miércoles, 28 de octubre de 2026

La casa de Joaquín Sorolla


 

El Museo Sorolla presenta la exposición, TRAS LA CASA DEL ARTISTA. ARQUITECTURAS DEL MUSEO SOROLLA (1905-2026), que nos descubre la historia de la casa del famoso artista desde su construcción hasta la actualidad, tras la finalización y apertura de su ampliación hacia la calle Zurbano, mientras se restaura el edificio antiguo. Un proceso que corresponde a dos fases, la de la ampliación, ya concluida, y la de la rehabilitación de la antigua construcción y jardines. La muestra, así, se desarrolla en los nuevos espacios construidos por el estudio del arquitecto Nieto Sobejano con amplia experiencia en la adaptación de antiguos museos. Supone una intervención sustancial que moderniza, optimiza los espacios y provee de nuevos servicios para la conservación y exhibición de las obras de arte, así como el flujo de visitantes. Una intervención arquitectónica que se inspira en el jardín, el patio andaluz y los estudios del pintor, los entornos memorables de la Casa Sorolla, que apuestan por la luz natural y la similitud conceptual entre ambos.



Al principio, a modo de introducción, la exposición nos informa de la evolución de la Casa Museo en una línea del tiempo, desde la compra de los terrenos, la construcción, la muerte del artista, el legado de la mujer al Estado, la apertura al público en 1932, y las sucesivas reformas del edificio. En el mismo espacio observamos una puerta ahora cerrada por un cristal que será la comunicación entre el antiguo estudio del pintor y los nuevos espacios. El recorrido de la exposición se inicia con el proyecto y construcción de la ampliación del estudio Nieto Sobejano, incorporando maquetas y planos; un proyecto que arrancó con el concurso para su realización en 2016. Después, nos podemos informar de la historia de la antigua casa, que se inicia cuando Sorolla, tras ser reconocido internacionalmente, compró el solar en 1905 para construir una casa-taller como hicieron otros artistas de aquella época, según el modelo de hotel-estudio. Su construcción se la encargó al afamado arquitecto Enrique María Ripollés, según consejo del escultor Mariano Benlliure. Un refinado retrato del arquitecto, pintado por el mismo Sorolla, se puede ver en el recorrido.



Los planos de la casa fueron ideación entre el arquitecto y el artista valenciano. Las obras comenzaron y en 1910 y terminaron a finales de 1911. Durante este tiempo, Sorolla no se encontraba en el país, y siguió la construcción mediante correspondencia, generando una rica documentación. También, posteriormente, se encargaría del diseño de los jardines, inspirado en los de la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla, espacios fundamentales para servir de entorno como de trabajo. A ello se uniría, la decoración interior de los muros, techos y suelos de la vivienda. El recorrido termina con el proyecto de rehabilitación de la casa-museo, hoy vacía, a través, de las fotografías y vídeos inspiradores de José Manuel Ballester, Jonás Bel y Fernando Maquieira, con el objetivo de renovar la instalaciones y dotarlas de sistemas de control medioambiental, para una mejor conservación de los bienes culturales; no sin antes mostrar documentos de su importante archivo, que atestiguan las intervenciones llevadas a cabo a lo largo de su historia en el edificio de la familia Sorolla García y la institución museística, en las que sobresalen las del arquitecto, Francisco Pons-Sorolla, el único nieto que conoció el artista, y del que se conservan fotografías de niño juntos.



martes, 27 de octubre de 2026

El Guernica en campaña electoral



El Guernica pintado por Pablo Picasso en 1937 tras un encargo del gobierno de la Segunda República para formar parte del pabellón español en la Exposición Internacional de Paris de ese año, cobra hoy plena actualidad. Sabemos que fue pintado en recuerdo de las víctimas del salvaje bombardeo de la ciudad vasca por la aviación nazi e italiana en apoyo al ejército franquista en una nueva táctica militar sanguinaria que sería puesta en práctica luego en el conflicto mundial. El cuadro de artista malagueño presenta la poderosa simbología de mostrar los horrores de la guerra y sus devastadoras consecuencias en forma de víctimas inocentes. Fue pintado en tiempos oscuros, cuando los regímenes totalitarios no respetaban las leyes internacionales, ni los derechos humanos, sino la ley del más fuerte. 



