y el subconsciente, para expresarse con un lenguaje artístico abstracto.



El estilo de Uslé, a lo largo del tiempo, tras el expresionismo de los primeros años considerados, se va haciendo más reconocible, uniforme, madura, desde la vivencias personales, de los procesos psicológicos que generan. La abstracción se convierte en la mejor manera de expresar las pulsiones internas del artista. Ante el visitante, se van sucediendo sus distintas series o familias de obras: entorno al concepto Nemasté; el peso de la ciudad de Nueva York; las composiciones verticales, los pequeños y grandes formatos con cuadrículas, marcadas con un ritmo de repetición; la participación en la documenta IX; la serie Célibataires; y el gran conjunto, Soñé que revelabas (SQR), que ha terminado por imponerse en su estilo, marcado por un resumen de gestos que han caracterizado la pintura del autor en las cuatro décadas, entre los que sobresale un ritmo peculiar de la pincelada, entrecortada, que se ha dicho proveniente de su latido, de su pulso. 



La exposición demuestra la importancia de la fotografía en la práctica pictórica como fuente de inspiración. Lo vemos en la obra, Línea Dolca (2008-2018), un conjunto de imágenes tomadas en una década, asociadas al empleo de la fotografía digital, que muestran la manera en la que funciona la mirada de Uslé. Una mirada que localiza fragmentos en el mundo cotidiano, raíles de tren, arquitecturas, cielos, que luego traslada al lienzo.



jueves, 5 de febrero de 2026

Juan Muñoz en el Museo del Prado



El Museo del Prado presenta la exposición, JUAN MUÑOZ. HISTORIAS DEL ARTE, que reúne un grupo de instalaciones, esculturas, dibujos, grabados, gabinetes con pequeñas figuras y libros personales, sobre este artista madrileño que tuvo al museo como un lugar de visita regular e inspiración constante. Comisariada por Vicente Todolí, se despliega en dos salas de la ampliación de los Jerónimos, y en otras dos de la colección permanente y en las escaleras de la entrada de Murillo, así como del exterior. Una celebración para este escultor contemporáneo inspirado por la pintura y admirador de los grandes maestros, de la historia del arte de la que dijo robaba todo lo que podía. Especialmente, se fijó en el Manierismo y el Barroco, de su pintura, escultura y arquitectura. De uno, tomó la distorsión de las figuras, de otro, su teatralidad. Crea, así, un espacio ficticio donde involucra y envuelve al espectador. Un visitante que a través de las salas y subespacios de la muestra encuentra figuras enigmáticas a escala humana en escenarios íntimos o deambulando en grupos. Tienen, a veces, la boca entreabierta o sonriendo; son unos auténticos avatares que evocan la escultura griega que dialogan, como se ha dicho, con textos absurdos y existencialistas de Borges y Becket.






Juan Muños incorpora suelos ópticos evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas de Carl André. Utiliza la arquitectura como parte integral de su obra para crear entornos dramáticos que envuelven al espectador. Así lo observamos en obras como The Prompter o The Nature of Visual Illusion. Las referencias a Velázquez y Goya son constantes en su obra. Del primero toma repetidamente la figura del enano, personaje de diversión en la corte de los Austrias, que los vemos interactuando con estructuras, una mesa de billar o unas barras paralelas, como si se dispusiese a moverse, como lo hace en Las Meninas. También el empleo de espejos, uno de los elementos de la ilusión barroca más significativos. Del segundo evoca las escenas de absurdo de los Caprichos o los Disparates. Además el motivo de los balcones repletos de personajes que miran o el no menos llamativo de esculturas ensacadas, relacionadas con las tituladas, Conversation Pieces, también influenciadas por Giacometti, pero que casan muy bien cuando son expuestas frente al frenesí de figuras de los cuadros de Rubens.






Las esculturas individuales inquietan al espectador en su más variadas poses. Algunas tienen la nariz plana, otras las encontramos colgadas por los pies o la cabeza, que llaman especialmente la atención al encontrarse colgadas en los descansillos de una escalera. La escala humana refuerza la ilusión ficticia sobre el visitante que se siente involucrado dramáticamente. Una vitrina de la exposición nos informa a través de libros de su biblioteca del estudio concienzudo de la historia, el arte y la estética, que le permitirían a mostrar su propia creatividad. Finalmente, una sala reúne sus dibujos y pequeñas vitrinas de esculturas que nos evocan las gabinetes de maravillas del Renacimiento.