viernes, 31 de mayo de 2024

La pintura de Isabel Quintanilla


 

El Museo Thyssen de Madrid presenta la exposición, EL REALISMO ÍNTIMO DE ISABEL QUINTANILLA, la primera retrospectiva de esta artista en España, pues su reconocimiento se produce antes en Alemania, donde participó en la Documenta de Kassel de 1977. De allí proceden la mayoría de las obras de esta muestra. Pertenece al grupo de los realistas de Madrid, formado por cuatro mujeres y tres hombres, que se formaron juntos y se casaron entre ellos. Las mujeres en este grupo ocuparon un lugar destacado, al que rinde homenaje la exposición junto a la protagonista. Sin embargo, el contexto político y social de la dictadura, no fue propicio para ello. Un contexto que relegaba a la mujer a las tareas domésticas, y luego el apoyo al informalismo frente al estilo realista de la pintura. Isabel Quintanilla mostró pronto su talento para el dibujo y la pintura. Junto a su marido, el escultor Francisco López, que había recibido una beca en la Academia Española de Roma, pasan cuatro años en la Ciudad Eterna, tiempo de formación y experiencias. En ella, igualmente, pesan las ausencias, las de su padre, militar republicano que murió preso, la de su madre, que se ganaba la vida con la costura para salir adelante.



Su talento es evidente para el dibujo y la pintura. Trata de captar con precisión los objetos y la naturaleza al mínimo detalle, y bajo la influencia de una luz cambiante, sin ocultar el paso del tiempo sobre ellos. Su estilo, por tanto, es realista, sin pretender emular la fotografía. Las citas de la novela de Rafael Sánchez Ferlosio en la exposición, nos dan una pista en captar lo cotidiano, una realidad que esconde, de todas maneras diferentes significados. La presencia humana está ausente, pero se alude a ella, sin duda, la propia artista y su familia, que habita los espacios y utiliza los objetos. Por eso se dice que es una pintura íntima, en la que participa la artista desde el punto de vista emocional. Pinta bodegones a la manera clásica, pero situados en la época contemporánea: un vaso de Duralex con flores y otros recipientes que exhiben su marca comercial, a la manera Pop. Fascinan los interiores de puertas abiertas que dejan entrever los espacios. También cuando miran por la ventana al jardín del patio, un tema recurrente. En los patios prima el recuerdo de su estancia romana, bajo la influencia de las villas antiguas. Por otra parte, algunos objetos de esos interiores aluden a la actividad artística de su habitantes.




Isabel Quintanilla pinta igualmente paisaje, natural y urbano. Entornos que conoce y habita por su experiencia personal, como son los de la Comunidad de Madrid y Extremadura. Realiza, entonces, perspectivas que se pierden en el horizonte, según su propia atmósfera. Las urbanas, de la capital de España y de Roma, son realizadas desde una punto alto de vista. El cielo ocupa gran parte del lienzo, o la mitad del mismo si es un paisaje natural. Podemos decir que no vemos a la artista en el recorrido de su obra que realiza la exposición, salvo el Autorretrato de 1962, sin embargo, su mirada y su personalidad, nunca se ausentan de las imágenes. Las pinturas del interior de sus casas, los patios, las vistas de las ciudades y los campos, muestran a la mujer que los observó y los traspuso al lienzo en un tiempo determinado. Ese tiempo ha pervivido de esta forma. Nosotros, el espectador actual, nos asomamos a esos objetos y lugares que ella percibió con profunda emoción, y que nos desvela a través del arte.



viernes, 17 de mayo de 2024

Arte y Naturaleza


 

Una pequeña exposición se da cita en el CaixaForum de Madrid en colaboración con el Centro Pompidou, denominada, ARTE Y NATURALEZA. UN SIGLO DE BIOFORMISMO, que reúne unas ochenta obras de pintura, escultura, fotografía, cine y diseño. Plantea un diálogo fructífero entre los lenguajes artísticos y las formas de la biología natural. Se extiende cronológicamente durante cien años desde el primer tercio del siglo XX hasta principios del siglo XXI, nuestra época. Se organiza en cuatro secciones: Metamorfosis, es el título de la primera, que muestra un grupo de pinturas surrealistas protagonizadas por los grandes maestros pertenecientes o próximos a este grupo como Dalí, Yves Tanguy, Max Ernst, el propio Picasso y Le Corbusier. En ellas las formas humanas se transforman por otras vegetales o animales. También incluye un grupo de obras abstractas que incluyen motivos de este tipo, siendo ejemplo las pinturas de Kandinsky. Un grupo de esculturas experimentan, igualmente, la metamorfosis humana en un ser híbrido con seres naturales.