Tras la Segunda Guerra Mundial, se creó un nuevo orden en el mundo bajo la protección las Naciones Unidas basada en los derechos humanos y la coexistencia pacífica. Sin embargo, hoy parece que vuelven aquellos tiempos por la guerra interminable y arbitraria de Ucrania en la que está comprometida toda Europa Occidental; el conflicto de EEUU e Irán; y el genocidio de Gaza. Por ello, El Guernica, adquiere de nuevo, si alguna vez lo perdió, nueva vigencia. Su poderosa simbología contra el horror de la guerra, ha inspirado las acciones políticas y las decisiones de no favorecer conflictos arbitrarios y sumamente dañinos para la Humanidad. Así, nos lo recuerda el presidente del gobierno, Pedro Sánchez con motivo de la campaña electoral en un vídeo grabado en el Museo Reina Sofía donde se conserva la obra emblemática de Pablo Picasso como expresión y luz de nuestros valores.

lunes, 26 de octubre de 2026

Dibujos y acuarelas de Ricardo Madrazo


 

El Museo del Prado presenta la exposición, RICARDO DE MADRAZO (1852-1917): DIBUJOS Y ACUARELAS, que reúne todas las obras de estas técnicas realizada por el artista, que formó parte de una de las familias dedicadas a la pintura más destacadas del siglo XIX. Fue nieto de José de Madrazo; hijo de Federico; hermano de Raimundo, y cuñado de Mariano Fortuny con quien se formó. La fama de estos ilustres pintores le relegó en la historiografía, pero su obra y legado adquirido por el museo nos proporcionan una imagen diferente, ya que no solo empleó el dibujo y la acuarela, obra que se expone en su totalidad, sino que realizó óleos, retratos, ilustraciones y practicó la fotografía. Además, entre sus 29 cuadernos de dibujos hoy conservados en la institución madrileña, podemos entender mejor sus intereses, evolución artística y sus viajes que fueron numerosos, especialmente a Roma, Toledo, Venecia y Granada. La sala 60 da cuenta de todo ello, un espacio dedicado a mostrar y estudiar los fondos del siglo XIX, que este año adopta la denominación, Almacén abierto.



Los viajes constituyeron para el artista una constante fuente de inspiración. Toledo y Venecia fueron destinos recurrentes, donde captó los monumentos, los interiores, y las escenas cotidianas. También visitó, Córdoba, Granada y el norte de África, que le hicieron interesarse por la arquitectura islámica, el paisaje y los efectos lumínicos, recogidos con gran detalle. La proximidad a Mariano Fortuny, le permitió conocer su proceso creativo, trabajar con los mismos modelos y registrar aspectos de su vida cotidiana. Una de sus mejores virtudes fue su dedicación a copiar a los grandes maestros como Velázquez, en su obra, El bufón llamado don Juan de Austria, donde refleja la maestría técnica alcanzada en su madurez. La exposición también exhibe cuatro copias parciales de los techos del Salón del Trono del Palacio Real pintado por Tiepolo. Para finalizar, destacar la dimensión íntima y la memoria familiar a la que contribuyó Ricardo Madrazo, primero con sus dibujos de retratos familiares, escenas domésticas y recuerdos de los lugares donde pasó su vida; luego con el papel fundamental que  desempeñó para la conservación del legado familiar, de su archivo, que ha permitido su preservación hasta la actualidad.



jueves, 22 de octubre de 2026

La recepción del arte contemporáneo en España


 La Fundación Juan March presenta la exposición, LA TRANSICIÓN ESTÉTICA. ESPAÑA, 1960-2020, que reúne un conjunto abigarrado de obras de arte originales y publicaciones referidas a la exhibición y a distintos aspectos del arte contemporáneo en un contexto histórico entre el final de la dictadura franquista y el desarrollo de la democracia. La muestra parte de la premisa que debe tenerse en cuenta al público, no sólo a los artistas o a las obras de arte, y en el contexto español, se aprecia cómo la recepción del arte moderno y contemporáneo internacional se produjo con una demora de al menos tres décadas respecto al resto del mundo occidental. Este proceso comenzó en los años sesenta del siglo XX, cuando diversas iniciativas empezaron a darse en un contexto institucional semidesértico, que solo se igualaría a partir de los años ochenta. Las iniciativas llevadas por los museos, las exposiciones, las compras de las colecciones privadas, las editoriales y las publicaciones periódicas, constituyeron el medio primordial para el conocimiento del arte.




La exposición, por tanto, nos cuenta el proceso de recepción, mostrando las iniciativas concretas a través del tiempo en distintos apartados. Lo hace de forma densa, acumulada, al principio en mayor grado, como una metáfora de cómo fue ese proceso de recepción, en el que se mezclan pinturas originales con abundantes fotografías, carteles y publicaciones. Para un país atrasado, las nuevas imágenes debieron chocar. Todavía hoy conservan su fuerza visual en el espectador. El visitante, así, se embarca en un intenso disfrute que no se puede abarcar bien, pero que no deja indiferente al contemplar obras originales de artistas españoles e internacionales que se expusieron, se realizaron o fueron adquiridas en los distintos periodos de nuestra historia. Son obras bien escogidas, donde te encuentras a Picasso o Dalí; a Giacometti junto a Calder; una obra de Francis Bacon al lado de Matisse; pintura con ejemplos numerosos de fotografía, conjunto en sí mismo destacado.




