jueves, 5 de febrero de 2026

Juan Muñoz en el Museo del Prado



El Museo del Prado presenta la exposición, JUAN MUÑOZ. HISTORIAS DEL ARTE, que reúne un grupo de instalaciones, esculturas, dibujos, grabados, gabinetes con pequeñas figuras y libros personales, sobre este artista madrileño que tuvo al museo como un lugar de visita regular e inspiración constante. Comisariada por Vicente Todolí, se despliega en dos salas de la ampliación de los Jerónimos, y en otras dos de la colección permanente y en las escaleras de la entrada de Murillo, así como del exterior. Una celebración para este escultor contemporáneo inspirado por la pintura y admirador de los grandes maestros, de la historia del arte de la que dijo robaba todo lo que podía. Especialmente, se fijó en el Manierismo y el Barroco, de su pintura, escultura y arquitectura. De uno, tomó la distorsión de las figuras, de otro, su teatralidad. Crea, así, un espacio ficticio donde involucra y envuelve al espectador. Un visitante que a través de las salas y subespacios de la muestra encuentra figuras enigmáticas a escala humana en escenarios íntimos o deambulando en grupos. Tienen, a veces, la boca entreabierta o sonriendo; son unos auténticos avatares que evocan la escultura griega que dialogan, como se ha dicho, con textos absurdos y existencialistas de Borges y Becket.






Juan Muños incorpora suelos ópticos evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas de Carl André. Utiliza la arquitectura como parte integral de su obra para crear entornos dramáticos que envuelven al espectador. Así lo observamos en obras como The Prompter o The Nature of Visual Illusion. Las referencias a Velázquez y Goya son constantes en su obra. Del primero toma repetidamente la figura del enano, personaje de diversión en la corte de los Austrias, que los vemos interactuando con estructuras, una mesa de billar o unas barras paralelas, como si se dispusiese a moverse, como lo hace en Las Meninas. También el empleo de espejos, uno de los elementos de la ilusión barroca más significativos. Del segundo evoca las escenas de absurdo de los Caprichos o los Disparates. Además el motivo de los balcones repletos de personajes que miran o el no menos llamativo de esculturas ensacadas, relacionadas con las tituladas, Conversation Pieces, también influenciadas por Giacometti, pero que casan muy bien cuando son expuestas frente al frenesí de figuras de los cuadros de Rubens.






Las esculturas individuales inquietan al espectador en su más variadas poses. Algunas tienen la nariz plana, otras las encontramos colgadas por los pies o la cabeza, que llaman especialmente la atención al encontrarse colgadas en los descansillos de una escalera. La escala humana refuerza la ilusión ficticia sobre el visitante que se siente involucrado dramáticamente. Una vitrina de la exposición nos informa a través de libros de su biblioteca del estudio concienzudo de la historia, el arte y la estética, que le permitirían a mostrar su propia creatividad. Finalmente, una sala reúne sus dibujos y pequeñas vitrinas de esculturas que nos evocan las gabinetes de maravillas del Renacimiento.



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