Las obras de Alexander Calder o Alvar Alto imitan la naturaleza, y otros ejemplos demuestran la capacidad de fascinación de aquellas formas de minerales, plantas y seres vivos, incluso los más microscópicos, hasta ahora desconocidos, recientemente descubiertos por las nuevas técnicas, sobre la creatividad artística. Corresponden a la segunda sección, denominada, Mimetismo. En el siguiente espacio, titulado, Creación, el arte imita los principios generativos de la naturaleza, y ésta, a su vez, se transforma en arte. Corresponde, sobre todo al arte abstracto, y a movimientos surgidos en la década de 1960, como el arte povera en Italia o el land art en EEUU, en los que observamos piezas escultóricas elaboradas con elementos naturales, como raíces de árbol,  piedras o plumas de aves en su estado original. 



Finalmente, la cuarta sección, se titula con el explícito título de Amenaza, que alude a una naturaleza contaminada, alterada por la polución en todas sus formas, en un contexto histórico, después de los años cincuenta con el nacimiento de la energía atómica y del incremento exponencial de la producción industrial y el consumismo. Este mundo, de esta manera, influye en las obras artísticas, que reflejan los riesgos para el ser humano. La obra de la artista suiza Pamela Rosenkranz, Estanque de piel (relucir), un gran tanque con un líquido rosado de apariencia tóxica en constante movimiento, ocupa gran parte del espacio, junto a la pieza del artista japonés, Tetsumi Kodo, Polución-cultivo-nueva-ecología, que alude a un jardín posnuclear compuesto con flores de formas fálicas. Termina la exposición con una instalación audiovisual para la que se necesita unas gafas 3D, perteneciente a Exodus del artista, Jeremy Deller, donde se visualiza la salida de murciélagos de una cueva.



lunes, 13 de mayo de 2024

La pintura de Antoni Tàpies



El Museo Reina Sofía presenta la exposición, ANTONI TÀPIES. LA PRÁCTICA DEL ARTE, organizada junto a la fundación del autor. Constituye la mayor retrospectiva hasta la fecha que reúne más de 220 obras pictóricas, dibujos, esculturas y documentos. Los grandes espacios del museo alojan en su cuarta planta esta relevante muestra, que nos informan de la importancia de uno de los artistas más sobresalientes del arte español e internacional a través de su trayectoria entre 1943 y 2012. Sus obras no dejan indiferente al espectador. Rezuman inspiración y pensamiento profundo, expresado por medio del lenguaje artístico. Definen un creador culto, que reflexiona sobre la condición humana y la espiritualidad, siendo receptivo a las culturas orientales y africanas. Desde joven tuvo presente las formas de grandes artistas como Van Gogh y Picasso, posteriormente, de Joan Miró, Paul Klee y Max Ernst. Al inicio su estilo se ve influenciado por el Surrealismo, al mostrar un mundo fantástico o mágico. Perteneció al grupo Dau al Set junto a Joan Pons y Joan Brossa, contribuyendo a la renovación artística de posguerra. 



A partir de 1953, su pintura cambiaría hacia la experimentación matérica. La superficie del lienzo presentaría texturas densas como un muro lleno de incisiones, marcas, garabatos, perforaciones y otros signos. Al artista le influyó las fotografías de grafitis capturadas por Brassaï en las paredes del antiguo Paris. Una pintura de apariencia abstracta, sin alejarse de la realidad. Pronto llegaría el reconocimiento internacional como una figura destacada de la vanguardia. Las exposiciones en el MOMA de Nueva York, en la Documenta de Kassel, la Bienal de Venecia o de Sao Paulo, y el Guggenheim lo atestiguan. Podemos contemplar algunas de las obras que fueron expuestas en aquellas muestras nuevamente reunidas para esta ocasión. 