Una pequeña sala se dedica al cómic, de diferentes épocas, así como los dibujos que les dieron forma sus creadores. No falta la escultura con los ejemplos dichos, y otros llegados en épocas posteriores. Los años ochenta fueron muy relevantes en España. La efervescencia cultural de Madrid y Barcelona atrajo y consolidó entre el público el arte contemporáneo. Los mismos artistas hispanos eran además protagonistas de la época. Los eventos del año 92 impulsaron la recepción y la promoción del arte. Todo hizo que las iniciativas de los distintos organismos públicos y privados normalizaran la nueva estética con el tiempo. De esta manera, el número de piezas se ralentiza y aclara el espacio al final del recorrido. Antes del final, subrayar el propio papel que jugó, la propia Fundación Juan March en el proceso de recepción, un rol que sigue desempeñando.






miércoles, 21 de octubre de 2026

El arte de los enfermos mentales


 

La Fundación Mapfre presenta la exposición, LA OTRA ORILLA DE LA VANGUARDIA. CREACIÓN ARTÍSTICA Y SALUD MENTAL (1900-1950), que reúne más de setenta obras de pintura, dibujo, escultura, fotografía, textil y documentación en forma de libros y publicaciones entorno a las creaciones de pacientes psiquiátricos y su relación con los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX. Una muestra que pone en relación las obras de sus artistas con otras de pacientes que no desmerecen por su calidad y libertad expresiva. Todo ello se debe al doctor e historiador del arte, Hans Prinzhorn, que reunió en la clínica psiquiátrica de la universidad de Heidelberg, una extraordinaria colección de este tipo de obras reunidas en esta institución y de otras de Alemania y otros países europeos. Diversas piezas consideradas en principio como pruebas y documentos médicos, empezaron a comprenderse como manifestaciones de una creatividad al margen de los modelos establecidos. Esta nueva mirada se dio a conocer en la publicación del doctor, Expresiones de la locura (1922), que recogía parte de su colección, que tuvo gran repercusión entre intelectuales y artistas de la época. 



La exposición se divide en cinco secciones que corresponden a distintos movimientos de vanguardia o momentos políticos y sociales, según una evolución cronológica. La primera sección se titula, Un espíritu compartido: Expresionismo alemán, que cuenta la influencia de este grupo vanguardista creado en 1905 (El Puente), y luego en 1912 (El Jinete Azul), en las consideraciones del doctor Pinzhorn. Un grupo que pretendía un nuevo paradigma de la creación artística, al ser producto de impulsos primarios, corporales y psíquicos, al margen de la tradición cultural. Además, la pareja del doctor, bailarina y coreógrafa, junto a la amistad con el pintor Emil Nolde, le vincularon al expresionismo. Pinzhorn, de esta manera, pudo identificar mejor en las obras de los pacientes psiquiátricos, una creatividad ajena a la formación académica y al control racional. El segundo apartado, Dadá y el arte fuera de la norma, nos sitúa en el arte contemporáneo después de la Primera Guerra Mundial, en el grupo fundado en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich, que reivindicaba un arte elemental, fuera de la convenciones culturales burguesas.



Las ideas de Pinzhorn llegaron a Berlín en 1918, donde Richard Huelsenbeck fundó junto Raoul Hausmann y Hannah Höch el Club Dada. Unos planteamientos que influyeron en la obra de George Grosz y Kurt Schwitters, como podemos observar en la exposición. El siguiente espacio del recorrido, El periodo de entreguerras y el arte degenerado, nos ilustran de una interpretación negativa de las vanguardias originadas en las teorías de Max Nordau que las suponía síntoma de una patología social. Una lectura que alcanzó su máxima radicalización con el nacionalsocialismo, que organizaron la exposición Arte degenerado en Múnich (1937) que, a modo de dispositivo de propaganda, recorrería Alemania. Al incluir obras de pacientes psiquiátricos, establecía equivalencias con la obras de vanguardia, para desacreditarlas, y justificar, la censura y la persecución de los artistas, pues demostraba que el arte moderno era producto de una mente enferma, por tanto, una amenaza social.



