El Guernica pintado por Pablo Picasso en 1937 tras un encargo del gobierno de la Segunda República para formar parte del pabellón español en la Exposición Internacional de Paris de ese año, cobra hoy plena actualidad. Sabemos que fue pintado en recuerdo de las víctimas del salvaje bombardeo de la ciudad vasca por la aviación nazi e italiana en apoyo al ejército franquista en una nueva táctica militar sanguinaria que sería puesta en práctica luego en el conflicto mundial. El cuadro de artista malagueño presenta la poderosa simbología de mostrar los horrores de la guerra y sus devastadoras consecuencias en forma de víctimas inocentes. Fue pintado en tiempos oscuros, cuando los regímenes totalitarios no respetaban las leyes internacionales, ni los derechos humanos, sino la ley del más fuerte.
Tras la Segunda Guerra Mundial, se creó un nuevo orden en el mundo bajo la protección las Naciones Unidas basada en los derechos humanos y la coexistencia pacífica. Sin embargo, hoy parece que vuelven aquellos tiempos por la guerra interminable y arbitraria de Ucrania en la que está comprometida toda Europa Occidental; el conflicto de EEUU e Irán; y el genocidio de Gaza. Por ello, El Guernica, adquiere de nuevo, si alguna vez lo perdió, nueva vigencia. Su poderosa simbología contra el horror de la guerra, ha inspirado las acciones políticas y las decisiones de no favorecer conflictos arbitrarios y sumamente dañinos para la Humanidad. Así, nos lo recuerda el presidente del gobierno, Pedro Sánchez con motivo de la campaña electoral en un vídeo grabado en el Museo Reina Sofía donde se conserva la obra emblemática de Pablo Picasso como expresión y luz de nuestros valores.

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