Esta temprana fama impulsa la búsqueda de nuevos caminos, que muestran un interés por el objeto convertido en escultura, donde recibe la influencia de Marcel Duchamp. Unos objetos que se incorporan, a veces, al lienzo y sobrepasan la superficie bidimensional. Son objetos desvencijados, fuera de uso, que no apelan al pasado, sin al futuro, que se articulan entre sí y con el lugar en el que se sitúan. Por otra parte, cabría mencionar una serie de cuadros que emplean de manera sencilla el cartón, sin apenas modificar, algunos deteriorados, que cobran una fuerza propia, la artística tras la manipulación del autor. Otro aspecto a destacar en su trayectoria, sería la capacidad sugestiva que tiene el color, obscuro muchas veces, otras claro y llamativo. La experimentación de los años ochenta con los barnices refuerza esta posibilidad.



La obra de Tàpies expresa el compromiso político frente a la dictadura franquista, que le acarrearía un arresto tras su participación en reuniones clandestinas. También cedió obras para sufragar la multas que imponían las autoridades frente a los movimientos de protesta. Un compromiso que se hace explícito en las propias pinturas como aquella que dedica a la memoria de Salvador Puig Antich, un joven anarquista ejecutado por el régimen. Para el autor el arte es una herramienta de denuncia al servicio de la sociedad, y el propio artista, una persona, de esta manera, implicada. Fue consciente, así, según el paso del tiempo de los acontecimientos históricos, la llegada de la democracia en España, la caída del muro de Berlín y la Unión Soviética, y finalmente, la guerra de los Balcanes, que repercutieron en sus manifestaciones artísticas. Unas manifestaciones, que se llenarían de melancolía en las décadas finales por la toma de conciencia de la proximidad de la muerte. Por ello, sin perder la inspiración de su singular estilo evocan el olvido, con referencias a la enfermedad y el dolor.


miércoles, 17 de abril de 2024

El archivo fotográfico del Banco de España


 

El Banco de España posee un importante archivo fotográfico, disponible desde 2019 que atesora unos 25.000 ejemplares, extraído de su no menos significativo legado documental. Unas fotografías hoy perfectamente estudiadas y digitalizadas, preparadas por su utilización en futuras investigaciones. La exposición. DE LA ALBÚMINA AL PÍXEL, en estos días abierta al público visitante, nos hace un recorrido por la historia de la fotografía asociada a la de nuestro banco emisor. Desde mediados del siglo XIX, hasta el momento. La institución, así, desde el reinado de Isabel II tuvo que consolidar su desarrollo y construir distintas sedes por el territorio nacional, e incluso fuera, en Londres, París, y Marruecos. De ello da prueba las imágenes fotográficas tomadas por los más reputados profesionales del momento en distintos soportes y técnicas, que divulgaban las actividades y acontecimientos asociados a la misma. Por ello la presente exposición se orienta a las actividades, los espacios y los retratos producidos en su historia.



Nos propone un recorrido cuyo protagonista es la fotografía y sus artífices, junto a publicaciones, cámaras, y vídeos. Un recorrido compuesto de cinco etapas. La primera, siguiendo un orden cronológico, se denomina, El tiempo amarillo, que alude al color que adquieren las imágenes más antiguas, expresión tomada de un verso de Miguel Hernández. Un espacio que arranca con ejemplos del periodo de la Revolución Gloriosa, e incluye el trabajo de los prestigiosos fotógrafos Eusebio Juliá, y Jean Laurent, que nos proporcionan información de la indumentaria de los porteros y ordenanzas, y la construcción y posterior inauguración del edificio de la Plaza de Cibeles. Un edificio, tan destacado en la capital, que apareció captado en la fotografías estereoscópicas. 



El segundo espacio, titulado, La fotografía como documento, nos lleva a principios del siglo XX. Se centra en los retratos de los empleados, realizados magistralmente por el primer profesional en plantilla, José Irigoyen Zabaleta, y aquellos que llevaron a cabo destacados gabinetes de todo el territorio, como Iruela, Yo, Calvet y Roca en Madrid, o Luis Sánchez en Valencia o Photo Art en Alicante. Un periodo en que se documenta las distintas sedes del Banco de España, que llegan a un total de unas 60. Por otra parte, la imagen del banco se difunde en prensa y en libros mediante los fotograbados y fototipias. Igualmente aparece en las primeras tarjetas postales con mucho éxito. 