Si hay un movimiento que recibió el libro con mayor entusiasmo fue el Surrealismo, en el apartado subtitulado, La frontera entre la realidad y el inconsciente. Para sus principales integrantes, desde Max Ernst a Paul Eluard, hasta su líder, André Breton, las imágenes de los pacientes psiquiátricos eran una referencia visual, y fundamentaban la teoría del automatismo psíquico sin control racional. El propio Breton junto a Éluard, adquirió varias obras de la colección Pinzhorn en la exposición, El arte de los enfermos mentales, celebrada en París (1929). El último apartado, Del legado de Prinzhorn al Art Brut, nos muestra cómo a partir de 1945, las obras de este tipo de pacientes, cobró nuevo impulso, gracias a la labor del artista Jean Dubuffet, que desarrolló el concepto art brut para denominarlas. Un término que se refería a aquellas producidas al margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. También, se dedicaría, desde 1948, a localizar, estudiar, conservar y difundir estas obras, que se concretó en la formación de varias colecciones, y la gran exposición en el Museo de Artes Decorativas de París en 1967, el primero en un museo público. Así, se consolidaría el interés por estos artistas marginales y el surgimiento de nuevas perspectivas sobre estas manifestaciones visuales.




viernes, 4 de septiembre de 2026

El arte textil de Aurelia Muñoz


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, AURELIA MUÑOZ, ENTES, un amplio recurrido de su extensa trayectoria durante cinco décadas, desde mediados de los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI. Una artista, que a pesar de las dificultades de su tiempo, supo transcender el arte manual del tejido, para experimentar más allá con diferentes materiales e interactuar con la arquitectura y la ingeniería. Fusiona como nadie las técnicas antiguas y los medios contemporáneos, las aportaciones de las culturas ancestrales, precolombinas, y la influencia de las vanguardias del pasado siglo. Absorbe influencias desde el gótico al surrealismo y modernismo, con una fuerte presencia de la inventiva de Leonardo da Vinci. Por todo ello, siendo los últimos días en los que permanece abierta esta retrospectiva, merece la penas recorrer las salas con su impactante obra. Impactante por sus originales formas como sus atrevidas propuestas, que interpelan al pasado, presente y al mismo futuro, que relacionan la condición humana con la natural, el medio terrestre con el aéreo y el acuático, y aluden a un mundo artificial y poshumano.



El primer apartado y gran espacio de la muestra se dedica a los grandes tapices, a los bordados y las telas estampadas, en las que nos encontramos las influencias iconográficas y de técnicas, tanto antiguas como de la vanguardia.  El segundo espacio, y tal vez, por el que se identifica a la autora, corresponde a las esculturas anudadas o macramé, algunas de imponentes dimensiones. Son monocromas ligadas al tono del material, muchas de ellas suspendidas en el aire o enraizadas en el suelo, desafiantes con sus cuerpos casi vivos, de ahí el apelativo de entes o seres en el título de la exposición. El siguiente grupo de obras pertenecen a su interés por investigar las estructuras arquitectónicas y las fuerzas en el espacio construido, fascinada por el aire, las velas y los vientos. De esta manera, dará a luz unas esculturas voladoras similares a parapentes, hechas con grandes lonas articuladas por varillas, que llamará aerostatos y pájaros-cometas, entendidos, no como máquinas, sino como seres con algo vivo y animal.



El dibujo acompañó a la artista a lo largo de su trayectoria como actividad paralela, pero con una consideración autónoma. Utilizaba par ello tinta china, bolígrafo o acuarela sobre cartulina blanca o cuaderno. Reflejan su universo mental y cultural. Son obras firmadas que rara vez expuso, y trasladan la representación de seres humanoides, animales y robots en composiciones complejas. A lo largo de los años ochenta se interesa por el papel hecho a mano y el libro como su forma concreta, que se transforma en aéreo. Un interés por el papel que se relaciona con el medio marino y su interés por las formas acuáticas que ocupará su trayectoria hasta el final de su vida. Aurelia Muñoz fue una artista rigurosa, bien documentada, como demuestra el espacio dedicado a su archivo, repleto de maquetas, libros y fotografías, que nos hablan de la diversidad de fuentes para desarrollar su practica artística.




jueves, 3 de septiembre de 2026

El arte singular de Felix González-Torres


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, FELIX GONZÁLEZ-TORRES, DULCE VENGANZA, cuyo título alude a la frase que escribió en 1991 cuando regresó a Madrid tras veinte años después de realizar la primera visita siendo un niño en 1971, al presentar su obra Untitled (Revenge), una escultura de caramelos azules envueltos en celofán. La paradoja que alude el mismo sirve de herramienta para entender la esencia contradictoria de su obra. Una obra en la que influye su trayectoria de exiliado, de emigrante, pues nació en Cuba, para trasladarse definitivamente a EEUU, y desarrollar su obra durante los años ochenta y noventa. Un artista que se confiesa abiertamente gay, y defensor por tanto de una posición en la cultura y sociedad desde una perspectiva diferente. Además, infectado por el virus del sida que le provocaría su muerte prematura. Su arte adquiere, por tanto, una singularidad que muestra la exposición actual.



