viernes, 27 de febrero de 2026

La pintura de Anders Zorn


 

La fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, ANDERS ZORN. RECORRER EL MUNDO, RECORDAR LA TIERRA, una retrospectiva que reúne más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, provenientes de importantes instituciones internacionales. Constituye un conjunto de lo más significativo del autor sueco, originario de una zona rural en un entorno modesto. A su padre, un maestro cervecero, no le llegó a conocer, por lo que fue criado por sus abuelos, mientras su madre trabajaba fuera del hogar. Desde joven mostró un extraordinario talento para el arte. Al principio se interesó por la escultura, luego deslumbró por su virtuosismo con la acuarela, que le llevaría a la fama. Su primera formación en la Academia de Bellas Artes fue ampliada por los conocimientos adquiridos en sus numerosos viajes de juventud, entre los que se encontraban España, Constantinopla y el norte de África, atraído por el exotismo y las modelos femeninas. En 1882 se instala en Londres y poco a poco adquiere fama como retratista. Un prestigio que culmina en Paris entre 1888 y 1896 cuando gana la medalla de oro de la Exposición Internacional y es nombrado caballero de la Legión de Honor.



Zorn es una mezcla entre cosmopolitismo y apego local, pues a partir de 1896 decide establecerse definitivamente en Mora, su localidad natal, donde concentrará sus esfuerzos para representar, conservar y reivindicar las costumbres y culturas rurales suecas. Pero antes, desde joven encontró el apoyo de relevantes mecenas y distinguidos personajes de la alta sociedad, escritores, intelectuales y renombrados pintores de la época como John Singer Sargent y Joaquín Sorolla, unidos por sus similitudes estilísticas, el estilo naturalista tan en boga en aquel periodo. Zorn se inspiró en la pintura de Velázquez, para luego ser influenciado por la holandesa de Fran Hals y sobre todo, Rembrandt, presentes en sus retratos y autorretratos a diferentes edades, como en la original actividad como grabador. Unos retratos de carácter espontaneo, en un contexto que alude a la personalidad del retratado, marcados por contrastes de luces y de sombras que interactúan con el color. La exposición muestra ejemplos relevantes de ellos: de un presidente de EEUU, de los reyes de Suecia, de banqueros, mecenas, señoras de la alta sociedad como de bailarinas, del mismo Sorolla o del pintor Max Liebermann, sus amigos.



Zorn muestra desde sus inicios una sofisticada técnica con la acuarela, que se observa en los retratos, como en los paisajes naturales, donde capta los detalles más asombrosos de los reflejos del agua o las matizaciones de la luz sobre los objetos. Posteriormente, al oleo, su pincelada será suelta y abocetada, que fue criticada como improvisada y descuidada, y que hoy se interpreta como reflejo de la modernidad. Una modernidad que se observa también en las composiciones y representaciones de la vida urbana. Los cuadros de la Suecia rural, de donde procedía, son representados de la misma manera, con una técnica suelta, abocetada, interesado por la luz y el color. Son llamativos los desnudos femeninos junto a los lagos, de mujeres solitarias o en grupos, a veces con sus hijos. También de mujeres dedicadas a las labores tradicionales: amasar el pan, elaborar cerveza, bailar a medianoche, o acicalarse para ir a la iglesia. La exposición tan extensa y detallada, con numerosos ejemplos, a veces con los más relevantes de su carrera, nos permiten tener un conocimiento amplio de Anders Zorn, como un artista polifacético y versátil, de gran nivel en distintas técnicas, especialmente en la acuarela, óleo y grabado, que se sintió fascinado por España, que visitó nueve veces a lo largo de su vida.




jueves, 12 de febrero de 2026

La pintura de Juan Uslé


 

El Museo Reina Sofía presenta la exposición, JUAN USLÉ. ESE BARCO EN LA MONTAÑA, una exhibición antológica de su obra a través de cuarenta años de carrera, la segunda en esta institución después de veinte años. El recorrido, de carácter cronológico, se inicia con la pintura, 1960, en alusión al buque Elorrio, un carguero cargado de grano procedente de Baltimore que naufragó enfrente de las costas donde se haya su casa familiar en Cantabria. Un recuerdo de la infancia llevado a la pintura en 1986, con un estilo expresionista de tonos oscuros. Al año siguiente, el artista y su pareja, se instalan en Nueva York, en una residencia próxima al puente de Williamsburg. Nos sirve para indicar la fuente de inspiración del artista, sus propias ensoñaciones, matizadas por sus recuerdos; el entorno cotidiano, visto desde una mirada personal, original. De esta forma, Uslé combina la consciencia y el subconsciente, para expresarse con un lenguaje artístico abstracto.