El tercer espacio es el más grande y cubre un periodo más extenso. Titulado, De la edad de plata a la transición, se divide en dos periodos, 1925-1950 y 1950-1975, que abren con el retrato de Alfonso XIII, obra de Christian Franzen, que presidió los despachos y sus sucursales hasta la proclamación de la República. Los retratos en este periodo han evolucionado. Son despejados de adornos y fantasías anteriores de fondo, para primar la iluminación intensa, las sombras, los efectos y contrastes del rostro y el cuerpo. Perduran los nombres de renombrados fotógrafos, como Alfonso, que capturó la imagen de Cibeles llena de gente el día de proclamación de la República junto a su propia cámara; también de Cristóbal Portillo, que retrató en 1934, la Junta General de Accionista, y el álbum sobre la sucursal de Barcelona, de Juan Andreu Puig Farran.



Este espacio se completa con imágenes de la construcción de la llamada Cámara de Oro subterránea que fue finalizada en 1936. Seguidamente, Tiempo de silencio es la denominación del periodo comprendido de la Guerra Civil y de la posguerra franquista. Unas fotografías que muestran los estragos del conflicto en las sedes del banco y su posterior rehabilitación. Destacan nuevos profesionales como Francisco Amer, Campúa, y Diego González Ragel, este último empleado en la institución. Una nueva sede fue inaugurada en la Plaza de Cataluña de Barcelona en 1955. El acontecimiento presidido por el jefe del Estado fue fotografiado magistralmente por Carlos Pérez de Rozas y Sáenz de Tejada, uno de los fotógrafos más destacados del momento, cuyos ejemplos se pueden ver en la muestra.



 La sala 4, titulada, Spain is different, nos muestra los cambios políticos, sociales y económicos del país hasta nuestros días, vistos según los eventos sucedidos en el Banco de España. Nos muestra, de la misma manera, una transformación en la imagen que pasa del blanco y negro al color; de ser realizada por profesionales, a incluir ejemplos de aficionados. Un audiovisual nos resume en imágenes el periodo. Finalmente, el espacio 5, denominado, Hacia la inteligencia artificial, nos resume en una cronología la historia del banco y la fotografía; y expresa la necesidad de valorar el importante archivo como garante de la memoria, en un contexto de transformación digital constante.

viernes, 12 de abril de 2024

La colección del Museo de Bellas Artes de Valencia



La Fundación María Cristina Masaveu Peterson de Madrid presenta la exposición, COLECCIÓN MUSEO DE BELLAS ARTES DE VALENCIA. ENTRE EL BOSCO Y SOROLLA, una selección de sus más importantes obras reunidas en esta institución. Un conjunto que nos informa de la riqueza que atesora, cuyo origen se remonta a los bienes provenientes de la desamortización del patrimonio eclesiástico, por una parte, y luego, de las colecciones estatales de la región. Después, se unirían las adquisiciones o donaciones recibidas por la Generalitat Valenciana. La actividad económica ligada al puerto marítimo en conexión con otros lugares de España o de Europa, promovió una actividad artística relevante desde el final de la Edad Media, que llegaría hasta nuestros días. La exposición actual nos da una buena muestra de la riqueza que atesora, organizadas en nueve secciones desde el punto de vista cronológico.



En el recorrido destacan, como no era menos, los grandes nombres nacidos en la comunidad valenciana, y otros menos conocidos, también de ese origen, que nos sorprenden por su calidad. De la misma manera, relevantes pintores que forman parte de la historia del arte. Al principio podemos observar obras dentro del gótico internacional o bajo la influencia flamenca. Las comunicaciones con Italia fueron frecuentes, y esa inspiración se deja de notar en los autores. Una comunicación que se mantendrá con el tiempo. Una de las primeras salas del recorrido impacta al espectador. La que reúne obras de Paolo de San Leocadio, y de los pintores Fernando de los Llanos y Fernando Yáñez de la Almedina, un espacio con la destacada tabla central del Tríptico de la Pasión o de los Improperios del Bosco. Un grupo magnífico completado por una tabla del singular, Bartolomé Bermejo, de origen cordobés pero que desarrolló su obra en el Reino de Aragón.