Para González-Torres, no cabe la indiferencia en nuestro mundo, cuyo presente continuo está limitado por la ideología imperante. La estética y, en consecuencia, la belleza adquiere tintes políticos. Su obra, por otra parte, no es realista, mimética con la naturaleza, sino abstracta, minimalista, conceptual, influenciada por el arte povera. Una obra que interpela al espectador y le hace partícipe de la misma, es rotundamente performativa, lo que hace complejo su exhibición, pues nos encontramos con ejemplos que se fabrican expresamente para la ocasión, y otras son únicas con los materiales propios de las Bellas Artes. De todas formas, siguen las indicaciones generales dadas por el autor en su momento. Así nos encontramos esculturas formadas por montones de caramelos o de hojas y cartulinas de diversos colores, unas vacías y otras con nombres o imágenes, que el visitante puede llevarse según pasa frente a la misma.



Lo efímero de su obra, pero reproductible, también lo observamos en las cortinas de luces, en las vallas publicitarias, cuya paradoja reside en que no se pueden reproducir, en algún caso, nada más que una vez. Los retratos, a su vez, se pueden cambiar según la época de exhibición. González-Torres es un artista que reflexiona sobre el presente y el arte. Sus pensamientos acompañan la visita y nos ayudan a entender muchos de sus planteamientos, como ese mismo retrato explicado por palabras, más que por imágenes; la importancia de comprender la realidad sin certezas sobre nociones de identidad, ciudadanía y autoridad, así como de emociones sobre el amor y el duelo. En ellas, las esferas de lo público y lo privado están unidas en un mundo frágil y muy pequeño en el que se hace necesario traspasar las fronteras ideológicas para observar la realidad. Una existencia donde resulta importante el concepto del movimiento y el tránsito que afecta al artista, su obra y su permanencia en el mundo. También, la historia no es lineal, sino recurrente, como se muestra en la obra compuesta por un montón de cartulinas rojas con los nombres parejos de Himmler y Helm en la misma cara, pertenecientes a tiempos diferentes.




jueves, 27 de agosto de 2026

Las pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla


El Centro Cultural Condeduque presenta la exposición, ARTE Y MISERICORDIA, EL BARROCO DE LA SANTA CARIDAD DE SEVILLA EN MADRID, que reúne las importantes pinturas que decoran la iglesia del hospital de la Hermandad de la Caridad de la ciudad hispalense, un conjunto completo iconográfico y artístico de primer nivel. Todas ellas las podemos contemplar cerca del visitante a diferencia de su emplazamiento original en altura. Una excelente oportunidad favorecida por la restauración del edificio donde se situaban desde hace varios siglos. Además se disponen según su posición en el templo. Un conjunto que se debe al mecenazgo de Miguel Mañara, noble sevillano, que tras la muerte de su mujer en 1661, le hace reconsiderar su vida. Para ello, ingresa en la Hermandad dedicada desde el siglo XV al entierro de los muertos pobres, que él ampliaría a la asistencia a las personas desvalidas. Su ideario lo dejó por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada, Discurso sobre la verdad, concretado en la fugacidad de la vida y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna.






Miguel de Mañara elegirá a los mejores artistas del momento, como los pintores Juan de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresarán en la Hermandad para ahorrar costes. La exposición, de esta manera, comienza con el espacio dedicado al primero, compuesto por las dos pinturas conocidas como los Jeroglíficos de las postrimerías, In ictu oculi y Finis gloriae Mundi, que nos comunican la cortedad de la vida sin importar las glorias mundanas; luego el momento del juicio que nos permitirá alcanzar la salvación, si la virtud se ha impuesto sobre los vicios. Igualmente, el artista, se ocupó de las pinturas murales de la bóveda y del presbiterio, de la policromía del retablo mayor, una escultura de la Virgen del Rosario realizada para la enfermería, y dos retratos póstumos del fundador con la intención de preservar su memoria, uno de los cuales se encuentra en la exposición.






El espacio central está dedicado a las obras realizadas por Murillo entre 1666 y1670 que aluden a las obras de misericordia, unas pinturas que reflejan el estilo de madurez del pintor, en pleno dominio de la técnica, donde interpreta el asunto religioso con modelos realistas de la calle. El conjunto principal de ocho pinturas se disgregó en 1810 a raíz de la invasión napoleónica, por lo que sólo podemos disfrutar de cuatro de ellas: Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos; San Juan de Dios transportando a un enfermo; La multiplicación de los panes y los peces; y Moisés y la roca de Horeb, todas ellas de gran tamaño. También se exhiben tres pinturas al margen de este programa iconográfico: un Niño Jesús Salvador y un San Juanito que se sitúan en sendos áticos de dos retablos laterales, y el lienzo que preside el retablo de la Anunciación, de este mismo asunto. 





