La Fundación Mapfre presenta la exposición, LA OTRA ORILLA DE LA VANGUARDIA. CREACIÓN ARTÍSTICA Y SALUD MENTAL (1900-1950), que reúne más de setenta obras de pintura, dibujo, escultura, fotografía, textil y documentación en forma de libros y publicaciones entorno a las creaciones de pacientes psiquiátricos y su relación con los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX. Una muestra que pone en relación las obras de sus artistas con otras de pacientes que no desmerecen por su calidad y libertad expresiva. Todo ello se debe al doctor e historiador del arte, Hans Prinzhorn, que reunió en la clínica psiquiátrica de la universidad de Heidelberg, una extraordinaria colección de este tipo de obras reunidas en esta institución y de otras de Alemania y otros países europeos. Diversas piezas consideradas en principio como pruebas y documentos médicos, empezaron a comprenderse como manifestaciones de una creatividad al margen de los modelos establecidos. Esta nueva mirada se dio a conocer en la publicación del doctor, Expresiones de la locura (1922), que recogía parte de su colección, que tuvo gran repercusión entre intelectuales y artistas de la época.
La exposición se divide en cinco secciones que corresponden a distintos movimientos de vanguardia o momentos políticos y sociales, según una evolución cronológica. La primera sección se titula, Un espíritu compartido: Expresionismo alemán, que cuenta la influencia de este grupo vanguardista creado en 1905 (El Puente), y luego en 1912 (El Jinete Azul), en las consideraciones del doctor Pinzhorn. Un grupo que pretendía un nuevo paradigma de la creación artística, al ser producto de impulsos primarios, corporales y psíquicos, al margen de la tradición cultural. Además, la pareja del doctor, bailarina y coreógrafa, junto a la amistad con el pintor Emil Nolde, le vincularon al expresionismo. Pinzhorn, de esta manera, pudo identificar mejor en las obras de los pacientes psiquiátricos, una creatividad ajena a la formación académica y al control racional. El segundo apartado, Dadá y el arte fuera de la norma, nos sitúa en el arte contemporáneo después de la Primera Guerra Mundial, en el grupo fundado en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich, que reivindicaba un arte elemental, fuera de la convenciones culturales burguesas.
Las ideas de Pinzhorn llegaron a Berlín en 1918, donde Richard Huelsenbeck fundó junto Raoul Hausmann y Hannah Höch el Club Dada. Unos planteamientos que influyeron en la obra de George Grosz y Kurt Schwitters, como podemos observar en la exposición. El siguiente espacio del recorrido, El periodo de entreguerras y el arte degenerado, nos ilustran de una interpretación negativa de las vanguardias originadas en las teorías de Max Nordau que las suponía síntoma de una patología social. Una lectura que alcanzó su máxima radicalización con el nacionalsocialismo, que organizaron la exposición Arte degenerado en Múnich (1937) que, a modo de dispositivo de propaganda, recorrería Alemania. Al incluir obras de pacientes psiquiátricos, establecía equivalencias con la obras de vanguardia, para desacreditarlas, y justificar, la censura y la persecución de los artistas, pues demostraba que el arte moderno era producto de una mente enferma, por tanto, una amenaza social.
Si hay un movimiento que recibió el libro con mayor entusiasmo fue el Surrealismo, en el apartado subtitulado, La frontera entre la realidad y el inconsciente. Para sus principales integrantes, desde Max Ernst a Paul Eluard, hasta su líder, André Breton, las imágenes de los pacientes psiquiátricos eran una referencia visual, y fundamentaban la teoría del automatismo psíquico sin control racional. El propio Breton junto a Éluard, adquirió varias obras de la colección Pinzhorn en la exposición, El arte de los enfermos mentales, celebrada en París (1929). El último apartado, Del legado de Prinzhorn al Art Brut, nos muestra cómo a partir de 1945, las obras de este tipo de pacientes, cobró nuevo impulso, gracias a la labor del artista Jean Dubuffet, que desarrolló el concepto art brut para denominarlas. Un término que se refería a aquellas producidas al margen de la formación académica y de la cultura artística establecida. También, se dedicaría, desde 1948, a localizar, estudiar, conservar y difundir estas obras, que se concretó en la formación de varias colecciones, y la gran exposición en el Museo de Artes Decorativas de París en 1967, el primero en un museo público. Así, se consolidaría el interés por estos artistas marginales y el surgimiento de nuevas perspectivas sobre estas manifestaciones visuales.




