lunes, 23 de marzo de 2026

La escultura de la Colección ABANCA


 

La Casa de América presenta la exposición, ESPACIO Y TIEMPO. LA ESCULTURA EN LA COLECCIÓN ABANCA, que reúne 50 obras de 41 creadores entre finales del siglo XIX hasta nuestros días. Supone mostrar una evolución de la escultura a lo largo del tiempo y de sus diferentes estilos, a través de un recorrido bien dispuesto para el espectador, y representativo de la calidad del conjunto, declarado Bien de Interés Cultural. Salvo un pequeño conjunto en el piso bajo que da paso a la escalera, las obras del primer piso y del segundo, siguen un orden cronológico. Los inicios se encuadran en el modernismo y las formas regionales, representadas por autores como Isidoro Brocos y Rafael de la Torre Mirón. Pronto, se pasa a los movimientos de vanguardia, y así, nos encontramos con la obra de Julio González, encuadrada en dos pinturas significativas, una de Picasso y otra de Fernand Léger. Más adelante, destaca la presencia de dos ejemplos de Baltasar Lobo, artista que jugó un papel crucial en el arte español de posguerra.



Pintura abstracta y escultura acompañan al visitante en los siguientes espacios de la primera planta. Culmina el recorrido con dos obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Destacan además, pinturas de Manuel Millares y Joaquín Torres García. La última planta se inicia con el magnífico conjunto de Francisco Leiro de las Recolectoras, compuesto por cuatro grades figuras de madera policromada sobre el desastre del Prestige en la costa gallega. Finalmente, destacan tres grandes: primero, Susana Solano con su obra, Toma de tierra nº 2 (1993), realizada en hierro esmaltado que representa una forma abstracta que desafía la gravedad; segundo, dos figuras claves, Juan Muñoz y Juliao Sarmento que reflexionan sobre la ausencia y la relación con el espectador. Así, la obra, Laughing chinese man with mirror (1997), está protagonizada por una de sus típicas figuras humanas frente a un espejo; y Kiss may eyes  (with chairs), 2004, presenta una figura femenina sin cabeza rodeada de un conjunto de catorce sillas vacías y superpuestas en entre sí, que nos transmiten inquietud, incomunicación y tensión. De esta manera, observar rodeado de estas obras tan ricas de matices por sí mismas, nos invita a considerar el medio escultórico como un lenguaje artístico vivo que nos influye en nuestra percepción del espacio y su evolución en el tiempo.





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