El último espacio de la visita se dedica a las esculturas del retablo mayor, un prodigio de expresividad y teatralidad barroca, realizadas por Pedro Roldán, en colaboración con el tracista antes dicho y la policromía de Valdés Leal. En concreto, en la exposición, se han traído las esculturas del San Jorge, patrono titular de la iglesia y San Roque, protector de enfermedades, además, el Cristo de la Caridad, que refuerza el mensaje de la Hermandad, y una imagen de la Virgen con el Niño de comienzos del siglo XVI.





viernes, 21 de agosto de 2026

Una colección madrileña de antiguos maestros


El Museo de Historia de Madrid presenta la exposición, GOYA Y LAS ESCUELAS FLAMENCA E ITALIANA. UN SIGLO DE FILANTROPÍA DE CARLOTA DE SANTAMARCA Y ANTONIA GONZÁLEZ, que reúne un conjunto 57 piezas entre pinturas, esculturas y mobiliario, que forman parte en la actualidad de los bienes de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Unos bienes que provienen del legado testamentario de la que fue II condesa de Santamarca y duquesa viuda de Nájera, que siguió la tradición coleccionista de su padre, un prominente banquero, que a su muerte decidió dedicar su fortuna a la construcción de un orfanato de niñas, que sería decorado con obras de arte, algunas que estuvieron en su palacio de la calle Alcalá. A ellos se añaden las originarias del legado de Antonia González y Pérez, viuda del empresario Ramón Pallarés y Prats, que también dispuso a su muerte la construcción de otro orfanato. Hoy ambos forman parte de la misma institución y tienen como finalidad la educación en sus distintos niveles.



El núcleo de la muestra lo forma la colección Santamarca, integrada en la actualidad por 230 pinturas que abarcan desde comienzos del siglo XVII hasta principios del siglo XX y representan las escuelas española, italiana, flamenca y francesa. Las pinturas más destacadas son la serie de los Juegos de niños de Francisco de Goya, compuesta por seis lienzos realizados hacia 1785-1786, que provenían de los bienes del duque de Nájera, y hoy se exhiben en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. A ellas se suman piezas de maestros españoles del siglo XVII, activos en la capital, como Bartolomé y Vicente Carducho, Juan de Arellano, Francisco Camilo, y José Antolínez. De la misma época, son las pertenecientes a la escuela flamenca, entre las que sobresalen el Triunfo de Neptuno y Anfitrite de Frans Francken, y obras de Frans Snyders y Paul del Vos, entre otras. La pintura italiana está igualmente representada, tanto la religiosa como la decorativa, una sobre todo por el prolífico Luca Giordano con un monumental lienzo de la Huida a Egipto, y la otra, por un bodegón de Margherita Caffi.



La colección se completa con un valioso conjunto de retratos y pintura del siglo XIX y XX español. Entre los primeros destaca el realizado por José Moreno Carbonero de Carlota de Santamarca, fechado en 1908, y el del duque de Nájera pintado por Ricardo de Madrazo en 1911. Varias obras llevan la firma de Antonio de Brugada, como, la marina que representa el vapor de Isabel II anclado cerca de la costa, y de Jenaro Pérez Villaamil, centrado en los paisajes orientalistas como Las gargantas de las Alpujarras, que proporcionan un carácter romántico a la colección. El conjunto se completa con los bustos en mármol de Antonia González y Ramón Pallarés, firmadas por Miguel de la Cruz Martín, y dos mesas y un sofá que decoraron el suntuoso palacio de la condesa en la calle de Alcalá, uno de los más espléndidos del Madrid de la Restauración.



jueves, 28 de mayo de 2026

Obras de la colección Vicky y Marcos Micha Levy


 

La Fundación Casa de México en España presenta la exposición, REBELDÍAS VANGUARDISTAS DEL SIGLO XX. OBRAS DE LA COLECCIÓN VICKY Y MARCOS MICHA LEVY, que reúne una selección de cien obras de algunos de los más grandes artistas de México, imprescindibles para comprender la construcción de la modernidad artística del país. Una primera sala se dedica a los grandes muralistas que contribuyeron a crear la identidad nacional partiendo de los orígenes prehispanos con tintes revolucionarios. Ante los ojos de los visitantes, podemos descubrir un conjunto destacado de obras de manos de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Al mismo nivel, destaca la importancia de José Clemente Orozco, maestro de la alegoría y del simbolismo, así como autor de importantes murales. Junto a él, en el mismo espacio, aparecen otros autores de la modernidad mexicana como Germán Cueto, Saturnino Herrán, Carlos Mérida, Roberto Montenegro o Manuel Rodríguez Lozano. Por otra parte, Nahui Olin, una creadora visual y escritora, desarrolla una perspectiva femenina.