El estilo de Uslé, a lo largo del tiempo, tras el expresionismo de los primeros años considerados, se va haciendo más reconocible, uniforme, madura, desde la vivencias personales, de los procesos psicológicos que generan. La abstracción se convierte en la mejor manera de expresar las pulsiones internas del artista. Ante el visitante, se van sucediendo sus distintas series o familias de obras: entorno al concepto Nemasté; el peso de la ciudad de Nueva York; las composiciones verticales, los pequeños y grandes formatos con cuadrículas, marcadas con un ritmo de repetición; la participación en la documenta IX; la serie Célibataires; y el gran conjunto, Soñé que revelabas (SQR), que ha terminado por imponerse en su estilo, marcado por un resumen de gestos que han caracterizado la pintura del autor en las cuatro décadas, entre los que sobresale un ritmo peculiar de la pincelada, entrecortada, que se ha dicho proveniente de su latido, de su pulso. 



La exposición demuestra la importancia de la fotografía en la práctica pictórica como fuente de inspiración. Lo vemos en la obra, Línea Dolca (2008-2018), un conjunto de imágenes tomadas en una década, asociadas al empleo de la fotografía digital, que muestran la manera en la que funciona la mirada de Uslé. Una mirada que localiza fragmentos en el mundo cotidiano, raíles de tren, arquitecturas, cielos, que luego traslada al lienzo.



jueves, 5 de febrero de 2026

Juan Muñoz en el Museo del Prado



El Museo del Prado presenta la exposición, JUAN MUÑOZ. HISTORIAS DEL ARTE, que reúne un grupo de instalaciones, esculturas, dibujos, grabados, gabinetes con pequeñas figuras y libros personales, sobre este artista madrileño que tuvo al museo como un lugar de visita regular e inspiración constante. Comisariada por Vicente Todolí, se despliega en dos salas de la ampliación de los Jerónimos, y en otras dos de la colección permanente y en las escaleras de la entrada de Murillo, así como del exterior. Una celebración para este escultor contemporáneo inspirado por la pintura y admirador de los grandes maestros, de la historia del arte de la que dijo robaba todo lo que podía. Especialmente, se fijó en el Manierismo y el Barroco, de su pintura, escultura y arquitectura. De uno, tomó la distorsión de las figuras, de otro, su teatralidad. Crea, así, un espacio ficticio donde involucra y envuelve al espectador. Un visitante que a través de las salas y subespacios de la muestra encuentra figuras enigmáticas a escala humana en escenarios íntimos o deambulando en grupos. Tienen, a veces, la boca entreabierta o sonriendo; son unos auténticos avatares que evocan la escultura griega que dialogan, como se ha dicho, con textos absurdos y existencialistas de Borges y Becket.






Juan Muños incorpora suelos ópticos evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas de Carl André. Utiliza la arquitectura como parte integral de su obra para crear entornos dramáticos que envuelven al espectador. Así lo observamos en obras como The Prompter o The Nature of Visual Illusion. Las referencias a Velázquez y Goya son constantes en su obra. Del primero toma repetidamente la figura del enano, personaje de diversión en la corte de los Austrias, que los vemos interactuando con estructuras, una mesa de billar o unas barras paralelas, como si se dispusiese a moverse, como lo hace en Las Meninas. También el empleo de espejos, uno de los elementos de la ilusión barroca más significativos. Del segundo evoca las escenas de absurdo de los Caprichos o los Disparates. Además el motivo de los balcones repletos de personajes que miran o el no menos llamativo de esculturas ensacadas, relacionadas con las tituladas, Conversation Pieces, también influenciadas por Giacometti, pero que casan muy bien cuando son expuestas frente al frenesí de figuras de los cuadros de Rubens.






Las esculturas individuales inquietan al espectador en su más variadas poses. Algunas tienen la nariz plana, otras las encontramos colgadas por los pies o la cabeza, que llaman especialmente la atención al encontrarse colgadas en los descansillos de una escalera. La escala humana refuerza la ilusión ficticia sobre el visitante que se siente involucrado dramáticamente. Una vitrina de la exposición nos informa a través de libros de su biblioteca del estudio concienzudo de la historia, el arte y la estética, que le permitirían a mostrar su propia creatividad. Finalmente, una sala reúne sus dibujos y pequeñas vitrinas de esculturas que nos evocan las gabinetes de maravillas del Renacimiento.