jueves, 27 de agosto de 2026

Las pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla


El Centro Cultural Condeduque presenta la exposición, ARTE Y MISERICORDIA, EL BARROCO DE LA SANTA CARIDAD DE SEVILLA EN MADRID, que reúne las importantes pinturas que decoran la iglesia del hospital de la Hermandad de la Caridad de la ciudad hispalense, un conjunto completo iconográfico y artístico de primer nivel. Todas ellas las podemos contemplar cerca del visitante a diferencia de su emplazamiento original en altura. Una excelente oportunidad favorecida por la restauración del edificio donde se situaban desde hace varios siglos. Además se disponen según su posición en el templo. Un conjunto que se debe al mecenazgo de Miguel Mañara, noble sevillano, que tras la muerte de su mujer en 1661, le hace reconsiderar su vida. Para ello, ingresa en la Hermandad dedicada desde el siglo XV al entierro de los muertos pobres, que él ampliaría a la asistencia a las personas desvalidas. Su ideario lo dejó por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada, Discurso sobre la verdad, concretado en la fugacidad de la vida y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna.






Miguel de Mañara elegirá a los mejores artistas del momento, como los pintores Juan de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresarán en la Hermandad para ahorrar costes. La exposición, de esta manera, comienza con el espacio dedicado al primero, compuesto por las dos pinturas conocidas como los Jeroglíficos de las postrimerías, In ictu oculi y Finis gloriae Mundi, que nos comunican la cortedad de la vida sin importar las glorias mundanas; luego el momento del juicio que nos permitirá alcanzar la salvación, si la virtud se ha impuesto sobre los vicios. Igualmente, el artista, se ocupó de las pinturas murales de la bóveda y del presbiterio, de la policromía del retablo mayor, una escultura de la Virgen del Rosario realizada para la enfermería, y dos retratos póstumos del fundador con la intención de preservar su memoria, uno de los cuales se encuentra en la exposición.






El espacio central está dedicado a las obras realizadas por Murillo entre 1666 y1670 que aluden a las obras de misericordia, unas pinturas que reflejan el estilo de madurez del pintor, en pleno dominio de la técnica, donde interpreta el asunto religioso con modelos realistas de la calle. El conjunto principal de ocho pinturas se disgregó en 1810 a raíz de la invasión napoleónica, por lo que sólo podemos disfrutar de cuatro de ellas: Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos; San Juan de Dios transportando a un enfermo; La multiplicación de los panes y los peces; y Moisés y la roca de Horeb, todas ellas de gran tamaño. También se exhiben tres pinturas al margen de este programa iconográfico: un Niño Jesús Salvador y un San Juanito que se sitúan en sendos áticos de dos retablos laterales, y el lienzo que preside el retablo de la Anunciación, de este mismo asunto. 





El último espacio de la visita se dedica a las esculturas del retablo mayor, un prodigio de expresividad y teatralidad barroca, realizadas por Pedro Roldán, en colaboración con el tracista antes dicho y la policromía de Valdés Leal. En concreto, en la exposición, se han traído las esculturas del San Jorge, patrono titular de la iglesia y San Roque, protector de enfermedades, además, el Cristo de la Caridad, que refuerza el mensaje de la Hermandad, y una imagen de la Virgen con el Niño de comienzos del siglo XVI.





viernes, 21 de agosto de 2026

Una colección madrileña de antiguos maestros


El Museo de Historia de Madrid presenta la exposición, GOYA Y LAS ESCUELAS FLAMENCA E ITALIANA. UN SIGLO DE FILANTROPÍA DE CARLOTA DE SANTAMARCA Y ANTONIA GONZÁLEZ, que reúne un conjunto 57 piezas entre pinturas, esculturas y mobiliario, que forman parte en la actualidad de los bienes de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Unos bienes que provienen del legado testamentario de la que fue II condesa de Santamarca y duquesa viuda de Nájera, que siguió la tradición coleccionista de su padre, un prominente banquero, que a su muerte decidió dedicar su fortuna a la construcción de un orfanato de niñas, que sería decorado con obras de arte, algunas que estuvieron en su palacio de la calle Alcalá. A ellos se añaden las originarias del legado de Antonia González y Pérez, viuda del empresario Ramón Pallarés y Prats, que también dispuso a su muerte la construcción de otro orfanato. Hoy ambos forman parte de la misma institución y tienen como finalidad la educación en sus distintos niveles.



El núcleo de la muestra lo forma la colección Santamarca, integrada en la actualidad por 230 pinturas que abarcan desde comienzos del siglo XVII hasta principios del siglo XX y representan las escuelas española, italiana, flamenca y francesa. Las pinturas más destacadas son la serie de los Juegos de niños de Francisco de Goya, compuesta por seis lienzos realizados hacia 1785-1786, que provenían de los bienes del duque de Nájera, y hoy se exhiben en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. A ellas se suman piezas de maestros españoles del siglo XVII, activos en la capital, como Bartolomé y Vicente Carducho, Juan de Arellano, Francisco Camilo, y José Antolínez. De la misma época, son las pertenecientes a la escuela flamenca, entre las que sobresalen el Triunfo de Neptuno y Anfitrite de Frans Francken, y obras de Frans Snyders y Paul del Vos, entre otras. La pintura italiana está igualmente representada, tanto la religiosa como la decorativa, una sobre todo por el prolífico Luca Giordano con un monumental lienzo de la Huida a Egipto, y la otra, por un bodegón de Margherita Caffi.



La colección se completa con un valioso conjunto de retratos y pintura del siglo XIX y XX español. Entre los primeros destaca el realizado por José Moreno Carbonero de Carlota de Santamarca, fechado en 1908, y el del duque de Nájera pintado por Ricardo de Madrazo en 1911. Varias obras llevan la firma de Antonio de Brugada, como, la marina que representa el vapor de Isabel II anclado cerca de la costa, y de Jenaro Pérez Villaamil, centrado en los paisajes orientalistas como Las gargantas de las Alpujarras, que proporcionan un carácter romántico a la colección. El conjunto se completa con los bustos en mármol de Antonia González y Ramón Pallarés, firmadas por Miguel de la Cruz Martín, y dos mesas y un sofá que decoraron el suntuoso palacio de la condesa en la calle de Alcalá, uno de los más espléndidos del Madrid de la Restauración.