Un espacio propio lo constituyen las aportaciones de Miguel Covarrubias, figura sobresaliente del siglo XX, que destacó como artista, escritor, antropólogo y coleccionista. Fue ilustrador de Vanity Fair y desarrolló su obra entre México y Nueva York. Se interesó por la conservación de las culturas originarias y por visibilizar las aportaciones de las minorías. Desde su maestría en el dibujo, nos retrató los ambientes de la música de jazz en Harlem, durante los felices años 20; también se ocupó de la cultura Olmeca; de los indígenas de Bali; de las efigies de figuras destacadas de los regímenes totalitarios del momento. El siguiente apartado corresponde a la obra de dos artista oaxaqueños, que compartieron una vida profesional en París, que les resultó decisiva para su práctica artística: Rufino Tamayo y Francisco Toledo. El primero, fue mentor del segundo, de distinta generación. 



Ambos realizaron investigaciones sobre las culturas prehispánicas, y si Tamayo es considerado maestro del color, Toledo trazó representaciones asociadas a mitos y ecosistemas, un cuerpo de obras eróticas y sexuales entre humanos y animales. Finalmente, el recorrido termina con un espacio dedicado al artista, Mathias Goeritz, que llegó a México en el año 1949, y representó un pensamiento arquitectónico y visual esencial en la evolución hacia la contemporaneidad.



jueves, 16 de abril de 2026

Las heroínas bíblicas de Guercino



El Museo Thyssen acoge la pequeña muestra, GUERCINO Y SUS HEROÍNAS BÍBLICAS en su sala 12, que reúne 6 grandes obras religiosas de este pintor barroco protagonizadas por mujeres. Son cuadros todos ellos valiosos de grandes figuras entorno al que es propiedad de la institución madrileña titulada, Jesús y la samaritana en el pozo. Una obra de madurez caracterizada por un estilo clasicista, de composición equilibrada, colores brillantes y gestos estereotipados. Por aquel entonces, entorno a 1640, el artista se había trasladado a Bolonia, tras su paso por Roma, y había recibido la influencia de Guido Reni. A esta obra principal, le acompañan otras tres obras de madurez, de distintas épocas, y dos más tempranas, que nos permiten descubrir su primer estilo como Susana y los viejos (1617), de corte más naturalista, de mayor claroscuro y colores pastosos y gestos espontáneos. También de su primer estilo, entorno a 1621, corresponde Jesús y la mujer adúltera, el momento en el que el primero pronuncia la frase: Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.






En general, tres iconografías provienen del Antiguo Testamento, y otras tres del Nuevo Testamento. Guercino confiere distintos roles a estas heroínas religiosas: dos obras representan a mujeres anónimas y  arrepentidas tras el pecado, como la samaritana y la adúltera; otras dos como víctimas de situaciones injustas, que son la Susana acosada mientras se baña por los viejos jueces, y la Agar que junto a Ismael es repudiada por Abraham, un auténtico drama donde el niño sufre con lágrimas en los ojos la severidad del patriarca. Una vez más, en esta pintura de madurez, fechada en 1657, destacan sus colores brillantes, sobre todo del azul de lapislázuli. Finalmente, nuestro pintor reinterpreta las que son consideradas por la iconografía cristiana tradicional auténticas femme fatale en favor de valores distintos, una como una  heroína luchadora, la Dalila que es capaz de cortarle el pelo a Sansón sin esperar a los filisteos, de 1654, y otra, la que fuera joven seductora ahora como una víctima sometida a los deseos de su madre, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637).







miércoles, 15 de abril de 2026

Dibujo y escultura en las Colecciones ICO


 

El Museo ICO presenta la exposición, TRANSITAR EL SIGLO XX. DIBUJO Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES ICO, que reúne un conjunto destacado de obras de esas características desde comienzos del siglo pasado hasta la década de los ochenta, pertenecientes a 34 artistas entre escultores, pintores y arquitectos. En el treinta aniversario del museo, parte de la idea de un cambio radical en la concepción de la escultura, la del campo expandido, en la que deja de situarse en un pedestal para formar parte de la experimentación que llevan a cabo las vanguardias. De esta manera, la disciplina perdió una definición precisa para establecerse entre el paisaje y la arquitectura. La exposición, así,  realiza un recorrido por el arte español estableciendo un diálogo con los cambios sociales, políticos y estéticos de su tiempo. Las obras se presentan ante el visitante agrupadas por autores, dispuestos en una evolución temporal: uno o dos dibujos con una escultura, lo que favorece su disfrute y comprensión.