Según avanza el recorrido, destacan obras de Gaspar Becerra y Alonso de Berruguete. También Vicente Macip, y un grupo de magníficos ejemplos de su hijo, Joan de Juanes. Más relevantes todavía, a mi entender, corresponden a las secciones correspondientes al estilo barroco, al siglo XVII. Nos encontramos destacados ejemplos de Francisco y Juan de Ribalta, y desde luego, José de Ribera con tres lienzos. Destaca una obra de Pedro Orrente, un retrato de Godofredo de Bouillon. Pedro Pablo Rubens está representado con una Virgen con el Niño. Le siguen dos obras de Valdés Leal, y termina la excelente serie, con una obra del madrileño, Claudio Coello, y una Virgen meditando de Zurbarán. Ya en el siglo XIX, el recorrido nos muestra un conjunto significativo, sobresaliendo los espacios dedicados, cómo no, a Joaquín Sorolla, y al paisajista Antonio Muñoz Degrain. El recorrido termina ya en la segunda mitad del siglo XX con El Alambique del Equipo Crónica.




viernes, 15 de marzo de 2024

El Surrealismo y las máquinas


 

Hace poco tiempo que el público en general puede emplear la Inteligencia Artificial para sus actividades cotidianas. Es el comienzo de una revolución profunda que afectará completamente al ser humano. Estas máquinas digitales transformarán, de la misma manera, el arte tal como lo conocemos. Una revolución similar surgió a principios del siglo XX, entorno de la Primera Guerra Mundial, cuando se extendió la industrialización por occidente. Los artistas fueron conscientes que había que superar el arte académico con nuevas perspectivas para el creador como el espectador. Se abría un nuevo concepto del arte ligado a la máquina y a la reproductividad de los objetos. Un concepto que la considera femenina, objeto erótico significativo, y elemento transformador. Este es el tema de la exposición de la Fundación Canal de Madrid, titulada, SURREALISMOS. LA ERA DE LA MÁQUINA. Duchamp, Man Ray, Picabia, Stieglitz.



La exposición se compone de 125 piezas de todo tipo: fotografías, pinturas, grabados, dibujos, esculturas y ready-made, catálogos y libros. La Primera Guerra Mundial hizo que tres artistas europeos se refugiaran en Nueva York: Duchamp, Man Ray y Picabia. Llevarían a EEUU, un país destacado por su industrialización, sus nuevas experiencias artísticas ligadas a la máquina, a la reproducción seriada del objeto. Conceptos y experiencias llenas de humor e ironía. Stieglitz les introducirá y les proporcionará los medios para desarrollar sus ideas, a través de la galería 291 y su revista. El arte del nuevo siglo, la modernidad, se asocia a la máquina. Ha surgido el movimiento Dadá, luego transformado en el Surrealismo. La fotografía tiene un protagonismo relevante. Se aleja, de la mano de Stieglitz, del pictorialismo en favor de una creatividad propia, de imágenes más naturales, de emociones, sensaciones e ideas. La Ciudad de los Rascacielos, consigue, así protagonismo, los edificios, la contaminación industrial, las luces del anochecer, son motivos para la imagen fotográfica.



Una sección de la exposición se centra en la forma que estos artistas entienden el desnudo, principalmente femenino. El cuerpo humano se fragmenta y se juega con su elementos en la representación artística, ya sea fotográfica, según la expresa Man Ray, pictórica, Picabia y Dalí, y escultórica, Duchamp, ironizando sobre los genitales masculino y femenino. También, este artista diseña la portada del catálogo, Le Surréalisme en 1947 con el título, Priére de toucher, Se ruega tocar, para palpar un relieve de un pecho femenino.  Otra sección, se centra en la máquina, fruto de la invención del hombre, que le hace transformar el mismo concepto del arte, una manifestación plástica dirigida hacia la abstracción, lejos de la Naturaleza. Observamos así, imágenes mecanomorfas de Picabia, acompañadas de textos; experimentaciones fotográficas de Man Ray, así como collages, los Revolving Doors; obras escultóricas a modo de máquinas, que expresan la nueva modernidad; Duchamp construye los Rotoreliefs, círculos concéntricos de papel destinados a funcionar como tocadiscos a 33 revoluciones.