Un conjunto de fotografías de los artistas inician el recorrido para el visitante, cuyo primer apartado corresponde a Las Vanguardias, es decir, a las trasformaciones radicales que experimentó la escultura principalmente a manos del cubismo y el surrealismo, tanto en los materiales, como en la representación o no de la figura humana. Fue progresivo, y aquellas pretensiones de representar la belleza y la perfección anatómica, o la representación fidedigna de la naturaleza, quedaron a un lado en favor de nuevas inquietudes. Con un fondo de grandes cortinajes de terciopelo rojo, se muestran obras de Gaudí, Manolo Hugué, Pablo Gargallo, Julio González, Pablo Picasso y Juan Gris, para terminar con Joaquín Torres García, Salvador Dalí y Ángel Ferrant. El siguiente espacio, Voces en el exilio, se centra en la obra de Esteban Vicente, Eugenio Granell, y sobre todo, de Alberto Sánchez, cada uno desde sus parámetros estéticos, el expresionismo abstracto o el surrealismo, para canalizar la memoria y la pérdida tras la Guerra Civil.




El siguiente momento de la evolución estilística corresponde a los años cincuenta y sesenta, cuando quedan atrás los movimientos de vanguardia. Junto al expresionismo abstracto de EEUU, surge el Informalismo, caracterizados por distintas facetas, en el que se incluye las obras de Martín Chirino, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Le continua el apartado dedicado a la Arquitectura, formado por arquitectos que realizan esculturas como un medio de expresar la continuidad entre la materia y el espacio, representado por obras de Álvaro Siza y Juan Navarro Baldeweg. Por estos años, se vuelve a La Figuración, la siguiente sección, caracterizada por una escultura realista, centrada en la representación veraz del objeto, cuyos autores principales son Carmen Laffón y Julio López. La exposición acaba con el amplio espacio dedicado a Los años 80, una época de revitalización artística identificada con el posmodernismo. Los nuevos artistas, en plena democracia, son más individualistas, lo que causa diversidad estilística, desde la abstracción a la figuración. Así lo observamos en las obras de Miquel Barceló, Susana Solano, Jaume Plensa, Juan Muñoz y Eduardo Arroyo. Todo un conjunto selecto de propuestas que atraen al espectador.




lunes, 23 de marzo de 2026

La escultura de la Colección ABANCA


 

La Casa de América presenta la exposición, ESPACIO Y TIEMPO. LA ESCULTURA EN LA COLECCIÓN ABANCA, que reúne 50 obras de 41 creadores entre finales del siglo XIX hasta nuestros días. Supone mostrar una evolución de la escultura a lo largo del tiempo y de sus diferentes estilos, a través de un recorrido bien dispuesto para el espectador, y representativo de la calidad del conjunto, declarado Bien de Interés Cultural. Salvo un pequeño conjunto en el piso bajo que da paso a la escalera, las obras del primer piso y del segundo, siguen un orden cronológico. Los inicios se encuadran en el modernismo y las formas regionales, representadas por autores como Isidoro Brocos y Rafael de la Torre Mirón. Pronto, se pasa a los movimientos de vanguardia, y así, nos encontramos con la obra de Julio González, encuadrada en dos pinturas significativas, una de Picasso y otra de Fernand Léger. Más adelante, destaca la presencia de dos ejemplos de Baltasar Lobo, artista que jugó un papel crucial en el arte español de posguerra.



Pintura abstracta y escultura acompañan al visitante en los siguientes espacios de la primera planta. Culmina el recorrido con dos obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Destacan además, pinturas de Manuel Millares y Joaquín Torres García. La última planta se inicia con el magnífico conjunto de Francisco Leiro de las Recolectoras, compuesto por cuatro grades figuras de madera policromada sobre el desastre del Prestige en la costa gallega. Finalmente, destacan tres grandes: primero, Susana Solano con su obra, Toma de tierra nº 2 (1993), realizada en hierro esmaltado que representa una forma abstracta que desafía la gravedad; segundo, dos figuras claves, Juan Muñoz y Juliao Sarmento que reflexionan sobre la ausencia y la relación con el espectador. Así, la obra, Laughing chinese man with mirror (1997), está protagonizada por una de sus típicas figuras humanas frente a un espejo; y Kiss may eyes  (with chairs), 2004, presenta una figura femenina sin cabeza rodeada de un conjunto de catorce sillas vacías y superpuestas en entre sí, que nos transmiten inquietud, incomunicación y tensión. De esta manera, observar rodeado de estas obras tan ricas de matices por sí mismas, nos invita a considerar el medio escultórico como un lenguaje artístico vivo que nos influye en nuestra percepción del espacio y su evolución en el tiempo.