La exhibición presenta un espacio dedicado a su artista más representativo y revolucionario, Marcel Duchamp. Creador de los ready-made, que expresan su nueva concepción del objeto artístico, basado en productos seriados industriales. Igualmente, en su obra maestra, El gran vidrio. La novia desnudada por sus solteros, incluso, que es una máquina que pretende cambiar el concepto de erotismo en la historia del arte. Trata de una exploración del deseo masculino sobre el femenino en un frustrado acto de amor, mediante una correlación de instrumentos y formas maquinistas integradas sobre un soporte de cristal, fragmentado por un accidente azaroso. También se presenta las notas explicativas de este artefacto, reunidas en la denominada, Caja verde. Finalmente, se exhibe, la Caja maleta, un compendio de toda su obra en miniatura, a modo de museo portátil. Recordar, por tanto, la idea de Duchamp que el acto creativo no solo lo realizaba el artista, sino el espectador, que conecta la obra con el mundo exterior descifrando e interpretando sus cualidades internas.



lunes, 11 de marzo de 2024

ARCO Madrid 2024


 

Un año más la Feria Internacional de Arte Contemporáneo no ha dejado indiferente al numeroso público asistente. Las cifras son elocuentes, casi cien mil visitantes, tantos como la edición anterior, para contemplar numerosas obras artísticas distribuidas en 206 galerías procedentes de 36 países, de las cuales 76 eran españolas y 132 extranjeras. La opinión de la directora, Maribel López, transmite la emoción y la felicidad de las galerías. Los resultandos han sido positivos, pues se ha reunido más de mil trescientos artistas y alrededor de ochocientos profesionales y coleccionistas. Además, un público de todas las edades con una presencia sobresaliente de jóvenes. El mercado, por otra parte, se corresponde que una destacada oferta de calidad y cantidad. Las compras institucionales parecen ser relevantes. Destaca la del Museo Reina Sofía que ha adquirido treinta obras de 22 artistas, la mayoría mujeres, cuya participación se ha hecho relevante.




La creciente presencia de galería latinoamericanas y de arte de ese origen han impulsado la llegada de coleccionistas procedentes de Venezuela, Brasil y Venezuela, que hace que Madrid rivalice con Art Basel Miami. En este ámbito, Arco tenía un espacio a modo de pequeño museo del Caribe, que reunía la obra de 19 artistas que trabajaban el tema de dicho mar. Respecto a los géneros, volvemos a ver la pluralidad de los mismos con presencia destacada de pintura en grandes y pequeños formatos; el grabado, el dibujo; la escultura, si cabe menos espectacular que en otras ocasiones, pero no menos valiosa; la fotografía, que mantiene su espacio; el videoarte, y el procedente de la creación digital, y un género, que ha llamado la atención, el textil o el tapiz con sus más variados materiales y representaciones, desde los más sencillos a los más elaborados tejidos.



En cuanto a precios, se ha destacado las obras más valiosas: la de una pintura de Miró por encima de los tres millones de dólares, otra pintura en este caso de Pablo Picasso de los años veinte, por más de dos millones, y una escultura de Alexander Calder, casi de su mismo precio. De todas las maneras, se han ofertado obras más baratas, asequibles al pequeño comprador o al coleccionista principiante. La vanguardia clásica, los grandes nombres del arte español y europeo, los hemos podido contemplar. A los ya citados con varios ejemplos, podemos destacar alguna obras de María Blanchard, Juan Gris, Oscar Domínguez, Matisse, Man Ray, Torres García y Salvador Dalí. De la abstracción posterior a la guerra mundial, sobresale un cuantioso número de lienzos de Antoni Tapies. Igualmente, de Saura, Rivera, Palazuelo, y más reciente, Luis Gordillo.  Otros artistas españoles muy presentes en esta edición han sido Juan Uslé,  Jaume Plensa y Darío Villalba.



La mujer artista ha cobrado en esta edición una especial importancia. A las históricas como Carmen Lafont se une Marina Núñez y Carmen Calvo. Por algunas obras, parecen haber vuelto los años ochenta, como diferentes obras de los Costus, o la escultura de Manuel, de Rodrigo Muñoz Ballester, que fue vendida en la feria del año 83, y vuelve, de nuevo al mercado. Se observa igualmente un incremento de la oferta de autores que presentan una exposición de arte en Madrid, como Colita, la fotógrafa barcelonesa recientemente fallecida, o el mismo Tapies anteriormente citado. Esta edición de Arco ha mostrado, igualmente, una pluralidad de estilos y tendencias: realismo, expresionismo, abstracción, surrealismo, constructivismo geométrico, estilo conceptual y pop, e incluso la performance, siguiendo las denominaciones clásicas, y una mixtura de ellas en los artistas más jóvenes, con las más variadas técnicas. En ello interviene el legado y la presencia de lo indígena en muchas de las obras, especialmente las procedentes de Latinoamérica, en detrimento del colonialismo y el racismo.